José Teo Andrés
Puerto nodal
Con una cierta ingenuidad suele pensarse que los hábitos sociales negativos se superan con el tiempo, que una generación se va a encargar de acabar con los comportamientos anómalos de la anterior. Esa esperanza juvenil se pasa con la edad al ver que nada cambia o que empeoran las conductas que se pensaba que serían desterradas de la vida cotidiana, como la viruela, mediante la vacuna de la educación. Las encuestas y estudios sobre jóvenes y violencia de género se encargan de demostrar que los adolescentes actuales son más tolerantes que sus padres hacia determinados tipos de machismo, que no solo no se ha avanzado sino que se ha retrocedido, porque se ha olvidado enseñarles que no pueden caminar hacia atrás.
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