Julia Navarro
La calle
Hace unos días, Pedro Sánchez dejó dicho que ha llegado el momento de que el Parlamento se parezca a la calle. Supongo que por eso ha convocado elecciones: para que el Parlamento que resulte de las urnas esté más acorde con él y sus intereses.
Sin embargo, esa pretensión se contradice con lo que "pasa" en la calle. La realidad es que Sánchez ha polarizado de mala manera a la sociedad, con el resultado de que no puede salir a la calle.
En el desfile del 12 de octubre no se atrevió a salir de su coche oficial hasta que no llegó el rey. Pero no lo hizo por cortesía a Felipe VI, sino para intentar evitar los abucheos.
La realidad es la que es, y no es otra que el presidente despierta una animadversión profunda en buena parte de la sociedad española, lo que le impide salir a la calle con normalidad.
Pero, en mi opinión, hay mucho más en esa frase de que el Parlamento se parezca a la calle.
Es una frase tramposa. Son los autócatas los que contraponen la calle al Parlamento. Los que abuchean a Pedro Sánchez son una parte de la sociedad, no toda la sociedad. De la misma manera que quienes le aplauden son otra parte de la sociedad.
Los dictadores y los autócratas buscan la legitimidad en las manifestaciones de la "calle". No hay dictadura ni autocracia que no maneje a su conveniencia las "manifestaciones" callejeras.
Pero en democracia, la representación popular la tiene el Parlamento elegido libremente por los ciudadanos.
Y eso es lo que haremos los ciudadanos el próximo 23 de julio: elegir unas Cortes -Congreso y Senado- que nos representen.
En eso consiste la democracia y no en apelar a esa nebulosa que es "la calle".
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