Bonus y reconciliación

Publicado: 08 nov 2026 - 03:07
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Opinión. | Atlántico

La mayor parte de los intelectuales profundos de este país en pleno final de ciclo, advierten que el rearme moral que ese mismo país necesita no puede ser posible sin un procedimiento previo de reconciliación. La idea de una segunda y necesaria ceremonia de reencuentro asoma a cada uno de los mensajes que están lanzando los pensadores profundos y libres, esos que la turbación generalizada ha desterrado de los centros de opinión porque son voces de conciencia como aquel personaje gráfico, aquel Pepito Grillo que aparecía en la versión que del cuento de Pinocho hizo la factoría Walt Disney y que en su versión original se llamó Jimmy Cricket que viene a ser casi lo mismo. Grillo significaba la conciencia moral, la voz que reclama honradez y perseverancia y que comparece en estos tiempos de tribulación para recordarnos que ya nos reconciliamos una vez cuando recuperamos la dignidad democrática perdida, y que de nuevo una mala praxis de la recuperación de nuestra historia nos ha puesto en el abyecto camino del guerracivilismo.

Claro que hay motivos de una inmensa gravedad para que los ánimos se levanten en armas y se empuñen las horcas y las azadas virtuales de un pueblo tomado por lerdo. Ahora sabemos lo del bonus de Adif, uno de esos episodios de una perversidad vidriosa que no puede ser obviado y que define la vergüenza y el deshonor de las personajes que nos administran y su catadura moral. Ahora sabemos por tanto que el comité directivo de Adif, dejó blindado el bonus millonario a aplicar a su cúpula directiva por buenos resultados y competencia en el desempeño de su cometido, una semana justa después de la catástrofe de Urda por lo que pudiera pasar. Todos ellos comprendieron que la respuesta natural sería un cambio de ministros y los correspondientes ceses y que había que resolver lo de la pasta gansa antes de que los pusieran en la calle que es lo que se merecían todos. Ante respuestas como la que nos interesa, todo el rearme moral y todas las buenas intenciones se hacen agua como si fueran de nieve.

Pero los sensatos tienen razón. Reconciliar un país dividido es materia de primer orden. Y eso pasa por elegir gobernantes buenos y decentes.

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