Fermín Bocos
La serenidad del Papa
Hay un teniente coronel de la Guardia Civil que se está haciendo famoso por hacer honor a su apellido en los informes sobre el resultado de sus investigaciones en las causas judiciales contra el entorno del PSOE: Balas. El retruécano es pobre, ciertamente, pero es que tira con bala. Claro que también tira la casa por la ventana al llegar a conclusiones que más parecen sentencias firmes que conjeturas más o menos fundadas, pero más propias de cualquier investigación policial.
Este jefe de la sección dineraria de la UCO parece tener clarísimo quién es el Mister X de todas las causas en que interviene, y otro personaje singular y bastante absurdo, la tal Leire, se la tenía jurada a causa de ello. Ahora bien; si Balas va como va, cómo será esa Leire que, pretendiendo desestabilizar los procedimientos contra el PSOE, al que ha conseguido desestabilizar es al PSOE.
El Papa Prevost, León XIV, va de acá para allá por nuestra geografía arrastrando multitudes e incomodando suavemente al trumpismo patrio, al de a dios rogando y con el mazo dando. Acude al Congreso, donde se agradece la presencia de alguien que no insulta, pero tal vez debiera acercarse a la Asamblea de Madrid para hacerse una idea del nivel cristiano que gastan algunos miembros del gobierno regional. Fliparía con Mariano de Paco, consejero de Cultura nada menos, que se descojona de la asfixia de los escolares madrileños. No es cristiano reirse del insoportable calor que padecen alumnos y maestros en las aulas sin aire. No, no puede ser muy cristiano eso. El Papa estará entre nosotros una semana, pero nosotros, que nos quedamos aquí, seguiremos entre nosotros todo el rato, y seguiremos oyendo pronunciar los nombres y apellidos de todos esos personajes de los que no sabemos qué pensar, o sí. También siglas, como la UCO sin ir más lejos, tan diligente en el caso del hermano de Sánchez, un supuesto enchufe elevado artificialmente a delito, y tan despaciosa en el de Montoro o en ese otro de las movidas del novio de Ayuso con Quirón, bien que en éste caso porque el juez no le da luz verde. ¡Uf! Qué agobio todos esos nombres y qué calor.
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