Fernando Jáuregui
Inhabiliten a Trump (por favor)
Como ocurre casi siempre en las segundas legislaturas, el presidente del Gobierno elegido por sufragio popular, -los otros, Xi Jingpin por ejemplo, no tienen que preocuparse de eso porque presiden un partido único, son vitalicios y no tienen que rendir cuentas a nadie ni a nada, y el que las pida acaba colgado de una soga- elije convertirse en ministro plenipotenciario de Asuntos Exteriores, da las buenas noches al país y sale pitando. Hace unos días, el inquietante ministro de Justicia Félix Bolaños, reprochaba al juez que ha resuelto mandar a Begoña Gómez al banquillo por cuatro delitos forzando la marcha y aprovechando que el presidente estaba en el extranjero. Es verdad que estaba en el extranjero, protagonizando un fastuoso viaje al corazón de China donde ha mostrado su inquebrantable amistad con un sujeto cuyos hábitos democrático son al menos cuestionables, pero es verdad también que si el juez Peinado tuviera por deferencia que resolver el procedimiento con Sánchez en territorio nacional, habría tenido que esperar en su despacho meses y meses para pillarlo en casa.
He tenido la paciencia de leer el auto de procesamiento firmado por el juez Peinado con el que da fin a su instrucción y dispone que Begoña Gómez Fernández, María Cristina Álvarez Rodríguez y Juan Carlos Barrabés Cónsul sean juzgados por diferentes delitos de los que a los tres considera en mayor o menor medida responsables, y si bien me tengo por un auténtico analfabeto judicial con unos fundamentos en materia forense que superaría ampliamente un escolar bien formado, no he encontrado en el texto los motivos de vergüenza que expresa a calzón quitado el equipo ministerial incluso aunque nadie les pregunte sobre ello. El martes por ejemplo, en la comparecencia posterior al Consejo se sentaron en la tribuna tres ministros acompañando a la portavoz –con Elma Saiz estaban Félix Bolaños, Ángel Víctor Torres, y Óscar Puente- y espontáneamente y sin que nadie les pidiera opinión alguna, pusieron a Peinado a escurrir y se quedaron tan anchos. Es posible que la causa no prospere, y no sería nada extraño. Pero Peinado no alucina en su escrito, no escribe majaderías y no se va por las ramas como dicen en el Gobierno. Y se extiende sobre treinta páginas…
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