José Teo Andrés
Arrepentidos
Con Aldama ahora en el foco, vale la pena recordar que no ha sido el único arrepentido que ha testificado ante los tribunales y que se ha llevado a cambio una reducción de su condena, e incluso se ha librado de entrar en la cárcel. Hace ya muchos años, al final del pasado siglo, tuve la oportunidad de conocer a los dos famosos arrepentidos del narcotráfico, ambos de Arousa, Ricardo Portabales y Manuel Padín. Quizá fueron los primeros y desde luego, los más conocidos, auténticas estrellas de los medios de comunicación, protegidos por una vigilancia policial las 24 horas. Los dos actuaron como testigos de cargo a resultas de la Operación Nécora, que convirtió en juez estrella y personaje respetado a Baltasar Garzón. Hoy, ni lo uno ni lo otro.
Portabales, a quien le gustaba bastante la fama que había conseguido, siempre andaba apurado de dinero, así que terminó apareciendo en un programa bastante delirante que se llamaba La Máquina de la Verdad, donde cobró no poco por aparecer semi-disfrazado. No le hizo ningún favor.
Padín era su antítesis: reservado y modesto, acabó lamentando en no pocas ocasiones su condición de arrepentido al sentirse traicionado y tirado, sin un euro en el bolsillo y con graves problemas de salud y personales. Era tan solo un chico de Arousa que actuaba de correo de los narcos, pero su testimonio fue mucho más importante para condenar a algunos de los capos arousanos, que se habían pasado del contrabando al narcotráfico siguiendo la lógica del comerciante: mismo riesgo, más beneficios. De Ricardo Portabales nunca más se supo y según parece se fue a América tras pelearse con su familia, que vívia en Marín. Padín acabó durmiendo en su coche en una calle de Pontevedra. No creo que vaya a ser el caso de Víctor de Aldama, que parece de otra madera muy distinta.
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