Aparte de los currículos falsos, la pobreza del lenguaje

Publicado: 05 ago 2025 - 00:16

Hace tiempo que lo vengo diciendo. Aparte de la generalización de los falsos currículos que se da en todos los partidos, nunca la clase política española alcanzó tales niveles de ignorancia y pobre léxica e intelectual, que provoca que nos llame hasta la atención el lenguaje de un personaje como Rufián y otros. Una de las más tristes evidencias de nuestro tiempo es el empobrecimiento del lenguaje de la política, que, si en el discurso parlamentario resulta patético, en el de la crónica cotidiana resulta dramático.

Pero es que aparte de la pobreza léxica y conceptual, se han introducido elementos descalificadores de lo que fue el propio consenso sobre el que se construyó la transición, que ahora se revisa, desde posiciones interesadas con malévolas presentaciones de que las palabras hayan dejado de significar lo que siempre significaron. Pero es que además se miente, tergiversa y reescribe la historia en función del interés de quienes desean ser continuadores de un pasado inexistente. Ya hemos analizado aquí el propio lenguaje de Pedro Sánchez, que cuando dice una cosa luego afirma que quería decir otro, o que cuando llama “pájara” a una de sus ministras, en realidad le está dedicando un elogio como persona de altos vuelos.

El Gobierno de progreso está sometido a la voluntad de quienes dice que la Constitución de 1978 es “el régimen del 78”; es decir, una descarnada transposición de los conceptos, para sustentar que aquel episodio de nuestro pasado reciente no fue otra cosa que el maquillaje de otro régimen, el de Franco, del que no es otra cosa que su continuación. Cierto que el tránsito no fue una ruptura, sino una reforma, pero la Constitución adquirió por si misma su propia entidad como tal, para albergar hasta a los propios que antes como ahora quieren abrogarla. Y la Constitución, votada masivamente por los españoles, sí que fue una ruptura en sí misma con el pasado, como lo fue la amnistía, alabada por personas como el propio Marcelino Camacho, que pasó parte de su vida en la cárcel.

No deja de ser una curiosa coincidencia que las dos únicas regiones de España que acuñan un insulto o calificativo de desprecio hacia el español de otras partes del país que arriba a su territorio, ya sea “charnego” o “maqueto”, ambas coincidente sentido. Como subraya en su trabajo sobre los mitos del nacionalismo vasco, el doctor Enrique Area Sacristán, el movimiento sentimental foralista, impregnado de nostalgia carlista, derivó hacia el nacionalismo radical, que se apoya con destacados coincidencias de lo que luego será el fascismo y el nacional socialismo: la raza, las costumbres religiosas, determinadas tradiciones, una historia recreada con mitos en sus bases Pero hay otro hecho de marcada relevancia, “la atracción proselitista basada en el catolicismo frente al liberalismo y en la identidad vasca frente a la centralización se confundía con las bases doctrinales del carlismo”.

Pero hay paradojas insuperables. La voz de Cataluña en el Congreso la ejerce un muchacho andaluz, hijo y nieto de andaluces, en nombre de un partido, uno de cuyos dirigentes, Heribert Barrera, considerado un racista, por lo que escribe sobre los negros y razas inferiores, consideraría al ahora portavoz un “charnego”- Y todo ese caudal va a llegar a nuestros días convertido en la base misma del “hecho diferencial”. Entre las diversas explicaciones de qué es un “hecho diferencial”, algunos definen así: “Rasgo o conjunto de rasgos diferenciadores respecto a otros grupos étnicos o comunidades”. ¿Grupos étnicos, o sea, la raza? ¿Hay una raza vasca y otra gallega, y otra catalana y otra española? La piedra angular del hecho diferencial vasco y ahora catalán, frente a la uniformidad fiscal, que se supone corresponde a un Estado moderno, es el sistema medieval de Concierto Económico, pacto fiscal, etc, de suerte que los españoles con vecindad civil en El País Vasco y ahora en Cataluña son diferentes en tal esencial aspecto que los que vivan en otros lugares de España. Y eso lo permite y lo ejecuta un partido que se dice socialista. La Ley electoral otorgó a los partidos nacionalistas, como es evidente en nuestro tiempo, la posibilidad de ejercer su peso cuando más débil sea el Gobierno central para sacar tajada. Y tanto Junqueras como Puigdemont le advierten a Sánchez que, si quiere que le aprueben los presupuestos, ya sabe: a lo que ellos manden. Sánchez lo sabe, pero está de vacaciones.

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