El agente agitador

Publicado: 27 may 2026 - 08:27
Opinión.
Opinión. | Atlántico

La mayor parte de las gentes corrientes que conviven con sus problemas de cada día, no militan en partido político alguno. Salvo excepciones muy comprometidas e inclinaciones muy explícitas a doctrinarios ideológicos determinantes, una amplia mayoría de habitantes del país fluctúa en sus creencias, piensa sin ataduras y está de acuerdo en lo esencial. Según el ministerio de Hacienda y lo que se refleja en el IRPF, solo el 0’8% de los declarantes admite pertenecer a una de estas organizaciones y aplica el descuento por abonar su cuota, lo que reduce la militancia tan solo a 280.000 españoles, uno de los porcentajes más bajos de Europa. Existen, naturalmente, otros baremos que difieren de este pero no hay grandes disensiones. El CIS, que suele engordar las cifras a su antojo, mantenía recientemente que la cifra de afiliados activos en las formaciones políticas nacionales no pasaba del 1,9% mientras el 6,2% se comprometía con actividades sociales y el 8,2% era socio de club deportivo.

Sean esos porcentajes unos u otros, la conclusión es que la participación en formaciones políticas es en España ridícula, y los ciudadanos en general prefieren ser libres, no pagar peajes y sobre todo, entenderse sin que medie la dificultad y el encono que caracteriza a la militancia. Unos piensan más en zurdo, otros se inclinan hacia el lado diestro, pero las distancia son mínimas y los puntos de concordancia son más abundantes que los dicordantes.

Esa situación cotidiana que permite a los españoles convivir, amigarse, debatir sin llegar a las manos y trascurrir su existencia en relativa paz, no ha sido captada por la clase política, que se ha convertido en el agente encargado de azuzar el avispero cuando su obligación era estabilizarlo. Los españoles, sean de la factura que sean, están de acuerdo en la necesidad de obtener y compartir una buena asistencia sanitaria, es solidaria con los que tienen más necesidad, se comportan generosos y valientes cuando la situación lo demanda –recuérdese el desastre ferroviario- comparten lo que tienen, son en general buenos y hospitalarios y aspiran a vivir lo mejor posible con su familia y sus amigos. Y ya está. Si la clase política entendiera de qué va la cosa y se comportara, a lo mejor no estaríamos como estamos.

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