Se aceptan ruines e indignos

Publicado: 20 feb 2026 - 03:15
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Opinión. | Atlántico

Creía que el fenómeno de mirar hacia otro lado, ante personas relevantes que exhiben una conducta ruin y deshonesta, era un fenómeno español, pero el soberbio Donald Trump, que ya consintió la detención de un niño de cinco años, hace un par de días expulsó a un bebé de dos meses, con bronquitis aguda. Lo enviaron a Méjico, país conocido mundialmente por sus pediatras especializados en bronquitis, así que es posible que haya muerto, pero no será una noticia relevante. "Angelicos al cielo", dirá el soberbio Trump, como decía mi tía Pascualina, que era mucho más honorable que el presidente de Estados Unidos.

Lo más reciente, por aquí, es que uno de los cargos supremos de la Policía Nacional parece, según han dicho algunos miembros del Cuerpo, que casi no le daba tiempo de subirse la bragueta, y no parece que fuera por problemas de vejiga.

Su jefe, el ministro de Interior, Marlaska, no se enteró de nada, a pesar de que hacía un mes que se había presentado una denuncia. De lo que sí nos enteramos, muchos españoles, fue que, el ministro de Interior, actuó con falta de dignidad deslumbrante para impedir que un coronel de la Guardia Civil -con una brillante hoja de servicios- fuera ascendido a general. Empleó todo el autoritarismo repugnante de cualquier persona que haya prescindido de la importancia de ser honorable.

El Fiscal General del Estado -el Jefe de un cuerpo que tiene como misión perseguir el delito- fue sentenciado como delincuente, y condenado a pagar las costas del juicio que le condenó. Son algo más de ochenta mil euros, y parece que ha abierto una cuenta, en la que el delincuente pide ayuda para abonar lo que debe a los contribuyentes españoles. Tal como están las cosas, no pasará mucho tiempo, sin que exista una ONG de ayuda económica a delincuentes obedientes o amigos del Gobierno. Esta aceptación, este silencio, en el que ruines y viles no son reprochados, envalentona a sus protagonistas, y el propio Pedro I, El Mentiroso, ya anunció que el problema del malestar de Felipe González -que se plantea no votar al PSOE- está resuelto, porque ha decidido presentarse a las próximas elecciones y, claro, presentándose él, Felipe González no tendrá más remedio que ofrecerle su pleitesía y votarle.

Nosotros, ignoro lo que haremos, pero el silencio, la aceptación, la aparente ausencia de malestar ante esta ola de indecencia y deshonra, parece más pleitesía que cobarde discreción.

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