Pilar Falcón
El juicio que quería ser serie
Como no podía ser de otro modo y a ello hemos sido abocado todos, el futuro penitenciario de Víctor Aldama tampoco se ha librado de un profundo acento de politización, de modo que los que exigen que cumpla íntegros los años que se le piden son de izquierdas y los que abogan por una reducción de la pena en base a su contribución al esclarecimiento del proceso son de derechas. Hemos conducido al país a un grado tal de conflicto irreconciliable que todo, absolutamente todo, está teñido de tendencia ideológica, de señalamiento y de supuesta pertenencia a pensamientos opuestos en función de lo que uno lea, vea, guste, escuche coma, beba y practique. Si uno es del Real Madrid es de derechas y si es del Atlético es de izquierdas. Si eres del Barça eres catalán de pro, independentista y de orden y si eres del Español eres maqueto, trabajador y unitario. Igual pasa con la lectura o la música, con la mesa y la cama, con el lugar donde uno pasa las vacaciones o la vestimenta que gasta. No es fácil vivir así. Permanentemente expuesto al foco, juzgado, encasillado y definido en base, por ejemplo, al canal de televisión que conecta con mayor frecuencia o la playa a la que acude a tomar el sol y a bañarse. No es fácil tener que sopesar en cada momento lo que uno dice o lo que uno hace, para evitar que te tachen de una o de otra cosa, que te llamen rojo o facha en una España que debería haber dejado atrás los estereotipos y en la que no debería juzgarse a la gente por cuatro signos externos.
Pero el país del primer tercio del milenio nuevo ha avanzado incomparablemente en muchas facetas –solo faltaría que fuéramos para atrás en lugar mirar al frente- pero no ha sido capaz de desvincularse de atavismos viejos que, tras una etapa admirable de reconciliación y liberalismo espontáneo, ha vuelto a las andadas y se ha conducido o se ha visto conducido por una clase política cada día más infame a volver a radicalizarse, a pensar lo que dice para no ser tachado de… y a evitar las discusiones políticas de Navidad para no acabar a mamporros con un cuñado liante. Hora es de abrir la ventana y que entre el aire.
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