Rafa Castaño, ganador de Pasapalabra: "Con el premio podré vivir tranquilo"
El periodista sevillano ganó los 2.272.000 euros del bote de Pasapalabra, el mayor del concurso, al resolver seguidas las 25 definiciones del rosco
Rafa Castaño, ganador del bote de 2.272.000 euros del concurso de Antena 3 “Pasapalabra”, declaró ayer en una entrevista que este premio le brindará “la oportunidad de vivir tranquilamente”: “Incluso de plantearme una carrera, de empezar de nuevo”, explicó el concursante. “Para mí era una oportunidad increíble para solucionarme la vida. Estaba muy perdido y estoy muy perdido profesionalmente”, ha reconocido Castaño a varios medios: “Sé lo que no quiero hacer, que es tenerlo en el banco, ni tampoco tomar decisiones ahora. Creo que es momento de pararme, dejar que pasen unos meses y que todas las decisiones se tomen con perspectiva y con cautela”, añadió.
El concursante sevillano, tras cerca de doscientos programas compitiendo contra el burgalés Orestes Barbero en lo que conformó el dúo de rivales más longevo de la televisión, pudo alzarse el pasado jueves con el bote más cuantioso de la historia del programa, al completar el rosco en un solo turno y con 49 segundos de margen.
Fue a Orestes a quien dedicó su primer pensamiento: “Creo que parte de las razones por las que no salí eufórico era porque no me salía delante de alguien que se merecía el bote igual que yo y sabía que era un mal trago para él (...). Lo único que pensaba y le decía era, ‘Lo siento, tío”, explicó para añadir: “Si subo a Burgos, por supuesto que le llamaré y le invitaré a una cervecilla”.
La palabra que confirmó su victoria fue “zabro”, sustantivo que define al “escarabajo que ataca los trigales, especialmente cuando los granos son tiernos” y que, con sorna, Castaño encontró “muy fea”: “Debería haber sido una más bonita”, bromeó para luego admitir que “jamás pensaba que iba a ser ese día, porque nunca lo pensaba”.
El sevillano, quien estudió Periodismo y realizó prácticas en la delegación sevillana de EFE, es socio de la librería Caótica, la cual últimamente encontró dificultades para permanecer abierta. Por eso, quiso ayudar llevando “a mucha gente a la librería, no solo con el ánimo de comprar”, sino con el de verlo, aunque desde hace tiempo su vida no se pueda “plantear detrás de un mostrador”, dice.
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