Sergio Mallo: “Llevo años preparándome con los mejores para llegar aquí”

Balonmano

"El club pensó en Manu Etayo como segundo técnico para aportar la experiencia que yo no tengo"

Sergio Mallo da instrucciones a los jugadores del Puerto Sagunto.
Sergio Mallo da instrucciones a los jugadores del Puerto Sagunto. | Atlántico

Con sólo 29 años, el vigués Sergio Mallo se estrenará el próximo sábado como primer entrenador en el banquillo del Puerto Sagunto, club de División de Honor Plata masculina que esta temporada lucha por el ascenso a la Liga Asobal. La marcha del anterior técnico del conjunto valenciano, Toni Malla, al Puente Genil ha dado al extécnico de Carballal y Porriño la oportunidad de dirigir un equipo de balonmano como máximo responsable y, además, tendrá como segundo a Manu Etayo, ex del Mecalia Atlético Guardés, entre otros muchos proyectos.

¿Cómo se produjo su ascenso a primer entrenador del Puerto Sagunto?

Surgió en los últimos días porque Toni (Malla) aceptó una oferta de otro equipo y como yo ya llevaba mucho peso dentro del club, decidieron apostar por mí. No hay mucha más historia.

O sea, que fue porque a Malla le salió algo mejor.

Sí. Le salió algo mejor, lo comentó con el club y después el presidente habló conmigo. Y como los jugadores están muy contentos conmigo y yo ya estaba aportando al equipo en temas tácticos, decidieron seguir con el proyecto. Porque la forma de trabajar con Toni era muy buena y se trataba de continuarla.

¿Hubo algún problema a la hora de conformar su propio cuerpo técnico?

No. El cuerpo técnico ya ha sido anunciado. Mi segundo entrenador va a ser Manu Etayo, que ahora está libre después de dejar el Morvedre y me va a echar una mano. El club también pensó en él para aportar la experiencia que yo no tengo. Entonces, creo que haremos un buen tándem. El próximo sábado nos jugamos el liderato en Sevilla y vamos a disfrutar de eso y a conseguir el objetivo, que sigue siendo el mismo: subir a Liga Asobal de la manera que sea.

¿Alcanzar el puesto de primer entrenador es un sueño cumplido? ¿Llega antes de lo que pensaba?

Estas cosas llegan cuando llegan. Yo llevo años preparándome para esto, aunque creo que nunca estás preparado del todo cuando llega un proyecto así. Pero la experiencia es la única cosa que se adquiere trabajando y no te la enseñan ni en las escuelas ni en los institutos. Yo me he formado con la mejor gente, uno de ellos Isma Martínez, que es un entrenador de referencia a nivel nacional, y por eso estoy muy tranquilo: mi formación ha sido excelente por la gente de la que he estado rodeado y el resto se consigue trabajando.

Su trayectoria anterior fue sobre todo en el balonmano femenino de élite, ¿cómo se ha adaptado a esta nueva situación?

La verdad es que muy bien. Básicamente es parecido, los problemas son los mismos y lo que cambia un poco en el juego, algo que he hablado con Isma, son las distancias desde las que se hace gol. En el masculino, el nivel de lanzamiento exterior es mayor y el juego cambia un poco en ese aspecto, pero en el resto… El balonmano es el balonmano y los entrenadores son entrenadores, tanto en masculino como en femenino.

La distancia de gol y la velocidad, ¿no?

Sí, claro, el físico, que en el masculino es un punto más y eso influye un poco en todo. Pero, a nivel general, el balonmano es balonmano.

O sea que, teniendo en cuenta esos puntos, no hay muchos más cambios, ¿no?

No. Es más, entrenar equipos femeninos me enseñó muchas cosas que ahora estoy utilizando y que noto que son muy importantes para ellos. La forma de gestionar los problemas es distinta, siempre hay una vuelta más que dar a cada situación. Siempre se puede utilizar un poco más la mano izquierda, que a veces carecemos de eso y yo estos años, con Isma en femenina, me preparé para eso.

O sea, que aprendió a ser más diplomático, a revisar ideas fijas.

Efectivamente, aprendes que hay más soluciones que la simplemente evidente. Y todo lo que se abra la mente, ayuda también.

Aparte de eso, ¿cómo está siendo la experiencia de salir de casa para ser un profesional?

Sí, soy cien por cien profesional y la morriña siempre está ahí. Galicia la llevo en la mochila, pero aquí me acogieron como en casa, me tratan como uno más, la gente que hay alrededor del club se preocupa de que tengas todo lo que necesites y simplemente tienes que pensar en balonmano, en cruces y en permutas.

Y el club confió en usted cuando tuvo que cambiar de entrenador.

Sí. Casi desde el primer momento, la directiva, encabezada por su presidente, Carlos Argente, me comunicó que yo era una de las opciones y yo siempre estuve del lado del club independientemente de lo que decidiese. Al final, apostaron por mí y yo lo valoro mucho porque es la continuidad del proyecto y los jugadores también apostaron por mí. Entonces, lo único que siento es responsabilidad y ganas de trabajar.

Además, se da el caso especial de tener jugadores de más edad que el propio entrenador.

Sí, está Álex Pozzer, Novais… Hay cuatro o cinco mayores que yo, pero no hay problema con eso porque, además, tenemos una muy buena relación desde siempre y la verdad es que estoy encantado con el grupo de jugadores que tengo.

Porque, aunque cada vez hay más casos, no deja de ser curioso.

Sí, claro, Pozzer ya jugaba como profesional cuando yo tenía diez años. Siempre chocan estas cosas, pero la verdad es que me respetan mucho, no miran el DNI, ni para arriba ni para abajo. Es un grupo humano excepcional. Más allá de lo deportivo, son unos chavales excelentes. De hecho, creo que nos va bien por eso en buena parte. El balonmano está ahí, pero la relación entre ellos es muy buena.

Sus hermanas -Patricia y Adriana- han llegado a la élite, ¿cómo fue su trayectoria como jugador?

Jugué hasta los 23 años en Primera Nacional, en el Seis do Nadal, y luego ya me metí en el mundo del entrenador. Era un jugador medio y siempre pensé que como entrenador podía dar un paso más. Y luego, fui siguiendo la estela de mis hermanas. Me metí en el Carballal porque estaban ellas, luego al Porriño, me voy del Porriño y viene mi hermana… Siempre vamos un poco en la misma línea.

O sea, que jugó pero lo de ser entrenador le tiraba más.

Ser entrenador siempre me tiró más. De juvenil, jugaba de central y siempre tuve ese punto de mandar un poco, de organizar, y cuando empecé a entrenar supe que era lo mío. Uno siempre se da cuenta de sus limitaciones y mis hermanas también me animaron a ser entrenador. Yo siempre les di mucho la chapa a ellas, y lo sigo haciendo actualmente, y siempre pensé que este era mi camino. Soy humilde y aprendí de los mejores. El año pasado, el salto de estar en el Porriño con Isma fue espectacular y esta temporada doy un paso más.

Además, va a estar con Manu Etayo, un histórico del balonmano español.

Un nombre con letras doradas del balonmano español. A mí me da un poco de respeto y también tranquilidad. Poder aprender de otro histórico… No sé si puedo tener mejores profesores de balonmano que los que he tenido: Isma, Manu, Toni… Gente de balonmano, de mucha experiencia, y yo estoy encantado.

¿Ya ha hablado con Etayo de la planificación, de cómo van a llevar el equipo?

Sí, ya estuvimos hablando. Él ahora está en el CESA, como observador de la Federación Española, pero hablamos por teléfono. De hecho, el día de Reyes tuvimos que cortar la llamada porque se alargó y las respectivas familias nos dieron un toque de atención, pero hay buen ‘feeling’, ganas de trabajar y yo creo que va a ser un tándem perfecto.

¿Entonces, sigue viendo y aconsejando a sus hermanas?

Siempre. Al Porriño lo sigo de cerca y con Adriana siempre tengo alguna conversación. Además, los dos tenemos buena relación con Isma. En Navidad, estuve en Porriño y ella está encantada allí.

Aparte, en el último mes ha dado un paso adelante, sobre todo en ataque.

Cuando juntas una buena jugadora con un gran entrenador, uno más uno da dos. Yo sabía que el modelo del Porriño era ideal para mi hermana y que Isma iba a saber darle confianza, que es lo que necesita. Y los resultados están ahí.

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