Martín de la Puente: "El tenis me ha dado los mejores momentos de mi vida, pero también los peores"

De vacaciones en Vigo, su ciudad, el tenista en silla número 3 del mundo destaca la conexión que siente al venir a casa y analiza con calma todo lo que entraña su deporte

Entrevista a Martín de la Puente. | Atlántico

La vida del tenista envía al limbo el concepto de hogar. Martín de la Puente (Vigo, 1999) lo sabe bien. Desde que dejó su ciudad en 2017 para instalarse en Barcelona, viaja por el mundo de torneo en torneo. Así ha ganado dos Grand Slams y una medalla paralímpica para asentarse entre los tres mejores jugadores del mundo de tenis en silla. Esa vorágine se detiene cuando viene a Vigo, reconecta consigo mismo y analiza con Atlántico todo lo vivido y lo que le queda por vivir desde el centro de una pista del Club de Campo.

¿A qué le recuerda este club?

Lo asocio con casa. No he jugado tanto aquí como me gustaría, pero siempre me han tratado con muchísimo cariño. Se lo agradezco mucho al club y a Róber (Rodríguez, director deportivo), que me ha visto crecer y me ha ayudado a ser quien soy hoy.

¿Especial estar en casa, no?

Siempre que vengo a Vigo, siento que es donde quiero estar. Dormir en mi cama, ducharme en mi baño, estar con mi gente, mi familia, mis amigos, mi chica... Es una paz que quizás no me nace en otros sitios. También es verdad que aquí cojo menos la raqueta para desconectar. Pero Vigo es mi vida y me cuesta mucho irme.

“La gente se da cada vez más cuenta de quién soy yo y qué es el tenis en silla; y eso me alegra"

¿Aquí se siente más Tin que Martín de la Puente, el número 3 del mundo?

La verdad es que sí. Ahora me reconocen más por la calle y lo agradezco. Me siento más Tin, pero también noto que la gente se da cuenta cada vez más de quién es Martín de la Puente y qué es el tenis en silla. Y eso me alegra. La parte personal de estar tranquilo y tener vida social, que es lo que he sacrificado, siento que la recupero en Vigo. Pero también me agrada este reconocimiento. No por mi ego, sino porque el deporte paralímpico tenga más presencia y las personas con discapacidad más oportunidades.

¿Habla mucho de tenis o eso también lo aparca?

Política y religión es lo único que no se toca (se ríe). Así que sí que hablamos con los amigos. Que cómo te sientes, qué pasó... Algunos incluso te dicen que hubieran intentado otra cosa. Hay confianza y se meten conmigo. "El inglés (Alfie Hewett) te tiene cogida la medida. A ver cuándo espabilas". Son conversaciones siempre cercanas y me encanta trasladar lo vivido. Sobre Wimbledon me preguntan mucho.

"Yo soy el que te trae la copa, pero no es solo mía; esto envuelve a mucha gente"

Es bonito colectivizar.

Esto envuelve a mucha gente. Yo soy el que te trae la copa, pero no es solo mía. Yo salgo en la foto y a mí me haces la entrevista porque el deporte individual se enfoca a una sola persona. Pero la realidad es que he tenido un entorno maravilloso que me ha ayudado en todo momento y estoy muy agradecido.

La vida nómada del tenista difumina el concepto de hogar.

El tenis es sacrificado. A mí me tocó decidir entre mi vida social y personal o dedicarme al 100% a lo profesional. E intenté poner todo en una balanza. Vigo es mi casa, pero Barcelona tenía muchos pilares sobre los que sustentar una carrera. Las posibilidades que me brindaban en el CAR de San Cugat eran mucho mejores, con una beca interna, el gimnasio a un minuto, el comedor... Era como una familia de deportistas, con un entorno lleno de sueños. Desgraciadamente, no era lo mismo en Vigo.

El jugador olívico muestra su trofeo de campeón de Wimbledon 2025 en el cuadro de dobles.
El jugador olívico muestra su trofeo de campeón de Wimbledon 2025 en el cuadro de dobles. | Jorge Santomé

Imagino que tuvo sus miedos.

Claro. He sido un chico muy de casa. Con muchas operaciones y momentos de hospital, con un entorno que me ha ayudado un montón, pero que también me ha sobreprotegido. En Barcelona encontré una vida nueva. Ya no estás con tus padres, ves lo que es viajar y cómo son las cosas fuera de casa. Maduras. Aprendí un montón. Me dio el empujoncito que necesitaba para ver que sí, que echaba de menos Vigo, pero que esto también merece mucho la pena.

¿Cómo recuerda esos duros comienzos en los que los tenistas y sus familias pierden dinero?

Es un tema que mucha gente omite. Lo que se ve del tenis son los grandes partidos y estadios, con unas condiciones de ensueño. Y la realidad es que es un deporte muy difícil. En silla y el convencional. Si llegas a lo alto, te ganas la vida bien, pero es muy costoso. Mi familia hizo una inversión en mí. No llevaba en la manga el parche de mamá y papá, pero podía haberlo tenido fácilmente. Y en Vigo recibí mucho apoyo. Actualmente, viajo con entrenador, me pago un preparador físico y siempre intentas sumar gente para seguir mejorando.

"La base del tenis es saber convivir con la victoria y la derrota"

También en el aspecto mental, que es casi la clave de este juego.

El tenis tiene tres variantes: la física, la técnica y la mental. Sin físico y técnica no puedes jugar. Y la mental condiciona a las otras dos. Si estás bien, te potencia. El cansancio se nota menos, golpeas mejor las pelotas más tiempo... Es la variante más importante del tenis y la que muchas veces dejamos de lado. Yo tuve la suerte de que en el CAR había un equipo médico con psicólogo y nutricionista de 10. El entrenamiento mental es necesario. Para el tenis y para la vida. Es un hombre contra otro, pero también una lucha interna que te lleva a una autopresión muy alta.

¿Cómo se convive con ella?

Aunque no es la presión de otros trabajos, existe. Y es importante comunicar. Yo soy el primero con momentos de bajón, pero ahí también hay que sacar el carácter. Cuando las cosas están jodidas, hay que poner un poquito más y es cuando se ve la capacidad de supervivencia de cada uno. Por eso también es importante tener tiempo para uno mismo. Es bueno vivir para un objetivo, pero la obsesión excesiva puede ser peligrosa.

“Mi familia invirtió en mí; no llevaba en la manga el parche de papá y mamá, pero podía haberlo puesto muy fácilmente”

De esta forma se ha asentado entre los tres mejores del mundo.

Soy muy exigente y siempre quiero ganar. Actualmente, hay dos personas mejores que yo en el ránking y, aunque estoy contento con el trabajo, siempre quieres un poquito más. Solo que, a veces, nos olvidamos de que esto es una lucha constante por agarrar al de arriba y bajarlo.

¿Qué meta se marca?

Lo que quiero es que, cuando eche la vista atrás, sienta que me dejé todo lo que tenía. Es lo que me llena. Pensar que me fui a Barcelona, contraté un equipo y me dejé la vida en cada entrenamiento y competición. Estoy 3 del mundo y hay que valorar el esfuerzo que uno hace. Eso no quita que mañana intentaré ganarle al 1. No quiero que se me vea como alguien que se conforma. Todo lo contrario. Cuando perdí las semifinales de Wimbledon tenía una calentura que no podía con ella. Pero la base del tenis es saber convivir con la victoria y la derrota.

De la Puente bromea con el trofeo del Grand Slam londinense en una de las pistas del Club de Campo.
De la Puente bromea con el trofeo del Grand Slam londinense en una de las pistas del Club de Campo. | Jorge Santomé

Es que el tenis se parece mucho a la vida, ¿verdad?

Es la cruda realidad. El tenis me ha dado los mejores momentos de mi vida, pero también los peores. He salido llorando de la pista, quemado, con ganas de no tocar una raqueta nunca más. Pero, al mismo tiempo, me ha brindado una vida, una ilusión y unas ganas de levantarme cada día con un propósito. Hay que encontrar un equilibrio.

Después de un mes y con la perspectiva de la distancia, ¿qué significa para usted ser campeón de Wimbledon?

Jugar los Grand Slams es especial. Para nosotros, que los hemos visto tanto por la tele, imaginarte en esa pista es algo impagable. Yo he jugado aquí en el Club de Campo, en el Náutico, en Ureca, en Pontevedra, en Coruña y ahora me veo en esos estadios... Pienso en el recorrido y siento una felicidad inmensa. Jugar en Wimbledon, vestirte de blanco, estar en la hierba... Es un sueño para todo tenista. Es la catedral.

"La de Wimbledon fue una semana de ensueño y esa final no se me va a olvidar nunca"

Vamos, que sabe a gloria.

Si te soy sincero, fue una semana difícil. Teníamos dudas. En el cuadro individual, me sentí dominador en las dos primeras rondas. Por eso me quedó una espina grande en semifinales. Sentía que estaba para más y que podía hacerle más daño a Alfie (Hewett). El resultado fue un golpe duro porque tenía ganas de volver a la final. Y en dobles... Cuando se juega una final de Grand Slam es difícil dormir. Estás con nervios, por no decir que estaba completamente cagado. Y más contra los ingleses, números 1 del mundo y jugando en casa, en un torneo que se vuelca con el tenis en silla. Veníamos de perder 6-0 y 6-1 en la final del torneo anterior. O sea que, o espabilamos o nos vamos con un baño de aquí.

Por lo visto, sí que espabilaron.

Intentamos plantear un partido muy guerrillero. Muy agresivo. Si nos manteníamos parejos, en algún momento ellos iban a sentir la presión. Y, la verdad, sentí que dominaba el partido y que jugábamos lo que yo quería que se jugase. Ellos como dupla son muy buenos, pero creo que fui capaz de arrastrar a mi compañero a demostrarles que "oye, jugáis un huevo a tenis, pero vais a tener que ganarnos hoy". Me sentí bien con las voleas y eso me dio confianza.

“Sé que estoy más cerca de lo que puede parecer en individual; con dos cositas que nos hagan dar con la tecla, podemos darle la vuelta a esa situación del top-3”

Así hasta ganar este trofeo.

Lo veo ahí y aún me emociono de cómo se dio la semana. Hay que valorar las cosas. He tenido la suerte de jugar más finales de Grand Slam. Y ganar o perder determina mucho el recuerdo que tienes hacia ese partido. En la final de Wimbledon (individual de 2024) me quedé con ganas de más. Me pasó también en la de Roland Garros de dobles, con Gustavo Fernández, que perdimos contra los ingleses. No estaba satisfecho. Por eso, en esta final quería quedarme con la sensación de que me lo había pasado genial ganase o perdiera. No todos los días se juega en la pista 1 de Wimbledon, llena al 80%. Creo que nuestro deporte es de los más importantes entre los paralímpicos, pero tenemos que seguir creciendo y visibilizando. Y, además, aquí estamos con la Copa y con los buenos recuerdos. Fue una semana de ensueño y esa final no se me va a olvidar nunca.

Buena conexión con Spaargaren.

Y eso que no estaba siendo nuestro mejor año. Nos había costado un poquito entendernos. Llegamos a semifinales en Australia y perdimos con los ingleses en un partido muy ajustado, pero no terminábamos de explotar nuestro potencial. La semana antes de Wimbledon tuvimos una charla seria para aplicarnos. Yo quizás tomo a veces la voz cantante porque siento que soy bastante directo con lo que pienso. Prefiero hacerlo que callarme y que se nos hunda el barco. Pensé que podíamos enfocarlo de otra manera y esa charla nos vino bastante bien, aunque nos dieran un baño en la final de ese mismo torneo. Pero escogimos muy bien la semana que teníamos que ganar. Dijimos, "vosotros quedaros con la pasada, que a nosotros nos gusta más ésta".

El número 3 del mundo disfrutó de su ciudad gracias a un par de semanas de vacaciones.
El número 3 del mundo disfrutó de su ciudad gracias a un par de semanas de vacaciones. | Jorge Santomé

El dobles le está dando muchas alegrías, pero, ¿es a costa de quitarle energía en el individual?

Vamos a ver (se lo piensa). Partimos de la base de que a mí me gusta mucho jugar. Si consigo apretar dos situaciones que se me presentan en los partidos, me va a venir bien para toda mi carrera y para esas rondas finales de máxima presión. A mí me funciona competir mucho para intentar aprender lo que me queda en esta parte de encuentros del máximo nivel. Sí que es verdad que el dobles es sacrificado físicamente y acabas algo más cansado que si solo juegas el individual. Pero a mí me gusta mucho. Lo disfruto. Es una cosa diferente jugar con alguien al lado. Y en muchos torneos se juega con punto de oro o con ‘match tiebreak’ (a 10 puntos) como tercer set. Entonces, pones todo en una balanza.

Y le compensa.

Al fin y al cabo, esto es un trabajo y tienes que ver qué te conviene y qué no. La realidad es que el torneo de dobles también tiene un ‘prize money’ (premios económicos) importante y en el tenis en silla no está para derrocharlo. Y el esfuerzo que me supone no es tan grande como para decir que no lo juego. Hay otros tenistas que prefieren guardarse más para el individual porque sí que hay más dotación económica y reconocimiento personal. Pero a mí no me afecta tanto jugar las dos. Es más, si no lo hubiera hecho, probablemente mi carrera sería más reducida.

"Para mí, que jugué en el Club de Campo o en el Náutico, verme en estadios de Grand Slam me hace pensar en el recorrido y siento una felicidad inmensa"

Un título es un título.

También te digo que tengo esas ganas en individual. Sé que puedo, que estoy más cerca de lo que puede parecer muchas veces. Con dos cositas que nos hagan dar con la tecla, creo firmemente que vamos a poder darle la vuelta a esa situación con los top-3. Y he tenido la suerte de ganar a todos los jugadores del circuito. Pero sí que es verdad que con el top 2 (Tokito Oda y Alfie Hewett) y con Gustavo (Fernández, número 4 del mundo), el porcentaje de victorias es más favorable a ellos que a mí. Pero con un par de ajustes, vamos a poder igualarlo primero y revertirlo después. Yo siento que estoy cerca. Me siento competitivo.

Y supongo que muy bien físicamente para compaginar las dos modalidades.

Es que el dobles me da más horas de vuelo. Golpear a la pelota tiene que ser una alegría. Cuando quieres que no vuelva, algo está mal. Porque, encima, la bola es caprichosa y te viene a buscar a ti cuando no quieres. Siento que mucha gente le da menos importancia, pero no dejo de tener este trofeíto en casa. Soy campeón de Wimbledon, del US Open, del Masters, he sido número 1 del mundo de dobles... A quien no le guste, pues lo siento. Las copas están en casita y ahí se van a quedar.

"¿Por qué quedarnos con un Grand Slam si podemos elegirlos todos?"

Y para terminar, una curiosidad: ¿cuál es su Grand Slam favorito?

Dura pregunta. Todos tienen su peculiaridad. Australia es muy tecnológico. Solo sales al exterior cuando tienes que jugar, después estás siempre dentro con unas instalaciones increíbles. Es difícil. Tendré que preguntarle a Novak (Djokovic, 10 veces ganador en Melbourne) como hace para destacarse tanto ahí. Es diferente. Hace mucho calor y la pelota va muy rápida. Roland Garros es algo más pequeñito, pero para los españoles tiene un significado especial y me encantaría ganarlo. Luego, Wimbledon es un club de tenis británico, de la máxima exclusividad y tradición. Tiene esa magia. Y el US Open es todo a lo grande. El Arthur Ashe es increíble. Cuando lo veo desde fuera se me caen los pantalones...

Es que en realidad, los cuatro son únicos a su manera.

Pues sí. Y yo estoy trabajando para ser competitivo en las tres superficies. Creo que tenemos tenis de sobra para ello. Así que, ¿por qué quedarnos solo con uno si podemos elegirlos todos?

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