A veces se juega, a veces se gana

Un Celta solidario da un paso firme hacia Europa con un triunfo histórico en casa del Atlético contra la estadística

Fer López muestra su admiración a Borja Iglesias por su gol tras superar a Oblak con una gran  vaselina.
Fer López muestra su admiración a Borja Iglesias por su gol tras superar a Oblak con una gran vaselina. | Área11

En ocasiones, los marcadores brillan más que los partidos. Ayer fue, sin duda, una de ellas. Un Celta escaso en ataque aprovechó su única oportunidad para marcar y supo defenderse -Radu mediante- hasta sacar un triunfo en el Metropolitano que lo acerca un poco más a la clasificación europea. Los 17 tiros en contra y los 2 a favor palidecen delante de los 50 puntos y la defensa de la sexta plaza. A veces se juega y a veces se gana.

Entre diatribas de si al otro le apetece jugar o no, se puede perder el norte de que lo trascendental es que te apetezca a ti. Las dudas sobre las motivaciones del Atlético marcaban el arranque de la primera parte y las dudas sobre las del Celta cerraron esos 45 minutos iniciales. Porque el dominio fue prácticamente pleno de los colchoneros en un duelo carente de llegadores y, en el caso celeste, hasta de centradores.

Porque si había que esperar a comprobar la actitud del Atlético, enseguida se pudo comprobar que era la de ganar delante de su afición. Tanto desde el once inicial como desde el primer minuto de juego real. Porque el balón fue de los locales, que tampoco lo manoseaban demasiado y acababan la gran mayoría de las acciones, cuando estaban plantados en la mitad de campo celeste, con centros sobre el área en busca del poderoso Sorloth o de algún adlátere. Los mejores, los de un Álex Baena exquisito en el golpeo.

No es que no trabajase el Celta. Sin balón, tuvo que echar mano de todo su poder de concentración, especialmente en la defensa de esos centros sobre el área. Javi Rodríguez y Marcos Alonso contaban con el ímpetu de Yoel Lago, que define su fútbol en gran medida en función de los cuerpo a cuerpo. Aunque tal cuerpo sea un mastodonte nórdico de casi dos metros y casi 100 kilos de peso. En ese pulso del bloque bajo vigués y el alto colchonero, hubo empate, pese a la brillantez esporádica de Lookman, con balón rozando el larguero incluido. Radu estaba en su sitio en los otros tres balones que fueron entre sus palos sin excesivo peligro.

El problema del Celta era con balón. Ante un rival que empuja más que defiende y que apostaba por el hombre a hombre, no funcionaba el ajuste de Óscar Mingueza por dentro para ganar control en el centro del campo. Se logró, por momentos, llevar hacia atrás al Atlético, pero nunca incomodarlo. Porque no se encontraban espacios y porque, cuando la posesión era propia, la paciencia se parecía demasiado a la lentitud. Jan Oblak debió de estar en la portería colchonera pero podía haber pasado el rato en cualquier otro lado, porque los célticos no lograron siquiera disparar a portería. Ni bien, ni mal. Ni con puntería ni sin ella. Borja Iglesias cumplía con su rol de boya, pero ni Swedberg ni Durán podían correr o encarar. Y en el centro del campo, a Ilaix Moriba y Fer López les cuesta asumir sus roles como pareja: el uno de pivote da recorrido pero no capacidad para el toque en corto; el otro es capaz de romper líneas con la zancada pero con menos espacios su capacidad de pase se enturbia.

Era de esos partidos que necesitaban de una vuelta de tuerca táctica en el intermedio. Pero no la hubo. El Atlético mantenía su dominio, ahora con la calidad de Baena amenazando desde la derecha. Donde apareció pisando área para convertir un gran centro de Koke en una asistencia para el gol de Sorloth, ya que el noruego encontró la manera de rematar de tacón. Pero faltaba un actor en la jugada y Ionut Radu apareció para evitar el tanto con una gran parada.

Ocasión aprovechada

No parecía que hubiese mucha manera de cambiar el juego. Al menos, con las mismas piezas sobre el campo. Pero cambiar el marcador no tiene por qué llevar emparejado el del juego. Y el Celta tuvo el acierto de aprovechar la ocasión que tuvo. Ilaix encontró a Durán casi por vez primera y el tomiñés buscó la manera de conectar con Swedberg, El sueco, inédito en ataque hasta entonces, filtró un gran pase con bote hacia Borja Iglesias, quien completó una maravilla. Una vaselina suave, plena de confianza y calidad para el santiagués mundialista.

A la hora de partido y contra todas las sensaciones y hasta las estadísticas, el Celta ganaba. Con todo, el gol no cambió el diseño del partido ni la peligrosidad rojiblanca, con continuos centros sobre el área celeste. Paradójicamente, lo que varió la tendencia del duelo hacia el empate fueron los cambios del Atlético, que empeoraron a su equipo, salvo por el interés que le puso el canterano Cubo. Tampoco la variación del ataque celeste, con Jutglá, Hugo y Aspas pareció funcionar hasta que tocó hacer tiempo en la recta final, que supieron hacerlo. En ocasiones, los marcadores brillan más que los partidos. Y la clasificación es excepcional.

Atlético 1-0 Celta

Atlético de Madrid:

Jan Oblak; Marc Pubill, José María Giménez (Robin Le Normand, min.20; Cubo, min.69), David Hancko, Matteo Ruggeri; Marcos Llorente, Álex Baena (Vargas, min.69), Koke Resurrección, Ademola Lookman (Molina, min.60); Antoine Griezmann (Almada, min.60) y Alexander Sorloth.

Celta:

Ionut Radu; Álvaro Núñez (Sergio Carreira, min.67), Javi Rodríguez, Yoel Lago, Marcos Alonso, Óscar Mingueza (Mihailo Ristic, min.88); Ilaix Moriba, Fer López; Pablo Durán (Ferran Jutglá, min.67), Borja Iglesias (Iago Aspas, min.67), Williot Swedberg (Hugo Álvarez, min.76).

Gol:

0-1, min.62: Borja Iglesias.

Árbitro:

Galech Apezteguía (C.Navarro). Amonestó con tarjeta amarilla a Baena (min.66) por parte del Atlético de Madrid, y a Ilaix Moriba (min.19) y Fer López (min.77) en el Celta.

Incidencias:

Estadio Riyadh Air Metropolitano, 52.693 espectadores.

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