Un Celta con orgullo, pero sin contundencia ante el Real Madrid
Celta - Real Madrid
El Celta cayó por séptima vez seguida en Balaídos ante el Real Madrid (1-2) pero disfrutó de más y mejores ocasiones que los blancos
La historia dirá que el Real Madrid volvió a ganar en Balaídos, por séptima vez consecutiva. La intrahistoria hablará de un partido igualado, meritorio de los célticos, más fluidos que los rivales pero menos contundentes. Un duelo que los célticos se habrían llevado a los puntos por número de ocasiones pero que los blancos decidieron a golpe de calidad individual en la definición. Hay pena, no hay daño.
Avanza como una niebla espesa. Envuelve más que amenaza. Y trara de calar más el ánimo que el cuerpo, incluso. De convertir cada acción en muy complicada para agotar la necesaria atención permanente. Este Real Madrid somete por mera presencia física y resuelve por calidad individual. No es un ser de luz, es un tunel en el que no entras tú, sino que te engulle. No deja de impresionar verlo sobre el campo, pero sin más. El Celta, necesariamente, trató de soltarse desde la velocidad del primer toque sin su mejor especialista en esta suerte, Iago Aspas. Jonathan Bamba ocupó su sitio y coleccionó pases en corte, apenas roces, para tratar de evitar la presión madridista. Hubo equilibrio entre dos propuestas distintas.
El gigante blanco mostró respeto por el humilde bloque celeste desde la táctica. Carlo Ancelotti se lanzó a igualar la habitual línea de tres centrajes celestes, metiendo a Tchouameni entre Militao y Rüdiger. Y la apuesta generó desajustes que debieron ser aprovechados por el equipo vigués, que amaneció con ganas en el partido. Sobre todo, debió acabar en gol una rápida salida desde campo propio en la que Borja Iglesias prolongó para la carrera totalmente solo de Williot Swedberg. El joven sueco ha perdido aquella infalibilidad en las ocasiones meridianas y, con todo el tiempo del mundo, se dejó parar por Courtois. Era el minuto 7 y el Real Madrid todavía pensaba más en sí mismo que en el rival.
El diseño de Giráldez funcionaba. Fundamentalmente porque lo hacían Hugo Sotelo en el centro del campo y Borja Iglesias en toda la franja de ataque. El delantero estuvo contundente en el choque y sutil en el toque. Bamba se ofrecía siempre como salida. Y Starfelt se mostraba seguro en el corte. No había sensación de inferioridad y las peligrosas transiciones del Real Madrid, con Vinícius y Mbappé al abordaje -ya que Bellingham quedaba un tanto desconectado en la banda derecha- sólo inquietaron tras posibles faltas en campo propio. Porque Hernández Hernández decidió, al menos de inicio, no pìtar más que lo flagrante.
En esa tesitura se movía el encuentro, con el marcador de espectador. Como sucede tantas veces, en un cara a cara entre dos equipos que quieren presionar arriba, los errores atrás se pagan carísimos. Tuvo mala suerte Beltrán. Se equivocó en el pase, pero lo peor fue que el rebote en Camavinga, que fue quien apareció en la trayectoria, le cayó a Mbappé al borde del área. La defensa celeste reaccionó como pudo, teniendo en cuenta que un desmarque de Vinícius impedía salir en busca de la nueva estrella madridista. El galo tuvo tiempo para armar su pierna derecha y para alejar el balón de Guaita. Gol.
El Real Madrid se tornó niebla. Presionó en el centro del campo con tanto furor y acierto que maniató al Celta. Fueron minutos en los que sí parecía que el gigante era más grande. Pero el conjunto vigués supo aguantar el bajón de manera competitiva hasta llegar al descanso ya recuperando presencia sobre el campo.
La idea del Celta no estaba dañada. La retomó tras el parón y esta vez sí que supo aprovechar el desajuste defensivo madridista. Fue con una aparente simple pared de Mingueza y Bamba por banda derecha. Pero Borja había sacado a Tchouameni del área propia y Swedberg gusta de pisar esa zona. Se metió entre central y carrilero, indetectable, y remató, esta vez bien, otra asistencia de gol de Mingueza. El partido estaba empatado y en fluidez seguían ganando los locales. Por eso Ancelotti decidió cambiar el perfil de su equipo y tiró de la clase de Luca Modric. El croata tardó tres minutos en dar un pase de gol al desmarque de Vinícius y un poco más en ordenar al resto de sus compañeros.
Seguía habiendo partido. Excepcional. Alfon, primero, y Douvikas y Pablo Durán, después, renovaron el ataque celeste. Que pudo fructificar en el empate en esa recta final con, al menos, dos claras ocasiones sobreponiéndose al cansancio. El empate sería lo más justo, pero esto no va de justicia. Va de contundencia. El Celta tuvo más ocasiones y marcó menos. Ante el nebuloso Real Madrid no se puede no aprovechar lo creado. Una vez más, el conjunto blanco se va de Balaídos con los tres puntos.
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