Atlántico
Echar un pitillo
No fumo, jamás he sido fumador. El Gobierno recauda miles de millones de euros gracias al tabaco, unos ingresos a los que no tiene la más mínima intención de renunciar; sin embargo, los fumadores ven que el cerco que los amenaza va estrechándose en derredor.
No resulta bien visto romper una lanza en favor de quienes fuman; una vuelta de tuerca, otra más, acaba de ver la luz. En playas y terrazas, no admiten al fumado; lo catalogan como a un malhechor dispuesto a apoderarse de la salud del prójimo. La normativa, reconozcamoslo, expele un tufillo puritano; hemos pasado de un extremo al otro también con el tabaco.
Estas actitudes me recuerdan a la Edad Media, obligando a a los leprosos a atravesar los pueblos sonando una campanilla para prevenir a los vecinos. ¿Qué problema supone fumar en una playa?: un vasto espacio al aire libre y en el que además se guarda distancia con los demás bañistas al igual que en las terrazas entre mesa y mesa. No arrojar las colillas a la arena o al suelo sí debe cumplirse a rajatabla. Equilibrio y mesura, no demonización ni ostracismo, pero recaudando gracias al tabaco.
Francisco Javier Sáenz Martínez.
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