La dulce sensibilidad

Publicado: 23 ene 2026 - 04:07

Con la primera luz del alba, la naturaleza se llenaba de olorosas flores blancas que se mecían con la leve brisa mientras la atmósfera cambiaba de ritmo. El otoño llegaba al prado con sus ramas secas, hojas amarillas y nidos vacíos; así, sucesivamente, los días soleados daban paso al invierno, invitando a todos a disfrutar del fondo musical de una golondrina que marcaba la llegada de un nuevo y buen tiempo. Con el pasar de los años y las rutinas que les tocaron vivir, los pastores, apoyados en sus báculos, iban divagando con sus pensamientos abandonados al azar. Silbaban al matiz de antiguas cantigas con un compás natural, hasta la saciedad, como si las conocieran de toda la vida, mientras sus pasos los llevaban hacia senderos desconocidos. Serían aquellos los caminos hacia la libertad? Era, sin duda, la más pura sensación de bienestar; una muestra precisa de sus vidas silvestres. A su vez, las ovejas y carneros seguían el cortejo, saltando de un espacio a otro en busca del manjar esperado y siguiendo las órdenes de sus dueños. Los animales chapoteaban y bebían, como si fueran niños, el agua fresca que brotaba rebosante del manantial. Los pastores regresaban cuando el sol empezaba a enrojecer: un día más cumplido ante la llegada del silencio y el ocaso. En realidad, se manifestaba con precisión la esencia de sus vidas tranquilas y bucólicas. 

Kênia Bonk Gimaiel. (Vigo)

Contenido patrocinado

stats