Los montes de Teis cumplen 25 años luchando contra la acacia

Los comuneros de Teis cuentan con voluntarios durante todo el año y para campañas puntuales.
photo_camera Los comuneros de Teis cuentan con voluntarios durante todo el año y para campañas puntuales.
Los comuneros gastaron todo el dinero de las expropiaciones de la autopista en la plantación de especies autóctonas y se vuelcan con la educación ambiental

La Comunidad de Montes de Teis celebrará el próximo día 2 de septiembre su 25 aniversario con una fiesta en el parque forestal de A Madroa, en la que habrá actividades para niños, música folk, un concierto del grupo POI (Tonhito de Poi), así como un reconocimiento a las personas o entidades que colaboraron con la entidad.

Su historia se define por una lucha sin cuartel contra la acacia negra, una especie invasora muy difícil de erradicar, para transformar un monte que estaba completamente abandonado en un bosque de frondosa y que actualmente presume de biodiversidad. Destacan también por su faceta de educación ambiental, porque trabajan codo con codo con los colegios de la zona y porque han formado un grupo de voluntarios que ayudan en las tareas de conservación del monte durante todo el año. 

 Son 60 hectáreas de monte periurbano que estaba infestado de acacia negra, una especie de crecimiento rápido que había plantado en su día la Administración, y en menor medida de pino. “Hay sitios en los que es una especie invasora, aquí la plantaron. Fue un experimento que salió mal y nosotros estamos ahora intentando enmendarlo”, explica el presidente de la Comunidad de Montes, Eduardo García. A lo largo de estos años gastaron más de un millón de euros en los trabajos de sustitución de la acacia por especies autóctonas, todo el dinero que habían conseguido en su día en las expropiaciones de la autopista. Las ayudas públicas son escasas, según explican, ellos lograron una subvención del Ministerio de Medio Ambiente, aportaciones de La Caixa y este año de Caixabank tanto para la conservación del monte como para su trabajo de educación medioambiental. “En las ayudas de la Xunta no entramos porque tienen una filosofía forestalista y si plantamos siguiendo esas pautas no logramos sacar la acacia”.

Los comuneros aseguran que aprendieron a base de acierto-error y que fueron capaces de elaborar un protocolo específico contra esta especie. A día de hoy, un 25% de la superficie es ya un bosque autóctono, mientras en el resto siguen los trabajos.

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