La logística logra llevar ya el pescado de Vigo a todos los mercados de España

A las seis de la mañana, megáfono en mano, comienza la subasta del pescado fresco en la lonja del Berbés. Todo va muy rápido.
photo_camera A las seis de la mañana, megáfono en mano, comienza la subasta del pescado fresco en la lonja del Berbés. Todo va muy rápido.

O Berbés suma más de 4.000 operadores que “alimentan” a buena parte de las ciudades con producto fresco

La primera lonja de Europa es como Nueva York, la ciudad que nunca duerme, y permanece abierta 24 horas, salvo los fines de semana desde las dos de la tarde del sábado hasta el domingo, en que se para la actividad. El resto de los días no hay un respiro.

A primera hora de la noche llegan los barcos del cerco y comienzan a descargar pescado fresco, a las cuatro de la madrugada el mercado de segunda venta -pescado que llega de otros puertos- está abierto para la llegada de camiones y furgonetas y a la seis se inicia la subasta. A partir de ahí, el empaquetado del producto y su traslado en contenedores por carretera. Luego llega la limpieza y preparación de las instalaciones para volver a comenzar. Y así cada jornada. 

 

 

En O Berbés hay más de 4.000 personas trabajando a diario, según el censo de entradas que maneja la Autoridad Portuaria (APV), un número importante que se subdivide en comercializadores, compradores, trabajadores de frigoríficos y empresas de transformación, viveros y marineros. Todo un mundo que tiene trascendencia más allá de su propia condición: porque O Berbés da de comer a toda España.

Según constata la APV, gracias a una logística muy compleja el pescado que se gestiona en la lonja y mercado -las dos instalaciones separadas, alineadas frente a Beiramar- llega ahora a todos los municipios de España de importancia, lo que da una idea de la relevancia que tiene el puerto vigués en alimentar a millones de personas, gracias a una cadena de distribución que funciona a la perfección a diario y que se inicia con pequeños comercializadores y finaliza con la salida de al menos 30 trailers cada jornada rumbo a todos los puntos del país. Y por supuesto, aquí se incluye a las grandes cadenas de alimentación, que cada día compran miles de kilos, sobre todo de rape y gallo (el rapante vigués), las dos grandes especies. 

 

 

La actividad ha caído ligeramente en número de toneladas y sobre ello hay algunas explicaciones, pero las cifras del fresco son apabullantes: al año se manejan entre 32 y 34 toneladas -sin contabilizar los viveros floantes, bateas, que han sido eliminados de las estadísticas y suponen otras 34 toneladas que también se comercializan- con un rendimiento estimado en 147 millones de euros. Aunque es cierto que la tendencia es a la baja. ¿Por qué? Básicamente por dos razones, explica Luis Pérez, director del puerto pesquero, una institución en O Berbés, que patea desde las cuatro de la mañana a diario desde hace 20 años.

“El consumo de pescado ha caído porque los hábitos alimentarios son otros, y además está el problema de las cuotas, que lo hace todo más complicado”, señala Luis Pérez, quien pese a todo considera que hay que ser optimistas “porque la lonja va en general bien”. 

Por su parte, Carlos Botana, presidente de la APV, quien también pasó varios años en O Berbés, cree que la “unión e ilusión” existente en la comunidad portuaria ayuda a que Vigo mantenga su posición. Y además, ve con optimismo la posibilidad de traer pescado fresco y congelado directamente al puerto a través de las autopistas del mar, en especial la abierta con Liverpool, usando el antiguo PIF (control fronterizo) de Guixar.

Las grandes superficies concentran cada vez más las compras para sus centros

A día de hoy, O Berbés es una máquina bien engrasada en que todas sus piezas sorprendentemente funcionan de forma cohesionada. Comienza la “fiesta” con la llegada masiva de furgonetas y camiones con pescado de otros puertos rumbo a la segunda venta en el mercado interno. Esta parte es ya la mayoría, el 60 por ciento estimado del total, en tanto que el 40 por ciento restante son productos del mar que desembarcan pesqueros del Gran Sol, del cerco o palangreros.

El Gran Sol llegó a contar con tres centenares de barcos censados, los famosos Los 300, pero eso es ya historia lejana: la pérdida de cuotas y las ayudas al desguace han mermado la “tropa”, y recientemente hubo otras tres bajas. En la actualidad hay 25 del cerco, dedicados sobre todo a xouba, xurelo y bocarte, otras docenas de embarcaciones de litoral, faenando choco o pulpo y otras especies, y finalmente otros 31 del Gran Sol.

La mayoría de estos buques realizan “mareas” de tres meses y desembarcan en Irlanda o Reino Unido. El proceso continúa con el traslado por barco hasta España y por camiones frigoríficos hasta Vigo.  A bordo suelen ir entre nueve y once personas, en un trabajo muy duro, aunque no tanto como la pesquería industrial del congelado en Malvinas o Terranova-NAFO, en mares muy duros y con cuatro meses sin tocar puerto.

El edificio del mercado cuenta con 3.000 metros cuadrados de superficie útil y otros 6.000 la lonja. Desde Portugal y todos los puntos importantes de Galicia llegan a diario al Berbés con pescado comprado para su reventa. Compensa de sobra por los precios que se logran en Vigo. No obstante, hay un retroceso en el número de compradores al reducir el número de placeros y crecer las grandes superficies, que concentran las operaciones en una sola mano.

Pero Berbés es un referente para las grandes cadenas, como Mercadona, Gadis o Froiz, entre otras, que adquieren miles de kilos de fresco para su distribución, un punto fuerte del pesquero vigués. Tres grandes compañías, Transfrío, Olano y Kartín cargan a diario y llegan prácticamente a toda España. “Existe una distribución excelente, que ahora lleva pescado de Vigo a todos los mercados del país, al menos 30 camiones cada día salen desde aquí”, indica Luis Pérez.

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