Alborada previene el suicidio con un plan social para 30 personas

Inés Sancho y Mar Álvarez son las impulsoras del programa “Aférrate” de Alborada.
photo_camera Inés Sancho y Mar Álvarez son las impulsoras del programa “Aférrate” de Alborada.

El programa “Aférrate” ofrece actividades para que los usuarios vuelvan a conectar con el mundo que les rodea y están en contacto con los médicos que los atienden

¿Qué ocurre con las personas que presentan riesgo de conducta suicida cuando  salen de la consulta del psicólogo o del psiquiatra? La asociación Alborada diseñó un programa de prevención que ofrece a estas personas actividades en la naturaleza, deportivas y de formación ocupacional relacionadas con el medio ambiente para intentar que vuelvan a conectar con el mundo que les rodea.  El programa se llama “Aférrate”, comenzó en julio y presta servicio a 30 usuarios.

Son pioneros por esta idea de conectar la prevención del suicidio con el contacto con la naturaleza. Y es también llamativo el hecho de que recojan a los usuarios en sus domicilios y alguna vez han tenido que llamar al telefonillo y esperar varios minutos porque alguna persona no estaba muy convencida de salir.

“Los recogemos y los dejamos en casa para facilitar su participación porque hay personas que tienen depresión y para ellas es un mundo solo el hecho de levantarse de la cama”. Esto explican las educadoras sociales Inés Sancho y Mar Álvarez. Inés es también psicopedagoga y Mar añade la especialidad de técnica de medio ambiente. Las dos se tomaron muy en serio la iniciativa y antes de empezar realizaron un curso muy completo de la Sociedad Española de Suicidología. Después trabajaron en la elaboración de las actividades

El programa logró una subvención del Sergas, aunque termina el 31 de diciembre. También tienen apoyo logístico del centro vecinal y cultural de Valladares, donde tienen actividades en la piscina, y del Concello. Les gustaría seguir porque ven los beneficios en los usuarios. “Vemos una mejoría a nivel social, se relacionan mejor con el grupo, empiezan a conectar con algunas cosas y cuidan más su aspecto físico. Esto les permitió ver una luz al final del túnel, tenían un lazo de unión grande con el programa”. 

Las educadoras están en contacto por correo o vía telefónica con los psicólogos o psiquiatras, les plantean cuestiones que les preocupan de los usuarios y siempre obtienen respuesta. “Tuvimos muy buena acogida”, aseguran.

Otra parte de sus ocupaciones es generar contenidos en un blog en el que muestran todas las actividades que realizan, pero también divulgan cuestiones de salud mental con materiales audiovisuales, recomendaciones de libros y películas, y facilitan los teléfonos de ayuda para estas personas y de las asociaciones que trabajan en salud mental.

Uno de sus objetivos en caso de que siga el programa es crear una escuela para que las familias sepan identificar las señales de alerta y dar charlas en institutos. “llevamos 40 años hablando de drogas y de las enfermedades de transmisión sexual, por qué no vamos a hablar de suicidio, no debería ser tabú”.

El programa incluye piscina, cerámica, rutas con mascotas y botiquín natural

"Aférrate" no imparte talleres de autoestima o de habilidades sociales ni interfiere en el trabajo de los profesionales sanitarios, sino que despliega múltiples actividades, buena parte de ellas relacionadas con la naturaleza, para facilitar “un despertar a la vida”. Inés Sancho apunta que trabajan la autoestima y las habilidades de forma trasversal a través de actividades a las que tratan de dar "un toque divertido, original y motivador".

Alborada cuenta con un espacio en los montes de Cabral, llamado “Verdear”, y allí acuden para hacer horticultura terapéutica y jardinería, aunque depende de la estación del año y de las condiciones meteorológicas. En los montes de Cabral también hacen salidas micológicas para recoger setas y plantas medicinales. “En Japón están muy de moda los baños de bosque, aquí lo hacemos de manera informal. Nos fijamos en los animales y en las plantas, y algunos cuentan recuerdos de su infancia. ”Es una forma de para las prisas y los ruidos de la ciudad, de ver lo que tienes delante y de dejar a un lado las redes sociales y los móviles (los llevan en modo avión)".

Los usuarios tienen una media de 48 años y entre ellos hay un grupo de adolescentes, de entre 16 y 22 años. Los más jóvenes participan en los talleres comunes pero también cuentan con actividades específicas. Una de ellas consiste en pasear mascotas por el monte. Lo hacen a través de una colaboración con el Refugio de Animales de Gondomar. “Los perros tiran mucho de estas personas, se ponen muy contentos de que alguien los pasee y no paran de mover el rabo”.

También van a la piscina, donde hacen ejercicios guiados. “Son personas que no tienen una actividad física muy grande y les viene muy bien, salen cansados y ese día van a dormir bien”.  Otro de los talleres es el de cerámica y hay un día en el que ofrecen tutorías individuales. En una de ellas surgió la idea de acompañar a un usuario  a visitar a su abuela en una residencia de mayores, a la que había mucho que no veía. Visitan a las familias y están en contacto con los usuarios también por whatsapp y llamadas.

Otro de sus centros de trabajo es Bouzas, donde organizaron salidas en kayak y padel, hicieron colaboraciones con el Museo del Mar, hicieron recogida selectiva de plástico en la playa y desarrollaron talleres de botiquín natural, en los que confeccionan jarabes naturales, jabones ecológicos, envoltorios a base de cera de abeja, aceite para masajes y bálsamo labial, en muchos de los cuales colaboró la herboristería LavandaBio. Son cosas que se pueden llevar a casa y que pueden utilizar. “Fomentamos los hábitos saludables y los autocuidados", señalan. Eligieron Bouzas, como uno de los escenarios del programa, por el contacto con el mar, por la naturaleza y el cuidado del medio ambiente.

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