Recuerdos del Sahara

Publicado: 04 mar 2014 - 10:35

Acaba de llegar del Sahara una delegación parlamentaria que ha podido constatar lo que ya sabemos: que se ha convertido en una enorme cárcel al aire libre donde todo está controlado por Marruecos. Ese mismo trozo del desierto era hace 38 años una provincia española como podría ser hoy Cuenca, desalojada de la noche a la mañana por la presión de Hassan II, que vio cómo podía salvar el cuello convirtiendo el territorio irredento en causa nacional. Lo logró de sobras, además de hacerse con fosfatos y pesca y cegar cualquier posibilidad de que se creara un nuevo país en El Magreb. Para ello contó –y cuenta todavía hoy- con el visto bueno Francia, el gendarme del norte de África, que considera "su" patio, donde ejerce un imperialismo propio del siglo XIX. Desde luego, mucho mayor y más visible que Estados Unidos. Para Francia también es una cuestión de Estado –todos los presidentes la han avalado, algunos como Mitterrand con entusiasmo- mantener su peso cultural y político en la zona. Y la República del Sahara no entra en el puzle. Un ejemplo: El Aaiún es ahora L"aiun...

España tiene una deuda enorme con la población que no ha disminuido con el paso de los años, como ha certificado el Tribunal Supremo al reconocer la nacionalidad española a todos los saharauis nacidos antes de 1975. Los gobiernos españoles han mantenido una política de "neutralidad activa" (¿?) que los presidentes socialistas –González y sobre todo Zapatero- han inclinado visiblemente hacia las tesis marroquíes y su "oferta" de una pseudo autonomía para el Sahara. Que los saharauis rechazan. Reclaman que se cumplan todas las resoluciones de la ONU y la Organización Africana y un referéndum que sistemáticamente boicotea –con éxito- Rabat. Así seguimos y el tiempo corre a favor de Marruecos y contra los saharauis, que siguen aprendiendo español en libros en no pocos casos editados en Austria….

Pd. Siguen las negociaciones PP-PSOE. Del transporte metropolitano sabemos que los cálculos de la Xunta fueron ridículos. Los del Concello, exagerados. Continuará.

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