el mejor alcalde

El mejor alcalde de Vigo, sin duda del siglo XX, fue Joaquín García Picher. Ninguno en tan poco tiempo y con tan pocos medios consiguió tanto. Y lo hizo en un momento más que delicado, en plena transición. Sucedió al indefinible Antonio Ramilo, y desde 1974 hasta 1978, cuando dimitió después de una bronca en un pleno pre-democrático, se empeñó en una tarea titánica que se puede resumir en seis gestas. Una, logró que Vigo fuera la sede de la Copa Mundial de Fútbol de 1982 lo que, entre otras cosas, permitió construir la grada de Río, la única nueva hasta ahora. Dos, puso los cimientos de la Universidad de Vigo al conseguir que se aprobara en la ciudad el título superior de Ingeniería Industrial y se construyera el colegio universitario. Tres, decidió renunciar a la presidencia de la Caja de Ahorros para darle mayor autonomía y profesionalizar la entidad, como en efecto ocurrió. Cuatro, fue capaz de obtener fondos para terminar el consistorio, inaugurado por Juan Carlos I en 1976, uno de los primeros actos de su reinado, ante unas 60.000 personas. Y como colofón a todo, dos hechos aún más notables: puso en marcha el nuevo embalse de Eiras, en Fornelos, al darse cuenta de que la presa de Zamáns no era ya suficiente para atender a una ciudad que estaba creciendo a toda velocidad, y convirtió a Samil en un territorio municipal, de todos los vigueses gracias a un acuerdo... que además supuso la apertura de la Delegación de Hacienda propia en Vigo, independiente de Pontevedra. Fue el primer caso de excepcionalidad de la Muy Leal. Luego vendrían otros, el próximo el rango de capitalidad en la Ley del Área.
García Picher murió joven, con apenas 53 años, y sin haber recibido un homenaje. Cuatro años de alcalde y todo ese bagaje detrás. ¿Hay quien lo mejore? 
Vigo, en su tradicional falta de sensibilidad y reconocimiento hacia sus mejores, le dedicó un pequeño parque en la calle Coruña, y poco más. No está en el olvido, pero sí muy cerca.