Luz Casal celebra en Madrid unos 60 años exultantes

 Varios miles de personas, 5.000 según los organizadores, han celebrado hoy la exultante madurez de Luz Casal a sus 60 años, en un concierto de caricias vocales y arañazos roqueros que han vuelto a refrendarla como una de las grandes compositoras e intérpretes de la música española, amén de señora del escenario.

La cantante Luz Casal, reciente premio honorífico de Los40 Music Awards
La cantante Luz Casal, reciente premio honorífico de Los40 Music Awards
Luz Casal celebra en Madrid unos 60 años exultantes



A Madrid ha llegado para ofrecer dos horas de espectáculo y dos docenas de cortes, con el recuerdo aún fresco de la Medalla Internacional de las Artes de esta Comunidad y del premio honorífico de Los40 Music Awards, que se suman a otros muchos galardones como el Grammy Latino a toda su carrera y el Premio Nacional de Músicas Actuales.

La gallega, que arrancaba 2018 con un concierto íntimo en el suntuoso Teatro Real, ha recalado hoy en otro espacio de la capital nada habitual para ella, el WiZink Center, que la ha recibido con todos los asientos ocupados del formato reducido escogido para la ocasión.

La altura, naturaleza e historia del lugar jugaban a favor del disco que nutre esta gira, "Que corra el aire" (2018), calificado como su retorno al rock, con un despliegue en vivo que parecía corroborar esa impresión, como el importante aparato de luces o la banda de cinco músicos, incluido Tino DiGeraldo a la batería y dos guitarristas que han reforzado los pasajes de mayor mordiente.

Con una clara confianza en su primer álbum de temas inéditos en cinco años, Casal lo ha desgranado entero, 7 de sus 11 cortes acometidos casi en el mismo orden del álbum y en torrente continuo desde que a las 20 horas ha dado comienzo el espectáculo.

Con un abrigo de pelo largo que solo dejaba al descubierto su voz entonada y sus piernas abiertas y bien plantadas sobre las tablas, la de Boimorto ha irrumpido con "Que corra el aire", el tema titular del disco.

"Es un gustazo estar aquí con vosotros. Hemos empezado con canciones del disco nuevo y vamos a hacerlo entero, aunque no se lleva... pero ya saben que me gusta hacer lo contrario de lo que se supone", ha reconocido, sonriente, entre una ovación cómplice del público que la ha llevado hasta "Días prestados".

La emotiva historia de mensajes compartidos con el más allá de "Lucas" ha contrastado con la algarabía guitarrera de "Tanto ruido", en un "show" que ha seguido esa pauta de subidas y bajadas, de caricias y rasguños, demostrando su protagonista que sigue transitando con facilidad y credibilidad entre ambos extremos.

"Es una noche de celebración, espero que sea para todos un recuerdo especial como lo va a ser para mí", ha destacado antes de abordar el bloque antológico de la velada con "Entre mis recuerdos", cantado a media voz, casi como un recitado, entre el regocijo de sus seguidores de siempre.

No son sus capacidades vocales las de antaño, pero Casal conserva el callo, el gusto y sobre todo la intención para enfatizar solo donde hace falta y hacer una interpretación sólida y cálida de clásicos como "Un nuevo día brillará" o de la esperada "No me importa nada", tras una llamada inicial al grito de "¡Mujeres!.

Sin apenas respiro para los aplausos, Casal ha dejado las mejillas del respetable acaloradas y al borde de la lágrima con el combinado de "Sentir" y "Besaré el suelo", canciones de lucha, de perseverancia y apego a la vida, masticados cada uno de sus versos en el pasaje de mayor fricción emocional que ha concluido con el público en pie.

El acordeón mexicano de la festiva "Dame un beso" y los rápidos devaneos guitarreros de la irónica "Plantado en mi cabeza" han rebajado el calibre lacrimal de la noche cuando aún quedaba buena parte de la segunda mitad del concierto, con temas ágiles de su pretérito roquero de finales de los 80 como "Un pedazo de cielo", "Loca" y "Rufino", entre esquizofrénicas sacudidas de pelo incluso.

"En estos 60 conciertos de la gira hasta hoy, ha habido momentos muy especiales en los que he recordado a gente a la que debo mi gratitud, también personas con quienes, aunque no estén presentes, por suerte compartí canciones: Antonio Vega, Manolo Tena, Gloria Van Aerssen y mi adorada y querida Carmen Santonja, que me regaló una de las canciones de amor más contundentes en la música española", ha dicho como preludio a "Lo eres todo".

Así ha llegado al primer bloque de bises, con su "Negra sombra" (dedicada a sus paisanos gallegos) y la imprescindible "Piensa en mí", de rojo encarnado, con el hombro al descubierto y el corazón expuesto, escocido, como lleva haciendo ininterrumpidamente desde 1991.

"Yo no estoy cansada", ha advertido, a tiempo aún para un segundo bis con la reciente "Morna", su "pequeño" homenaje a Mari Trini con "Amores" y la postrera "Te dejé marchar", con los brazos hacia delante, sin soltar en realidad ni su pasado, ni su presente ni lo que se vaticina como un largo futuro.