Vigo cambia de piel, del boom del tatuaje a optar por aclararlo
El tatuaje se ha normalizado, mientras que las nuevas modas y el auge del láser transforman un sector que ya no entiende de edades
A los 73 años decidió que todavía estaba a tiempo. Artista y amante del dibujo, entró en un estudio de tatuajes de Vigo y convirtió su antebrazo en un lienzo, un bote de cristal junto a unos pinceles quedaron grabados sobre su piel. Durante décadas no se había atrevido y ahora simplemente pensó: “¿Por qué no?”. Es uno de los clientes que recuerda Sara Pereira Ribeiro, propietaria de Saari Suu Tattoo Studio, como ejemplo de cuánto ha cambiado la relación y las barreras con el tatuaje.
Cuando Pereira comenzó hace doce años, el panorama era muy distinto. Empezó trabajando desde casa, con escasa formación disponible y llegó a practicar sobre piel de cerdo porque las alternativas sintéticas eran caras. “Encontrabas tres vídeos en YouTube mal hechos, que no te explicaban absolutamente nada”, recuerda. Calcula que entonces podía haber alrededor de una decena de estudios en Vigo, aunque reconoce que se trata de una estimación. Hoy la oferta es mucho mayor y también lo son los cursos, seminarios, tutoriales y posibilidades para iniciarse en la profesión.
Sitúa hace aproximadamente una década el gran boom del sector y percibe ahora un cambio entre los más jóvenes hacia una estética más limpia y discreta. En su establecimiento, el grueso de la clientela ronda los 30 y 40 años. La tatuadora lo relaciona también con el bolsillo, “Para mí es un lujo”. Un trabajo de cierta envergadura requiere una inversión que resulta más asumible cuando te lo puedes permitir económicamente.
Lo que sí parece haber quedado atrás es buena parte del estigma. Por el estudio pasan clientes mayores que nunca se habían atrevido a tatuarse, unos graban recuerdos de hijos o nietos, otros pérdidas y etapas vitales: “El hecho de llevarlos en la piel es algo que nunca se olvida”. También están quienes simplemente buscan estética, la tinta ha dejado de tener una única edad y un único significado.
Las modas en cambio, envejecen. Los infinitos que llenaron muñecas hace años prácticamente han desaparecido de las peticiones de Pereira. También han perdido terreno los tribales y los maoríes. Ahora manda el fine line, basado en diseños pequeños y sutiles con líneas delicadas para quienes quieren llevar tinta sin que apenas destaque.
Y precisamente algunos de aquellos diseños del pasado terminan hoy bajo el láser. Antonio Soto lleva casi cuatro años al frente de Ponte Láser y ha observado un aumento de la demanda. Pero desmonta una idea, la mayoría no acude porque quiera dejar de estar tatuada. “Lo que más se hace es aclarar un tatuaje para hacer algo nuevo encima”. Dos o tres sesiones pueden rebajar una pieza antigua lo suficiente para realizar después un cover.
Los tribales están entre los diseños que más se transforman. Quienes hace 20 años los eligieron porque estaban de moda ahora buscan líneas finas o realismo. De una cartera de alrededor de 1,500 clientes, Soto asegura que son muy pocos quienes pretenden eliminar toda la tinta de su cuerpo. “No es tanto arrepentirse de tatuarse si no de dejar de reconocerse en un tatuaje concreto”, añade. Lo habitual es retirar o aclarar una pieza determinada para sustituirla por otra.
También aparecen decisiones tomadas a la prisa. Un tatuaje compartido con una amiga que ya no lo es, un recuerdo que ha perdido su significado o simplemente un diseño con el que la persona ya no se identifica. “No es que no me guste, es que no lo quiero”, menciona Soto que son razones que escucha entre algunos clientes.
Pinterest, Instagram y Tik Tok han cambiado la manera de buscar referencias, y ahora la inteligencia artificial permite que un cliente llegue al estudio con un diseño generado desde casa en cuestión de minutos. Pereira advierte de que una imagen atractiva no siempre es un tatuaje viable. El diseño debe adaptarse a la anatomía y al envejecimiento de la tinta. “La IA no es tatuadora”. En su estudio rechazan copiar directamente diseños encontrados en internet y defienden la creación de piezas propias.
Al mismo tiempo, la profesión se ha convertido en un negocio mucho más competitivo. Pereira compara su popularización con el boom de los DJ, las redes han hecho visible el oficio, se han multiplicado los cursos y cada vez más personas intentan entrar en el sector. Para ella, el gran cambio no está únicamente en las máquinas o los estilos, sino en la propia forma de entender la profesión, la cual debe de ser guiada desde la pasión.
El tatuaje que hace años podía ser una declaración de rebeldía, mientras que ahora puede ser el pequeño recuerdo de un abuelo sobre la piel de un nieto, pero siempre con la capacidad de reescribirlo.
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