La víctima del crimen de la vieja estación pidió auxilio: "Me están matando"
La presunta autora de las puñaladas mortales fue hallada de rodillas sobre su pareja con un cuchillo en la mano: “Lárgate de aquí, no te interesa”, dijo a quien se acercó tras los gritos
De rodillas sobre el cuerpo de Roberto, de 56 años, y empuñando un cuchillo. Así fue encontrada su pareja, Silvia, de 36, por el tercer compañero de chabola desde hace solo unos días. Este hombre, amigo de la víctima, pernoctaba con la pareja en el habítáculo levantado en la vieja estación de autobuses, donde más de una decena de personas en situación de vulnerabilidad se refugian desde hace más de un año.
Asustado por la escena, lo primero que hizo fue desarmar a la mujer y salir corriendo buscando ayuda. Eran aproximadamente las seis y media de la tarde del viernes y nadie hacía presagiar que el día acabaría de forma tan trágica.
Por la mañana, todo había transcurrido con normalidad. “Silvia y el otro chico habían ido al supermercado a comprar comida porque Roberto no podía cargar con las bolsas, tenía artrosis y problemas en la cadera y la rodilla, andaba cojo, con muletas”, cuenta uno de los residentes en la estación, que afirma que a la hora de los hechos ya no estaba, “normalmente la gente aquí solo viene a dormir”.
Según los testimonios recabados por la Policía, la pareja y su nuevo compañero comieron juntos sin que se registraran altercados. Todo habría ocurrido dentro de la chabola, en un momento en el que el tercer residente habría salido fuera. Solos los dos, todo apunta a una discusión entre ellos, si bien los pocos que estaban allí en ese momento no escucharon nada, hasta los gritos de auxilio de Roberto: “Me están matando”.
Fue su amigo el que regresó de inmediato y se topó con la mujer de rodillas sobre la víctima, con un cuchillo en la mano y mucha sangre. Lo primero que hizo fue desarmarla y salir a pedir ayuda. “Llama a la Policía, hay mucha sangre, mataron a Rober”, fue la frase que sobresaltó a los que estaban por allí.
El atestado policial recoge también cómo otra persona se acercó de inmediato y desde fuera preguntó a Roberto si estaba bien, pero no le contestó. La mujer, con la cabeza de la víctima sobre su hombro, se limitó a decir: “Lárgate de aquí, no te interesa”.
La Policía Local tardó apenas unos minutos en llegar y procedió a la detención de Silvia, de 36 años. Seguía en el interior de la chabola junto a Roberto. “Estaba muy tranquila, primero se arrodilló y después la metieron en el coche, no sé si estaría en shock, pero no dijo nada”, explicaba una mujer que vio cómo los agentes sacaban a la sospechosa hacia la calle. Los sanitarios trataron de reanimar a la víctima sin éxito. Tenía cuchilladas en el cuello, en la zona de la axila y por los brazos.
Ayer, todo era tristeza en la vieja estación de autobuses. “Aquí nos llevamos bien, la gente no se mete con nadie, todos estamos en una situación límite, sin alternativas, así que no tenemos problemas, nunca imaginábamos una cosa así”, explicaba Juan Ignacio, otra persona sin hogar.
Hoy está previsto que la presunta homicida pase a disposición judicial.
Un buen tipo, ilusionado con su relación, que “no merecía morir así”
Quienes conocían a Roberto coincidían en calificarlo de “buena persona”, “persona maravillosa”, “un buen tipo”… Ayer, su sobrino José Enrique y su cuñada Margarita se acercaban hasta la chabola en la que vivía, “no merecía morir de esta manera”. El día anterior, José Enrique fue quien lo identificó junto a la Policía. “Estaba esperando por una operación de cadera y ahora yo le veía ilusionado con esta chica, hasta había encontrado un piso donde irse a vivir de okupa”, explicaba el sobrino. Margarita incidía en que “siempre le brindamos ayuda, hasta vivió en mi casa, pero es una persona que prefería su autonomía”.
Padre de cuatro hijos, en A Doblada era conocido y querido. La vida no le fue fácil y se vio envuelto en problemas de consumo de alcohol y drogas, “pero nunca hizo nada malo a nadie, ni cometió delitos graves, era una persona pacífica”. De eso daban fe quienes compartían con él espacio en la vieja estación de autobuses. Algunos, incluso con lágrimas, sin poder todavía creerse que hubiera muerto. De nuevo, coincidencia en que era una persona tranquila, y que desde que estaba con Silvia, apenas les vieron discutir.
Esa mañana, según uno de sus conocidos, “sí estaba enfadado, me dijo, porque ella se había ido con otro chico, y no era la primera vez”.
Marcada por la vulnerabilidad: una mujer joven en la calle
El germen de este trágico suceso gira en torno a la situación de especial vulnerabilidad tanto de la víctima como de la presunta homicida. Ella había contado en un artículo en “Praza.gal” cómo se había mudado a la estación en el mes de abril, porque allí al menos “no había peleas”. Reconocía entonces que se encontraba en esa situación porque había hecho algunas cosas mal. Algo que también contaba a los vecinos. “Era muy riquiña, callada”, comentaban. Sin embargo, quienes pernoctaban allí creen que tenía algún problema de salud mental agravado por el consumo.
Ayer, los primeros en hacer un homenaje a Roberto fueron los miembros del colectivo Os Ninguéns, que llevan tiempo luchando por una solución para las personas sin hogar que viven en la vieja estación de autobuses. Colocaron un ramo de flores con su nombre junto a la chabola donde ocurrió el crimen, un acto que sirvió de nuevo como una llamada de atención para pedir una solución a estas personas. “Las personas que duermen en este lugar están gravemente empobrecidas, vulnerabilizadas y muchas de ellas tienen condiciones de salud complicadas, tanto enfermedades físicas como mentales que se ven empeoradas por el contexto de sinhogarismo, que cronifica y potencia”, aseguraron desde este colectivo, que mostró su deseo de que cuanto antes se tomen medidas para reubicar al resto de las personas que todavía están allí. La Xunta también lamentó lo ocurrido y aseguró que trabaja para poder garantizar la seguridad de la estación teniendo en cuenta la situación de las personas que están allí.
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