Verdear gestiona dos pisos para personas con adicciones
Alborada realiza diariamente el acompañamiento de estas personas en un recurso que se estrenó este verano
Verdear, uno de los programas estrella de la asociación Alborada, llevaba años solicitando recursos de apoyo residencial para personas con conductas adictivas y para otros colectivos que se encuentran en situación de exclusión social. Ahora acaban de conseguir dos pisos en Vigo con la ayuda de Provivienda, uno para hombres y otro para mujeres, en el que varios usuarios han empezado a convivir bajo la supervisión de Alborada.
Estas personas solían peregrinar de albergue en albergue o viven en la calle. Todos ellos dan el perfil para poder convivir con otras personas y participan en alguno de los programas de tratamiento de adicciones y exclusión social tanto de Alborada como de otras entidades similares.
El programa Verdear se apoya fundamentalmente en la vida rural. Nació al amparo del Concello de Vigo y la Diputación de Pontevedra, aunque también cuenta con ayudas de la Xunta y de empresas para poder funcionar. Está situado en unos terrenos de 5.000 metros cuadrados cedidos por la Comunidad de Montes de Cabral, donde disponen de un invernadero y de instalaciones que permiten formar a los usuarios en el ámbito de la agricultura y la horticultura. Es un soporte formativo, ocupacional y de emprendimiento cara el empleo.
El hecho de estar en el monte les permite además promover rutinas de vida saludable, así como la socialización e inclusión de las personas que participan.
Todos los días, de lunes a viernes, comienzan la jornada a las ocho de la mañana recogiendo a una veintena de usuarios en dos furgonetas para llevarlos a Cotogrande. Les gustaría prestar servicio también el fin de semana, pero no tienen recursos para ello. La vida rural y las tareas del campo son terapéuticas para los usuarios, y a la vez se ocupan de limpiar su parte del monte para evitar incendios y favorecer la biodiversidad.
Manuel Rodríguez es la persona que está al frente del equipo Verdear desde hace catorce años. Explica que la necesidad de encontrar un techo para muchos usuarios les había llevado en su día a plantear a la Comunidad de Montes la posibilidad de instalar unos bungalows donde estas personas pudieran tener su habitación y para ello necesitaban una cesión del terreno a varios años, pero la idea no llegó a fructificar. Este verano consiguieron los pisos, el de mujeres en julio y el de hombres en agosto. “Para nosotros fue un milagro”, subraya. Los usuarios pagarán el alquiler, puesto que tienen alguna paga, y es un dinero que no se destinará a consumos no deseados. No los dejarán solos, porque acudirán diariamente para realizar el acompañamiento y la rehabilitación.
En su opinión, las adicciones tienen “un componente de discapacidad emocional y social muy importante”. Por eso, reivindica que tengan la misma consideración que otras discapacidades, a las que se destinan más recursos de apoyo. En las entidades que atienden a personas con discapacidad física por ejemplo hay también familias implicadas, en el caso de las adicciones la mayoría están “quemadas” por la situación y por el estigma social.
En este programa de Alborada están acostumbrados a convivir con otros colectivos, que acuden al monte a realizar actividades que favorecen la socialización y la integración, como las mujeres de las Esclavas de la Virgen Dolorosa que realizan un curso de cocina, entidades que trabajan con inmigrantes, entre otros.
Preguntado por los albergues de la ciudad, explica que suelen estar llenos, que tienen una estancia máxima de 10 a 15 días, y que tienen horarios muy restringidos y en alguno los mandan a la calle a las 8 o 9 de la mañana. Hay también casos de usuarios que tienen perros, pero estos centros no admiten mascotas a pesar de que esa compañía “les ayuda bastante a nivel emocional”.
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