Vacaciones con juegos y salidas en el piso de Apamp
El servicio de respiro familiar está abierto también a otras entidades y a personas con discapacidad que vienen de fuera
Con ganas de pasarlo bien y de convivir una semana entera con los compañeros con los que pasan el año en el centro de día de la calle Miguel Hernández, un dispositivo que cierra en agosto. Este era el ambiente que se respiraba ayer en el piso de respiro familiar que tiene la Asociación de Familias de Personas con Parálisis Cerebral, Apamp, en la calle Camelias.
Dos cuidadoras, Cata y Andrea, se ocupaban de recibir al grupo, al que espera una semana de juegos y salidas.
El piso, que está completamente adaptado, tiene un patio de grandes proporciones que se utiliza para comer fuera en verano, para hacer actividades o incluso para la fiesta del agua que tienen prevista para este miércoles. El inmueble se utiliza todo el año, con fines de semana de respiro familiar durante el invierno (de viernes a lunes) mientras que en verano suelen ser estancias de una semana, tanto para usuarios de Apamp como para otros colectivos que lo solicitan como la Fundación Menela, Aceesca de Porriño, Aspace, entre otras.
También se utiliza para necesidades puntuales de las familias y, a mayores, es el punto de alojamiento para familias con personas que tienen discapacidad que visitan Vigo y también para participantes y deportistas que hacen el Camino de Santiago con Discamino.
La entidad explica que el objetivo es garantizar el descanso familiar y ofrecer a los usuarios alternativas de ocio inclusivo, además de fomentar su autonomía. El dispositivo abrió en 2009 como primer centro residencial de Apamp. Inicialmente, atendió de lunes a viernes a 7 personas que no podían seguir en sus hogares porque sus padres se habían hecho mayores o habían fallecido. Los fines de semana, el piso funcionaba como servicio de respiro familiar en la modalidad conocida internamente como “camas calientes”. A partir de 2013, con la apertura del centro residencial de Navia, los residentes se trasladaron a las nuevas instalaciones y el piso de Camelias 36 se consolidó como recurso exclusivo para respiro familiar, estancias temporales y conciliación.
Marina, una de las madres que estaban ayer en el piso, señalaba que es un servicio muy demandado y que también cuentan con los campamentos de la Xunta, pero con muy pocas plazas. Para ella, la principal ventaja es para los usuarios, porque salen de su entorno familiar. “Necesitan hacer una vida lo más normal posible, como otros niños de su edad. Vienen muy contentos". En cuanto a las familias, reconoce que es un respiro importante. Son los únicos días en los que puede viajar y lo hace por salud mental, para desconectar. ”Muchas parejas se separan, no es mi caso. Nadie ve el trabajo que hay detrás". Su hija acude a Apamp y también a muchas otras terapias que costea la familia. Explica que una de las mayores preocupaciones de los padres es qué pasará con sus hijos cuando ellos no estén. Defiende la necesidad de crear pisos tutelados para que personas con edades y discapacidades similares puedan compartir su vida. Su hija tuvo una cardiopatía congénita que no le detectaron al nacer y a los ocho días sufrió una hipoxia que le provocó un daño cerebral.
Cata Pinzón es la responsable del servicio de respiro familiar. Explica que la idea es que lo pasen bien en un ambiente muy familiar, con actividades adaptadas a los gustos del grupo, desde ir al cine, de compras, a la piscina, a Portugal y muchas otras opciones. “Vamos preparados para estar en un sitio, comer y hacer todos los cambios que se necesiten a nivel sanitario, y volvemos”. Los usuarios hacen actividades de ocio, comparten tiempo con sus compañeros y con sus cuidadores, con los que les unen lazos de camaradería y amistad. El piso está atendido por 6 personas que hacen turnos. Los vecinos los conocen y los aprecian, e incluso alguna les llevó algún juego y pasó tiempo con ellos.
Contenido patrocinado
También te puede interesar