El fin del tranvía y los diez concejales sobornados

Episodios vigueses

" Pero Vigo era una ciudad apetecible para la inversión extranjera que operaba en este terreno"

Tranvía bien aprovechado.
Tranvía bien aprovechado. | Ángel Llanos

Entre los excelentes regalos que me hizo Angel Llanos dispongo de una colección fabulosa de tranvías de Vigo. Muchas de esas fotos las hacía el mismo desde el balcón de su casa en la calle Colón. Algunas de esas secuencias son casi míticas y famosas. Más de una vez se ha hablado aquí de la posibilidad de haber mantenido al menos una línea de tranvía como recurso turístico y recurso, no ya por el centro, sino por la zona de Orillamar. Pero no es viable, entre otras cosas, porque al actual alcalde le ha parecido imposible y complicado. Se han limitado a conservar un viejo ejemplar a modo de recuerdo.

Pero es cierto que, todavía en tiempos recientes, esa posibilidad llegó a plantearse seriamente. El tranvía transportó a los vigueses entre 1914 y 1968 y tuvo su mayor enemigo en el polémico alcalde Portanet, que hizo de ello empeñó personal hasta que lo logró. Pero lo cierto es que este popular modo de transporte tuvo y tiene muchos partidarios. En 1993, VITRASA propuso la construcción de dos líneas, conectando el Cruce dos Choróns con la Avenida de Beiramar y Bouzas. En 2017 y 2021 la Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras (Seopan) volvió a patrocinar la vuelta del tranvía, pero chocó con la oposición de Abel Caballero. El gran iluminador consideró que ello sería “un gasto excesivo” para las arcas municipales, y prefirió invertir en bombillas.

Evidencia del empuje de Vigo como ciudad adelantada en modernidad es que la más temprana propuesta para tender raíles por la ciudad es de 1891, cuando Manuel Fernández Soler, autor del primer plano general de Vigo, propuso una primera línea entre Guixar y Bouzas. Incluso se propuso la idea de un tranvía a vapor, idea que suscribe en 1898, el diputado provincial Vicente Fernández Domínguez. Pero Vigo era una ciudad apetecible para la inversión extranjera que operaba en este terreno. La crónica oficial señala que en 1907 Laureano Salgado concede a la sociedad belga Societé Anónime des Transways de la Galice los trabajos de construcción de la red, y el 3 de mayo comienza a colocarse el tendido eléctrico.

En 1911 surge la empresa Tranvías Eléctricos de Vigo, Sociedad Anónima (TEVSA) que tras adquirir los primeros veinte tranvías eléctricos en 1913 lleva a cabo las primeras pruebas en el 2 de junio de 1914 se llevan a cabo las primeras pruebas. El 1 de agosto del mismo año comienza a funcionar el tramo de la calle Elduayen. Las cocheras se instalan en las Traviesas al comienzo de lo que sería la avenida Castelao. La compañía pasó por diversos altibajos, pero eso no impide que se ponga en marcha la línea a Chapela y O Porriño. Pero la idea originar, dado la fama del balneario de Mondariz, donde veraneaba el general Primo de Rivera, concibe la idea de llegar hasta este famoso lugar. Ya en 1926 el tranvía crece en otra dirección hacia Gondomar y Baiona. Una película documental de los años sesenta recoge varias secuencias de esta ruta e inevitablemente genera un sentimiento de nostalgia, transmitido por el recuerdo de quienes no disfrutaron de aquel trayecto, en el que quedan las viejas estaciones que lo evocan. Otro enlace en el que se tenía mucha confianza era del que se proyectó hacia Samil.

Pero para Portanet el tranvía era una reliquia que había de desplazar mediante modernos autobuses urbanos e hizo de ello una cuestión personal. No sin polémica, en mayo de 1968 la compañía Viguesa de Transporte Sociedad Anónima (VITRASA) gana el concurso para la operación del transporte público de Vigo. Por lo que el 30 de diciembre de 1968 el tranvía deja de prestar servicio. Pero esta historia tiene otra dentro, la de los diez concejales de Vigo condenados por el Tribunal Supremo por haber aceptado ser obsequiados por la empresa concesionarias de los autobuses, quienes aceptaron joyas por valor de 169.000 pesetas de la época de manos del consejero delegado de VITRASA Juan Álvarez Arrojo. En Pontevedra, presidió el juicio Mariano Rajoy padre, y el fiscal era Cándido Conde-Pumpido Ferreiro, padre del actual presidente del Constitucional. Rajoy fue benevolente con el soborno, admitiendo una argucia de los acusados. Pretendían que las joyas (como en el caso de las de Zapatero) era un regalo voluntario con independencia de o que habían votado. Pero el fiscal recurrió y finalmente salió victorioso cuando el Supremo confirmo el delito a todos los efectos. Sobre esta historia volveremos con detalle.

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