La temporada de verano en los bares dura hasta Navidad

Los camareros que se contratan para reforzar las plantillas en junio se mantienen hasta pasado el mes de enero debido a la elevada afluencia y las dificultades para contratar

Las cafeterías empiezan ahora su temporada alta y gracias a la Navidad, apenas hay bajones hasta enero.
Las cafeterías empiezan ahora su temporada alta y gracias a la Navidad, apenas hay bajones hasta enero. | J.V. Landín

La de camarero es una profesión muy típica del verano. Los locales de hostelería refuerzan sus plantillas con múltiples incorporaciones para atender a la elevada demanda de clientes que trae el buen tiempo. Pero en Vigo, desde hace unos años, la temporada de verano dura seis meses. Sobre todo para los bares y restaurantes más céntricos, que con el tirón turístico que adquirió la Navidad mantienen una afluencia muy alta desde junio y hasta bien entrado el mes de enero con muy pocos bajones. De este modo, los camareros que se contratan en los meses veraniegos para reforzar la plantilla se mantienen en nómina durante casi medio año.

Así lo confirma César Sánchez Ballesteros, presidente de Feprotur, la patronal de la hostelería y el turismo de la provincia de Pontevedra, quien señala que “antes aguantábamos hasta Conxemar (primera semana de octubre), pero muchos establecimientos de hostelería ahora intentan alargar la temporada hasta enero”. Una de las razones es tener ya a personal formado para una época que cada vez atrae a más turistas al centro, pero quizá la más importante, como apunta el propio Ballesteros, tiene que ver con las dificultades para contratar: “A pesar de que estamos en temporada alta, muchos restaurantes y cafeterías optan por cerrar un día o dar servicios más limitados para poder cuadrar los descansos del personal”. Paradójicamente, el presidente de Feprotur indica que “nunca trabajó tanta gente en nuestro sector, pero la demanda todavía es mayor a la oferta existente”.

Con tranquilidad

Los camareros y camareras que trabajan en las cafeterías más cercanas al árbol de Navidad saben de sobra lo complicado que es gestionar una época con semejante afluencia de clientes. Karina, que trabaja en “Al Alba”, en plena Porta do Sol, desde hace dos años –pero lleva ya más de veinte detrás de la barra– bromea diciendo que “en esa época nos ves como locas, con los pelos de punta”, pero que lleva su trabajo con “mucha deportividad, buen humor, carisma y tranquilidad. Si me estreso, me vuelvo loca”.

Lorena Coira trabaja en Sésamo, también en pleno kilómetro 0 de la ciudad. Asegura que “cuando empecé –hace unos 8 años– los veranos eran mucho más tranquilos, pero desde que pegó un tirón la Navidad el verano también fue a más”.

A pocos metros, en Praza da Princesa, María José atiende tras la barra en la cafetería Cosmos. Lleva 43 años en la hostelería y comenta que las Navidades en un local tan cercano al árbol pueden ser “agobiantes por la cantidad de gente, pero se acaban llevando bien” y que este verano, gracias al tiempo desapacible de las primeras semanas “está siendo un poco más flojo que otros”.

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