“Son 10 meses fuera, pero la emoción lo compensa”

Educación

La viguesa Antía Pato es una de las agraciadas con la beca de la Fundación Amancio Ortega para estudiar en el extranjero

La joven estudiante, con la profesora que le ayuda a estudiar inglés en la academia.
La joven estudiante, con la profesora que le ayuda a estudiar inglés en la academia. | Atlántico

Cada año, la Fundación Amancio Ortega recibe más de 8.000 peticiones de estudiantes de 4º de la ESO para su programa de becas que permiten a alumnado de 1º de Bachillerato estudiar este curso íntegro en Canadá y Estados Unidos. De esos más de 8.000, apenas 450 alumnos de todo el país logran superar todo el proceso y ser seleccionados para esta experiencia. Y la viguesa Antía Pato es una de las que la vivirá el próximo curso.

Esta joven, que actualmente cursa 4º de la ESO en el CPI Mondariz, asegura que se interesó por esta beca porque “siempre me ha encantado viajar, es una forma maravillosa de aprender muchas cosas”. La oportunidad que le ofrecía el programa de becas de la Fundación Amancio Ortega era una experiencia “llamativa, sobre todo para gente de mi edad que tiene ganas de ver mundo”, como ella misma apunta. Con todo, no fue un proceso sencillo de superar. Además de presentar la solicitud, donde el currículum académico es escrutinizado a conciencia, los aspirantes deben hacer un examen en el que demuestren su nivel de inglés y una vez son preseleccionados, hacer una entrevista personal.

Antía está especialmente contenta tras superar todo el proceso porque, además de ser una de los 450 elegidos, pasará todo el curso que viene en Canadá, el país que ella quería visitar –los destinos se eligen en sorteo–: “Me llama muchísimo la atención Canadá sobre todo por su sistema educativo. Allí es una educación mucho más práctica y tienen materias totalmente diferentes”, explica la joven estudiante. 

Comenta que acudirá a esta experiencia con la expectativa de “poder mejorar mucho mi nivel de inglés”, idioma que le gusta mucho y que lleva estudiando desde pequeña en una academia. Además, también siente mucha curiosidad por las celebraciones típicas de Norteamérica: “Me gustaría ver cómo viven allí fiestas como la Navidad, Acción de Gracias… Me apetece conocer esas tradiciones que a nosotros se nos escapan”.

Así, pasará hasta diez meses fuera de casa, algo que admite que le da “coraje, como a cualquier persona de mi edad”, pero reconoce que “la emoción lo compensa, y además sé que iré a aprender y voy a estar bien cuidada con una familia de acogida. Obviamente echaré de menos a mi familia, pero sé que estaré tranquila”. Antía aprovecha para animar a todos los que estén pensando optar a este programa “que lo hagan, que prueben suerte, porque es una experiencia irrepetible”.

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