Adiós con sobresaliente al curso del covid en los colegios de Vigo

El curso escolar bajó ayer el telón en los colegios de Vigo y su área tras el año más complicado debido a la pandemia. La complejidad que impuso el covid hizo que las despedidas (en la foto) fuesen ayer más intensas entre alumnos, profesores y familias. Los centros vigueses matuvieron la presencialidad del primero al último día cumpliendo con todos los protocolos para evitar y frenar los posibles contagios

La despedida de fin de curso en el Niño Jesús de Praga fue casi tan emocionante como el primer día de clase.
La despedida de fin de curso en el Niño Jesús de Praga fue casi tan emocionante como el primer día de clase.

La comunidad educativa viguesa terminó con sobresaliente el curso de la pandemia, que fue presencial desde el primero al último día y con toda la complejidad que impuso el virus.

Nunca antes una despedida de curso había estado cargada de tantas emociones, a las habituales de los compañeros de clase despidiéndose hasta el curso que viene se sumó el agradecimiento masivo de las familias a los profesores porque supieron organizar los centros, vigilar el cumpliento estricto de los protocolos y se arriesgaron a un contagio, todo ello para dar toda la “normalidad posible”en el año del virus. También aprobaron con nota la mayoría de las familias, que entendieron la situación, desde que se producía un contagio hasta cuando abrigaron a sus hijos cuando era obligatorio ventilar en pleno invierno o al preocuparse por el uso permanente de la mascarilla. Los escolares a su vez mostraron una capacidad de adaptación notable, a pesar de la distancia obligatoria y de renunciar a muchas cosas, y en general con buenos resultados académicos a pesar de que tenían que recuperar materia que no se pudo dar en el confinamiento.

El presidente de la asociación de directores de colegios públicos de Vigo, Juan Carlos Abalde, explica que “fue difícil, pero por encima de todo salimos adelante”. Los docentes buscaron “soluciones creativas” para hacer que la vida escolar fuera interesante, convencidos en todo momento de que la presencialidad es la esencia de la educación, y aunque se perdieron cosas como excursiones o proyectos por equipos “al final los niños demostraron que tenían ganas de estar en el cole, a pesar de las normas con las que fuimos exigentes, las distancias y las mascarillas”, destaca Abalde. Explica que los profesores se convirtieron en “técnicos de limpieza, desinfección y ventilación” y que los centros convivieron con el frío porque sabían que era necesario ventilar. Pasaron también de no saber cómo notificar casos a la llegada de distintos protocolos, y superaron también la dificultad de la vacuna, que aún no llegó a todos (faltan segundas dosis) porque había días con varios profes de baja por los efectos del pinchazo. “Nadie estaba preparado”. Por eso renunciaron a parte de las vacaciones el verano pasado, solo en Navidad se permitieron desconectar.

Carmen Amorín es madre del colegio Chans-Bembrive y asegura que “nuestro centro lo hizo muy bien, nos sentimos seguros y apoyados, los casos fueron mínimos y en ningún momento nos infundieron más miedo del que ya teníamos”. El anpa del Chans donó medidores de CO2 y estaban dispuestos a adquirir filtros Hepa pero la Xunta no lo autorizó. Cree que la presencialidad fue un alivio para familias que trabajan y porque no todos tienen medios para seguir las clases online. Carmen tiene dos hijos, una niña de 3 y un niño de 5 años, que se acostumbraron a la mascarilla porque todo el mundo la llevaba pero lo más duro fue cuando la pequeña le preguntó cuándo podría dar un beso a sus amigas. Destacó el esfuerzo de los profes para que los niños cumplieron los objetivos académicos y para que funcionase el grupo burbuja. En Infantil las familias apostaron por la mascarilla, aunque no era obligatoria, por respeto al profesor.

“Fue duro mantener distancias”

“Cuarto de la ESO es un curso en el que siempre hay muchas salidas y un viaje. Eso nos lo perdimos por la pandemia”, explican los estudiantes del IES San Tomé Lucía Casteleiro, Pablo Alonso y Laura González, que ayer celebraron el último día de clase con una comida al aire libre. Se habituaron a llevar la mascarilla como una parte más del vestuario aunque reconocen que no fue fácil mantenerla en algunas actividades de Educación Física, también notaron el frío por las ventilaciones necesarias pero por suerte no hubo catarros imnportantes que lamentar y les dio pena no poder ir la laboratorio en clase de Física y Química. En esa lista de dificultades que tuvieron que superar ponen entre los primeros puestos la distancia de seguridad, otro concepto que llegó con la pandemia y que tuvieron que interiorizar. Acercarse y abrazarse estaba prohibido dentro del aula y fuera también porque durante meses no pudieron quedar con personas no convivientes. Con todo, la imposibilidad de abrazarse fue más dura en Infantil o Primaria.

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