Al rescate de los compositores malditos

Sinerxias 430 pone el foco en Albéric Magnard, autor francés de finales del XIX, desconocido para el gran público

Javier Escobar, de la Vigo 430, y el pianista Brais González, en el Vitruvia, donde el jueves se celebrará Sinerxias 430.
Javier Escobar, de la Vigo 430, y el pianista Brais González, en el Vitruvia, donde el jueves se celebrará Sinerxias 430. | Vicente Alonso

 “Yo no conocía a Albéric Magnard”, reconoce Javier Escobar, director artístico de Vigo 430 y responsable del Festival Sinerxias 430, que esta semana le dedicará un concierto. Será un ensemble, compuesta por un cuarteto de vientos (flauta, clarinete, oboe y fagot), acompañado por piano. “Para una formación de estas características, el cuerpo de obras es pequeño, ese es el primer motivo por el que escogimos a este autor”, afirma el pianista Brais González, promotor del Proyecto Margnard, para reivindicar su música. De estudiante tocó dos de sus piezas que mantiene vivos en su memoria. “Tiene un segundo movimiento que es una preciosidad y tenía muchas ganas de tocar la obra entera”.

Convocados por Atlántico, Escobar y González disertaron sobre el programa dedicado al compositor francés que comenzará con una mesa redonda este jueves, a las 20 horas, en el Café Vitruvia bajo el título “Canon e esquecemento: quen decide o que escoitamos?”, y el próximo sábado 31, también a las 20 horas, el concierto en el auditorio del teatro García Barbón con la obra “Quinteto para vientos y piano”, op.8, de Magnard, acompañada por “Quatour”, de Jean Françaix; “Tarantelle op. 6”, de Camille Saint-Saëns y “Trío para oboe, fagot y piano, FP43”, de Poulec.

“¿Por qué no se conoce tanto a este compositor como a otros si tiene gran calidad?”. Brais González deja la pregunta en el aire. “No se trata solo de encontrar repertorios adecuados, sino descubrir autores que no conocemos, que por alguna razón quedaron fuera del radar. Vale la pena interpretar sus obras y explicar cuál es el motivo de que no se haya sabido de ellos”. Reconoce que no es una respuesta fácil, ya que hay muchos aspectos que entren en juego.

Para Escobar como programador de la orquesta y docente, el riesgo de apostar por un compositor desconocido puede volverse en un aliciente. “Si está bien integrado, puede resultar un programa sumamente atractivo para un público al que se le ofrece un descubrimiento muy grande. Queremos acabar con el tópico de que la música clásica hay que entenderla para disfrutarla, eso no es así”. Afirma que a él mismo le sucede cuando escucha piezas de autores poco conocidos. “Me pasó con Louis Spohr, coetáneo de Beethoven, que no suena entre el gran público, pero que en su época gozó de un gran reconocimiento”.

Con todo, el caso de Magnard es diferente, tal y como explica González. “Era el hijo del director de ‘Le Fígaro’ y compuso a su ritmo. No quiso pasar por el aro de las cosas que había que hacer en Francia de la época para conseguir ser editado o interpretado en las sociedades de conciertos de aquella. Fue peculiar porque él mismo hizo algunos movimientos para alejarse del canon interpretativo”. Pese a tener calidad, para que un compositor clásico lograse trascender hasta la actualidad, dependía de la propia industria musical, como de que las editoriales decidiesen o no publicar sus partituras. “Era la única manera de conocer la música, antes no había discos y tampoco se daban muchos conciertos. A partir del siglo XIX las principales casas consideraron que salía más beneficioso editar a compositores muertos y consolidados”. Entonces, ¿cómo llegaron a consolidarse? Brais González señala que los grandes como Beethoven, Schumann o Brahms “tenían amistades con grandes intérpretes que fueron también marcando el canon en las grandes sociedades de conciertos, responsables de estandarizar el repertorio, reforzado después por los propios conservatorios que marcan las piezas que se estudian”.

Y así, solo unos pocos lograron que se editasen sus obras completas. “Fue una forma de colocarlos en un sitio distinto. Llevo a pensar que tenían que ser muy buenos para merecer una publicación universal. Pero asumir que todo lo que hizo Beethoven o Schumann era bueno es algo bastante discutible”. El pianista hace autocrítica al considerar que como intérprete también cayó en ese vicio.

Ambos reconocen que muchas veces son los propios músicos los que discriminan a los compositores, “prefieren tocar obras que revalorice su carrera”. Con todo, las cosas están cambiando. Tal y como afirma Escobar, él como profesor de conservatorio no dejó de lado a los considerados compositores menores. “Busco obras que se adapten al alumnado, tanto para que disfruten con la calidad de la música como para que sean asequibles a nivel técnico”.

La edición pasada Sinerxias 430 investigó sobre mujeres compositoras silenciadas a lo largo de la historia y en esta continúa con el rescate de autores que por calidad “merecen estar al mismo nivel que los consagrados”, apunta Javier Escobar.

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