Recuerdos, anécdotas, sucedidos y romances en el Hotel Bahía
Episodios vigueses
Cuando leí en Atlántico que el nuevo propietario del Hotel Bahía se propone llevar a cabo algunas reformas apreciables en el mismo: convertir la terraza en un espacio abierto y un mirador, y por otro, cambiar la fachada por completo, me acordé de diversas escenas, episodios, anécdotas y recuerdos de cosas que pasaron por allí, de las que los periodistas de mis tiempos juveniles fuimos testigos. Algunas son divertidas. En la famosa terraza, donde tuvieron lugar recepciones y actos diversos, con frecuencia de personajes de la vida local. Estábamos en una ocasión con las autoridades municipales, en la época que era alcalde de la ciudad Antonio Ramilo, de quien recurso su especial sentido del humor, cáustico, por cierto, cuando sobrevino algo no esperado.
Departíamos amigablemente unos y otros, cuando vimos caer desde la parte superior del hotel de un objeto volador que iba evolucionando de manera visible, cuando ya cerca de la cabeza de la primera autoridad municipal estuvo de alcanzar su inesperado objetivo. Era un preservativo usado, vulgo condón, que habían lanzado al vacío desde las habitaciones superiores. Ramilo, advertido a tiempo, pudo zafarse en el último segundo del aterrizaje. Quedamos tan sorprendidos que a todos se nos quitó el apetito de seguir consumiendo los manjares de aquel vino español. Se hizo un silencio espeso y todos nos retiramos de aquel espacio no fueran a caer nuevos proyectiles.
El Hotel Bahía fue en tiempo un gran, digamos, “picadero urbano” y en ese sentido prestó destacados servicios a sus usuarios al tiempo que nos proporcionó divertidos episodios de lances y sucedidos, cuando algunos golferas fueron sorprendidos a las puertas del establecimiento por sus legítimas tras disfrutar de la hospitalidad con ajenas. En Vigo estas noticias corrían con rapidez con el lógico recochineo que cabe imaginar. Una parte del hotel albergaba varias “garçonnière” de personajes de la ciudad, que es un modo fino de decir “pìcadero”. Y todo el mundo lo sabía, porque sus usuarios lo contaban.
Pero aparte de estos lances, las salas del Bahía fueron espacio a lo largo de aquellos años setenta y siguientes, de numerosos homenajes, comidas, celebraciones, actos políticos diversos, donde los que asistíamos éramos siempre bien acogidos. Tenía, a mi entender, un apreciable servicio de cocina y un personal eficiente.
De esos recuerdos de aquellos años, hay un episodio que quiero anotar, ocurrido a principio de los años 70. La ciudad estaba conmocionada por la repetición de accidentes en el tramo ferroviario de Vigo a Madrid, por Ourense y Puebla de Sanabria, por lo que la Cámara de Comercio realizó una decidida labor de crítica y denuncia sobre los riesgos evidentes que en aquel tiempo suponía viajar a Madrid en tren. El escándalo nacional fue de tal nivel, que vino a Vigo el entonces presidente de Renfe, cuyo nombre no recuerdo, para dar una explicación y anunciar mejoras. Para la tensa rueda de prensa eligió el Hotel Bahía. Para mí es uno de los recuerdos de situación más violenta que he vivido como periodista. Como es costumbre en estos casos, el convocante había encargado un vino español, que estaba servido al lado de la sala de la reunión. Todos los periodistas de Vigo, sin excepción, no probamos bocado. Terminada la rueda de prensa, nos fuimos, y allí quedó servido el agasajo. Fue un acto espontáneo, natural. El motivo de la conferencia de prensa era terrible y doloroso y, sin perder la educación y la cortesía al convocante, el asunto no era precisamente para celebrar nada.
Otras muchas veces, tuvimos ocasión de disfrutar de aquella hospitalidad. En los salones del Bahía se escribieron importantes escenas durante la transición. Recuerdo especialmente una reunión con Marcelino Camacho, de la que guardo unas preciosas fotos de Llanos de aquel día. Pero de eso ya hablaremos en otra ocasión.
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