El rastrillo de la AECC dice adiós con un récord de ventas
La asociación recaudó 3.000 euros más que el año pasado y ahora busca un almacén para guardar el resto de los objetos
La Asociación Española contra el Cáncer cerró ayer el rastrillo solidario que se celebra desde hace 30 años en Vigo con una variada oferta de objetos de regalos coincidiendo con las fechas navideñas y que permite recaudar fondos para los servicios de acompañamiento de pacientes y familiares, las campañas de prevención y para financiar proyectos de investigación.
Se van con buen sabor de boca, porque lograron recaudar 3.000 euros más que el año pasado y porque tuvieron una gran afluencia de personas interesadas en los artículos donados por particulares y empresas o que se pasaron por el rastrillo para hacer una donación en efectivo. El año pasado superaron los 25.000 euros en ventas y este año están más cerca de los 30.000.
El rastrillo abrió el día 10 de noviembre pasado y ayer dijo adiós en un local que cede desde hace ocho años Visionlab y está en el número uno de la calle Hernán Cortes, a pocos metros de Urzáiz.
Ahora buscan la cesión de un bajo o un almacén para poder guardar todos los productos que no se llegaron a vender, entre ellos loza “preciosísima”, cochecitos y ropa de bebé, libros, bolsos, bisutería, entre otras muchas cosas, porque el local que venían usando hasta ahora está alquilado.
La iniciativa funciona gracias a las donaciones de artículos que recibe la asociación viguesa y a las personas que hacen allí sus compras, algunas fieles de todos los años, pero también por el trabajo y la constancia de las voluntarias.
Son 60 personas de todas las edades, aunque predominan las mayores, las que ponen en marcha este rastro, aunque a la hora de la verdad acaban yendo muchas menosvoluntarias por distintos motivos. Son todas mujeres menos un hombre que se animó a colaborar y acudía una vez por semana a vender en el local.
Entre las voluntarias incombustibles están Loli, de 82 años, y Maricarmen, de 75. Las dos se hicieron socias de la AECC porque tuvieron algún familiar cercano con cáncer.
Loli hacía ayer el papel de encargada en el rastrillo, llena de energía, ánimo y capacidad de convicción para defender un jarrón o un juego de café. “La verdad es que este año tuvimos cosas increíbles, jarrones, juegos de café, abrigos de visón, figuras de Lladró y Sargadelos, muebles, de todo”. Hay personas conocidas de la ciudad que todos los años les entregan objetos para vender. Loli asegura que ser voluntaria de la asociación le da “mucha vidilla” y se apunta a todo, a las mesas petitorias, la venta de lotería, la recaudación en supermercados que empieza el día 6 de febrero o lo que haga falta. “La gente hace la compra y nos dona algo, es curioso que casi siempre da más dinero el que menos tiene”, subraya.
Junto a ella está Maricarmen, “la más trabajadora porque vale para todo” según afirma Loli. Maricarmen se apuntó hace muchos años porque vio cómo se había portado la asociación con un familiar suyo y después enfermó su hija, que finalmente falleció. Se apuntó en 1989 cuando la sede de la entidad estaba en la Alameda en la casa del doctor Olivié. “Nosotras ayudamos a recaudar fondos porque es para una buena causa”, explica.
Durante dos meses, además de vender objetos de regalo, la entidad tenía una zona informativa en el rastrillo para explicar los programas y servicios gratuitos que la asociación pone a disposición de los pacientes oncológicos y sus familiares.
Cada año se diagnostican en la provincia de Pontevedra más de 6.000 casos nuevos de cáncer.
La AECC realizó 9.296 intervenciones en 2024 en Vigo, dd las que 3.899 se corresponden con el servicio de atención psicológica; 1.441, con atención social; 383 con el servicio de logopedia; 219 con fisioterapia y ejercicio físico oncológico y 3.354 en el servicio de apoyo y acompañamiento con voluntariado de la entidad.
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