“Ramón y Cajal era sobre todo imaginativo y perseverante”
El sobrino biznieto del Nobel de Medicina español, Carlos López, y dos descendientes de sus mejores discípulos hablaron de su figura en el Colegio de Médicos de Pontevedra
El Nobel de Medicina español Santiago Ramón y Cajal se habría sentido bien representado anoche en el Colegio de Médicos de Pontevedra, donde se celebró una jornada sobre su figura con la presencia de su sobrino biznieto, Carlos López Ramón y Cajal, que es el jefe de Ginecología y Obstetricia del Cunqueiro, y de científicos que son descendientes de dos de sus mejores discípulos, Juan del Río Hortega, que es profesor de Historia de la Medicina de la Universidad de Valladolid, y Fernando de Castro, neurocientífico del CSIC.
Carlos López reivindicó su legado. Por supuesto el científico, al descubrir que el sistema nervioso no era un árbol de ramificaciones unidas entre sí, sino que estaba formado por neuronas, por células independientes. Su hallazgo, que iba en contra de lo que se creía en su tiempo, cambió la forma de entender la neurología, la neurociencia y muchas enfermedades.
Sin embargo, su sobrino biznieto puso ayer más énfasis en su legado personal, que conoció en parte por las cosas que le contaban en casa. “Fue una persona muy innovadora, muy creativa, curioso casi hasta la enfermedad, perseverante, disciplinado y con grandes dotes de observación”, señala. Esta personalidad contribuyó a su éxito.
Destaca que su bisabuelo Pedro, que era el hermano pequeño de Santiago, fue también su mejor amigo y su principal apoyo en los inicios. “Fue muy complejo lo que hizo y estuvo prácticamente solo hasta que descubrió todo eso, amparado por su hermano, un histólogo y catedrático, que fue comprobando lo que iba haciendo y le hizo muchas preparaciones. Además, cuando descubres algo tan novedoso, que va en contra de lo que cree la ciencia, siempre necesitas a alguien que te de seguridad, que te escuche e intente ver con cariño lo que están viendo”.
El ginecólogo vigués considera que la innovación y las ideas disruptivas tienen difícil encaje en esta sociedad, y que en España hay miedo al riesgo de estas ideas. De hecho Ramón y Cajal fue reconocido científicamente a nivel internacional, pero en España su figura hubiera pasado desapercibida si no fuera por el Nobel. “Fue reconocido después del premio y sobre todo después de su muerte”. En esta misma línea, opina que palabras como perseverancia, disciplina, observación, autocrítica asustan a las nuevas generaciones.
Carlos López echa de menos una película sobre Santiago Ramón y Cajal que cuente no sus descubrimientos, sino cómo lo hizo, qué pasó para llegar hasta ahí, para que la gente pueda entenderlo. Asegura que en otros países novelarían una vida como la de Santiago Ramón y Cajal, pero además la de su hermano Pedro también fue de película y la del padre.
“No se trata de mitificar a nadie ni de hacer una película mesiánica, sino de contar cómo trabajaba o cómo creó la mejor escuela de neurohistología que ha habido y que es patrimonio de la Unesco”. Preguntado sobre esos otros mimbres literarios, explica que su tatarabuelo, el padre de los Cajal, les educó de forma estricta. Pasó de ser labrador a convertirse en profesor universitario y un médico muy reconocido en Zaragoza. Santiago era muy travieso, no seguía las directrices del padre y le encantaba dibujar. Como castigo lo pusieron a trabajar de zapatero y de barbero.
“Mi abuela me contó estas historias y cuando yo hacía alguna trastada y la acompañaba al zapatero pensaba que me iba a dejar allí como castigo”, recuerda Carlos López. En cuanto a su bisabuelo Pedro, fue un auténtico aventurero durante 7 años. Era un estudiante de sobresalientes pero un día suspendió una asignatura y decidió escapar de casa.
Se metió en un barco en Burdeos de polizón rumbo a América. Lo descubrieron y lo pasaron por la quilla, pero sobrevivió milagrosamente. En Uruguay se enroló en las juventudes revolucionarias y participó en varias batallas. Cuando quiso volver a España robó el caballo del líder revolucionario, pero lo pillaron y cuando estaba en el pelotón de fusilamiento le salvó un cónsul italiano que conocía su amigo. Y todavía escaparía una vez más de la muerte, porque en el tren a Zaragoza decidió bajarse para rezar a la Virgen del Pilar y arrancaron sin él.
Al poco hubo un accidente en el que murieron todos los que iban en su vagón. Habían pasado 7 años, pero ni su padre ni su hermano le preguntaron dónde había estado. Terminó la carrera, se hizo catedrático y cerró su clínica privada con 95 años. “En la familia no se hablaba de esa etapa, yo lo supe investigando”. Carlos López se ve “cajaliano” porque es muy perseverante y es difícil que se desanime en una trayectoria, y subraya que “se aprende más con la adversidad que con los éxitos”.
Propone escuchar a las personas que piensan diferente
Carlos López defiende que es necesario “escuchar a las personas que ven las cosas de forma diferente, entender por qué piensan así, en qué se basan, en lugar de decir que es mentira o imposible lo que dicen, porque entonces acabarán emigrando como Severo Ochoa o se dedicarán a jugar a las cartas”. Una segunda enseñanza “cajaliana” es que hay que perseverar y equivocarse. Cita una frase muy famosa de Edison, el inventor de la bombilla, cuando un discípulo le preguntó porqué seguía intentándolo si había fracasado en mil intentos. Él respondió que en realidad había conseguido saber mil formas de cómo no se debe hacer una bombilla. Y una clave más es que disfrutes con el conocimiento.
Contenido patrocinado
También te puede interesar