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Vivienda
Cuidar a su madre es la ocupación de Gustavo en este momento de su vida. Ella tiene 92 años y Alzheimer. Hace tiempo ya que su hijo, de 52 años, tuvo que dejar de trabajar para atenderla 24 horas al día. Fue durante años trabajador del metal, en astilleros y en la automoción, pero cuando su madre empezó a requerir más atención se centró en ella. Menos ingresos y la pandemia se unieron para llevarle a una situación límite, de forma que perdió el bono vivienda que le permitía pagar el alquiler y tenía que dejar la casa donde vivían. Sólo la ayuda de Provivienda les salvó del desastre: “Son mis ángeles guardianes”, asegura.
“Soy cuidador de mi madre, que es dependiente total, y al final se me fueron volando los ahorros”, explica. “No nos daban todas las cosas que necesitábamos, la dependencia tardó mucho, tuve mucho papeleo y todo me coincidió con la pandemia. Entré en un agujero y no podía salir”, relata Gustavo recordando la situación más angustiosa que ha vivido, sin más familia que su madre.
“No podía dormir pensando que nos íbamos a quedar sin casa, ya estaba con problemas de nervios y esta gente me dio la luz. Nos ayudó cuando ya pensaba que nadie me iba a ayudar”, señala.
Fueron las trabajadoras sociales del Concello las que le animaron a acercarse a Provivienda. “Esta gente me ayudó a recuperar el bono social de la Xunta, me buscaron un piso y me ayudaron con mi madre para hacer la mudanza. Se encargaron incluso de buscar una ambulancia para mover a mi madre y nos salvaron la vida, a mí y a mi madre”, relata.
Ahora “cada poco vienen por casa a hacer una visita y me preguntan qué tal estoy y si me pueden ayudar. Yo estoy siempre en casa, porque mi madre necesita atención 24 horas. Pablo viene a visitarme me pregunta qué tal, si tengo algún problema, trata de ayudarme. Son mis ángeles guardianes”, asegura Gustavo.
Sobre su futuro, ahora sí ya piensa en él. “Me dijeron de hacer algún curso para ayudar a personas como en mi caso. Yo soy del metal, trabajé en toda mi vida en astilleros y Citroën. Me dijeron de reciclarme, pero ahora no puedo salir de casa mucho. Lo bueno sería si pudiera sacar el carné de camión, para el día que mi madre ya no esté meterme a camionero”, piensa en alto al otro lado del teléfono.
Recuerda que desde 2017 empezó a detectar los problemas de memoria de su madre, incluso fue a clases en el Casco Vello para que la situación no avanzara de forma tan rápida, pero “después de la última operación de cadera, al salir del hospital ya no era la misma. Ahora ya no me conoce”.
El sector inmobiliario se muestra escéptico sobre una empresa pública de vivienda. Es uno de los actores de la vivienda y el presidente de Fegein, Benito Iglesias, asegura que lleva años “reclamando la ampliación de un parque social de vivienda pública para las personas con su economía en ratios de vulnerabilidad”.
Reconoce que “la administración autonómica está planificando y ejecutando la vivienda pública en alquiler social que no se había hecho antes”, pero que “la administración estatal se queda todo únicamente en anuncios grandilocuentes, generando expectativas que nunca llegan a materializarse”, opina.
Así que pide “al Ministerio de Vivienda que, desde el suelo del Ministerio de Defensa, a los suelos de Adif, del propio Sepes y, por supuesto, de la Sareb en Galicia, los ponga a disposición de la Xunta de Galicia”.
Considera que “no se corresponde con la realidad" el anuncio del Gobierno de 183.040 viviendas en alquiler asequible y social en España , porque “no espera aumentar la inversión pública en vivienda en términos de PIB”.
La Sareb es otro agente a tener en cuenta a la hora de hablar de vivienda de protección, porque desde 2022 tiene un mandato de utilidad social. Así nace su programa de alquiler social, a partir de viviendas y suelos que se asignaron a esta sociedad tras la crisis de 2008 procedentes de la banca, creando lo que se denominó “banco malo”, con los activos difíciles de los que se desprendió el sector financiero para sanear sus balances.
En la provincia de Pontevedra cuenta con 15 viviendas en el perímetro social, con las que ya ha firmado el alquiler social con acompañamiento o con las que están trabajando para la firma. También tienen una vivienda cedida en convenio a la administración para fines sociales.
Estos alquileres están pensados para familias vulnerables y que no son conflictivas. Así, trabaja con la familia con un acompañamiento social a través de un trabajador social y se puede poner en marcha un programa de inserción laboral.
En esta modalidad se han cerrado más de 8.000 contratos de alquiler social en toda España y más de 300 inserciones laborales.
En la Sareb tienen muchas expectativas puestas en el proyecto Viena, que se llama así por la capital austríaca que ha puesto en marcha un modelo de alquileres baratos que es la envidia del resto de capitales europeas. Así, la Sareb cederá suelo a 80 años a promotores para que construyan viviendas de alquiler asequible. Al pasar ese plazo revertirán al Estado, en concreto al Sepes, porque la Sareb tendrá que desaparecer en 2027. De momento la primera licitación ha quedado desierta, pero aseguran que volverán a intentar hablando con las empresas.
En ese proyecto está un suelo en Cangas, en la avenida de Ourense. En Galicia también tienen suelos en Ribeira y también en Lugo.
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