Dos premios en la misma calle para lo mejor de la arquitectura
Marqués de Valladares “recoge” dos de los diez galardones Gran de Area que concedió este años el COAG
Las Delegaciones de Pontevedra, Ourense y Vigo del Colegio de Arquitectos de Galicia (COAG) celebraron la gala de entrega de los Premios Gran de Area de Arquitectura en el nuevo Auditorio de Marín. Estas distinciones son un reconocimiento a la labor conjunta y necesaria de todos los agentes que intervienen en el proceso de gestación y construcción de una obra de arquitectura de calidad. Se premiaron 12 obras, cuatro ubicadas en cada una de las tres demarcaciones colegiales, de Taboadela, Carballeda de Avia, Portonovo, Moraña, Ourense, Vigo, Mondariz, Lalín, Bueu y Oia. Quizá lo más sorprendente es que una sola calle, Marqués de Valladares, logró dos de los premios: el edificio del 39-43 de Irisarri y Piñera, y el 27, la restauración del despacho de Bar Boo.
El evento contó con la asistencia de las directivas del COAG Pontevedra, Ourense y Vigo, representadas por sus presidentes, Anselmo Villanueva, Emma Noriega y Manuel Martínez Carazo. Además del presidente pontevedrés, intervinieron en el evento el decano del Colegio de Arquitectos de Galicia, Luciano Alfaya; la conselleira de Vivienda, María Martínez Allegue; y la alcaldesa de Marín, María Ramallo. Villanueva, señaló que los Premios Grande Area no distinguen un simple éxito individual, sino una aportación a la arquitectura”. “La arquitectura gallega de hoy no vive en un único registro ni en una sola escala, vive allí donde hace falta mejorar la vida en común”, añadió. Por su parte, Allegue subrayó que las obras premiadas constituyen ejemplos del compromiso de la arquitectura gallega con la recuperación del patrimonio, la revitalización de los cascos históricos, la creación de equipamientos públicos de calidad y la integración respetuosa con el paisaje. Destacó su capacidad para ofrecer respuestas a los desafíos demográficos y sociales.
En el edificio de Marqués de Valladares 39-43, proyectado por Jesús Irisarri y Guadalupe Piñero, el jurado valoró su capacidad para establecer un diálogo sensible y respetuoso entre la arquitectura preexistente y la nueva intervención, recuperando el edificio Ribas y restituyendo su fachada original como parte de una lectura histórica continua de la calle. La organización del edificio alrededor de un único patio-paisaje crea un interior luminoso y continuo que introduce la naturaleza en el corazón del proyecto.
En cuanto a la restauración de la vivienda de Xosé Bar Bóo, el jurado valoró la extraordinaria sensibilidad con la que se aborda, mostrando un profundo respeto por la obra original y por los valores espaciales, constructivos y materiales que definen su arquitectura. La intervención, precisa y contenida, afronta la restauración manteniendo la coherencia formal y conceptual con la propuesta original de Bar Boo. Destaca también el papel ejemplar del promotor, que asumió el compromiso de preservar y actualizar este espacio vital.
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