El policía clave del caso Déborah: "Toca disculparse, fracasamos"
Caso Déborah
Luis Muñoz, instructor del atestado de 2010, el más exhaustivo de toda la investigación sobre el crimen, señala, tras cerrarse la causa, que “hay que hacer autocrítica y apoyar a la familia”
En abril de 2010, el grupo de homicidios de la Brigada de la UDEV central de Madrid remitía al Juzgado de Tui un atestado de 119 páginas sobre la desaparición y muerte de Déborah Fernández, cuyo cadáver había aparecido en una cuneta en O Rosal ocho años antes. Este grupo había retomado el caso, que hasta entonces estaba en un callejón sin salida.
Bajo el nombre de ‘Operación Arcano', se llegaba a la conclusión, tras analizar todos los elementos del lugar donde apareció el cuerpo, de que se trataba de un escenario artificial y de que era necesario encaminar las diligencias de investigación hacia una de las hipótesis ahí planteadas sobre lo que pudo ocurrir aquel 30 de abril, en función de los indicios recabados. El exhaustivo atestado ponía los mimbres para una posible resolución, pero el archivo, prácticamente inmediato, dejó un intervalo de tiempo demasiado amplio que deshizo el camino andado.
Años después, la necesidad de revisar esas 119 páginas fueron clave para la reapertura judicial del caso.
El instructor de dicho atestado, el inspector que se encargó de la investigación, ha sido el primero y el único en disculparse por lo que considera un “fracaso del que me hago responsable también”, a pesar de que su intervención fue impecable teniendo en cuenta los años transcurridos y los errores cometidos en el inicio.
Tras haber trabajado más de 35 años como investigador, primero en la UDEV central y después en la UdyCO, ahora, ya retirado, asegura, tras conocer el cierre judicial de la causa que “es el momento de apoyar a la familia de Déborah y hacer autocrítica”.
Desde su punto de vista, “el sistema ha fallado y nosotros como parte de ese sistema debemos pedir perdón y hacer autocrítica. Ha habido una serie de infortunios muy negativos y evidentemente, al menos en el plano policial teníamos que haber hecho las cosas muchísimo mejor".
Según afirma, “la Policía y la Guardia Civil hemos tenido y tenemos muchos éxitos que se resaltan, pero al mismo tiempo tenemos que acostumbrarnos a que cuando fracasamos debemos disculparnos, aprender de los errores para que algo así no vuelva a ocurrir o al menos que ocurra lo menos posible”. En este sentido, Muñoz es muy franco, “en lo que a mí me toca, pido perdón, yo hice en su momento todo lo que pude o supe hacer y no fue suficiente”.
A este expolicía que ha seguido muy de cerca el devenir de la causa no le ha extrañado el archivo. “Se debería haber ahondado más en algunas cosas", dice. Cuando él cogió la investigación por primera vez, ya habían pasado ocho años, así que comenzó desde el principio. “Uno de los aspectos que me extrañó fue que Déborah llevara diez días muerta y el semen hallado en su interior estuviera vivo, así que mediante mandamiento judicial, recurrí a los expertos forenses de la Universidad de Santiago, los más reconocidos, les pregunté si era posible una colocación ‘post mortem’ y me contestaron que era una posibilidad real”.
Él sigue estando convencido de que era un ‘stanging’ o escenario artificial, “se halló un preservativo y un pañuelo junto al cadáver con muestras biológicas diferentes. Yo pasé por allí varias veces y jamás me encontré un preservativo, no era un lugar donde fueran las parejas”. Afirma que la cuneta escogida para depositar el cadáver entre Baiona y A Guarda “no fue al azar, era un lugar poco transitado, pero al mismo tiempo donde quien actuó tenía suficiente visibilidad si llegaba algún vehículo”.
Desde su punto de vista y, aunque el informe forense da la posibilidad de una muerte natural, “la investigación me llevó a pensar que fue una muerte homicida. Primero porque las marcas en el cuerpo, tanto de las mallas que llevaba Débora, como del tirante del sujetador evidenciaban una compresión durante días, es decir que murió vestida y después le quitaron la ropa. No hay nadie, ni la persona peor del mundo que frente a una muerte súbita, si no tiene nada que ocultar, esconda un cuerpo durante días, lo desnude y lo deje en una cuneta. Lo normal es avisar a emergencias”. Además, considera que “Déborah murió estando con una persona pero en el traslado de su cuerpo participaron más".
“Solo una persona cayó en numerosas contradicciones"
Investigar un caso no es fácil y menos cuando ya han pasado ocho años. Luis Muñoz reconoce los obstáculos y si “no hay pruebas objetivas tenemos que basarnos en las pruebas indiciarias”. En la desaparición y muerte de Déborah, uno de los indicios más importantes, tal y como especificó en su atestado, fue el elevado número de contradicciones del hasta ahora investigado. “Todos a los que interrogamos nos aportaron una versión que pudo ser corroborada, todos menos uno”, afirma. Esta persona “se contradijo con los demás y a sí mismo y no fue capaz de dar un relato coherente, es normal que puedas olvidar matices, pero normalmente cuando pasa un hecho traumático la mente tiende a recordar los detalles. También es extraño que se excusara alegando temor a ser sospechoso, cuando nadie había sospechado de él, ni la familia de la víctima”.
Muñoz considera que “las pruebas indiciarias no se cuestionan en algunos delitos pero en otros sí". Algunas de las peticiones solicitadas al juzgado en su momento fueron rechazadas, “Tenemos que contemplar que la investigación policial puede ir en una dirección con obstáculos a nivel procesal, sin embargo, considero que este nivel no debería ser tan rígido, hay que tener en cuenta las demandas de las víctimas, merecen estar presentes”.
“Hay que ser muy rigurosos con la cadena de custodia”
Luis Muñoz no entra a valorar lo que se hizo antes o después de su investigación, pero sí reconoce que hubo “circunstancias muy negativas”. Señaló que en la cadena de custodia “debemos ser muy rigurosos y responsables, no se puede coger sin más una prueba como un teléfono móvil, perderlo, y excusarse en que no tenía información relevante. Aunque no fuera importante para la investigación, sí lo es para la familia a la que seguramente le gustaría tenerlo como recuerdo personal”.
Para él, la relación con las familias de desparecidos y víctimas es fundamental. “Hay que tener contacto con ellos desde el el minuto cero, por eso yo plantearía la figura del mediador como el negociador de los secuestros”, señala.
En el caso concreto de la familia de Déborah, afirma que “siempre fue muy colaboradora, muy dispuesta a ayudarme en todo lo que les pedía, y lo más importante, nunca me engañaron, algo que no siempre ocurre porque las familias tienden a ocultar información pensando en que vas a juzgar el comportamiento de sus seres queridos”.
Considera que aún se requiere mucha formación policial en investigación.
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