La plaza más triste del mundo: entre Vigo y el Órbigo
El conjunto que recuerda en Santa Cristina de la Polvorosa la tragedia del autobús escolar de 1979 está ahora escondido
La plaza más triste del mundo quizá se encuentre en el pueblo zamorano de Santa Cristina de la Polvorosa, a orillas del tristemente célebre Órbigo, un río habitualmente manso y con poco caudal que sin embargo, fue tumba para medio centenar de escolares y profesores del colegio Vista Alegre de Vigo el 10 de abril de 1979. Unos meses más tarde, el 25 de julio, fiesta de Galicia, el Concello de Vigo instaló un cruceiro en Santa Cristina, obra del escultor Xoán Piñeiro, en la plaza de Vigo y como recuerdo permanente. El monumento se levantó frente al consistorio local y al pie de la carretera, y era habitual que muchos de los miles de vigueses que transitaban rumbo hacia Madrid hicieran una parada para dejar unas flores. El tiempo pasó y muchos años después, la carretera dejó de cruzar Santa Cristina tras la inauguración de la Autovía A-52, que parte desde Benavente, y con ello el cruceiro quedó un tanto olvidado. Finalmente, el ayuntamiento zamorano realizó una reforma del entorno y decidió trasladar todo el conjunto al pie del río, justo al lugar donde se produjo la tragedia, al caer el autobús que llevaba a los niños. Allí se encuentra ahora, en una especie de plaza desangelada, se diría que olvidada, al pie de la carretera. El cruceiro se encuentra en pie, con el escudo de Vigo, el antiguo, todavía sin el mar que se le añadió en la reforma heráldica realizada a principios de los ochenta. Los vecinos sí recuerdan lo pasado. Muchos reconocen que el lugar elegido ahora no es el más adecuado y que quizá por eso muy pocos se acuerdan de lo ocurrido, una tragedia que impactó tanto en el pueblo como en la propia ciudad de Vigo.
En el siniestro fallecieron 49 personas (45 niños y 4 adultos, los profesores), cuando el bus se sepultó en el río tras salirse de la carretera cuando los niños venían de regreso hacia Vigo tras una excursión de Semana Santa. Como muestra de infinito agradecimiento por el despliegue y la ayuda de los vecinos del pueblo zamorano en las tareas de rescate, la ciudad de Vigo donó el monumento. El escultor gallego Xoán Piñeiro realizó su trabajo altruistamente y solo cobró el coste de los materiales. La obra, tallada en granito gallego, mide 5,20 metros de altura, e incluye una figura de una plañidera y lleva grabado por detrás el escudo de Vigo junto con una dedicatoria de agradecimiento, pero con el paso de los años, apenas ya se puede leer la inscripción. La última acción fue con motivo del 40º aniversario, donde el ayuntamiento de Santa Cristina de la Polvorosa organizó una ofrenda floral junto al Órbigo y a los pies del cruceiro. Por su parte, el consistorio vigués instaló una placa de bronce permanente en la entrada del Concello de Vigo para recordar a los fallecidos y agradecer formalmente el heroísmo de los vecinos de Santa Cristina.
Contenido patrocinado
También te puede interesar