Los pirómanos del área de Vigo, en jaque con la investigación criminal de los incendios

Incendio forestal

La Guardia Civil avanza en el esclarecimiento de los autores de los incendios forestales mediante la posición de los teléfonos móviles, cámaras e incluso ADN

Publicado: 15 sep 2024 - 06:30 Actualizado: 15 sep 2024 - 17:50

Un agente de invetigación de incendios recogiendo muestras tras un incendio forestal en la provincial.
Un agente de invetigación de incendios recogiendo muestras tras un incendio forestal en la provincial.

Los avances en la investigación de los incendios forestales, la eficacia de los medios de extinción y la vigilancia han hecho cambiar la tendencia en la provincia de épocas pasadas, como en los años 80 cuando se producían diez veces más fuegos que en la actualidad, y ha reducido la probabilidad de grandes quemas. A pesar de todo, “los incendios son inesperados y de vez en cuando se dispara alguno de grandes dimensiones, como ocurrió el año 2017”, explica Álvaro Lago Lusquiños, capitán jefe interino de la Uprona (Unidad de Proteción de la Naturaleza).

Esta unidad, que cuenta con cerca de 40 efectivos entre los de investigación en Pontevedra y Vigo y las patrullas del Seprona desplegadas por todo el territorio provincial, se encarga de averiguar quiénes están detrás de los fuegos y recabar todas las pruebas para, en caso de que haya responsabilidad penal, poder llevar a los autores ante la Justicia.

El equipo se enfrenta a un contexto especialmente complicado y la investigación tiene unas características muy singulares que “le conceden una dificultad inexistente en otros delitos”, explica Lago quien señala que Pontevedra es una provincia relativamente pequeña, con una masa forestal que ocupa casi el 80% de la superficie total. A mayores hay que sumarle “una población dispersa” y la “cultura del fuego” lo que aumenta el riesgo. A pesar de todos los inconvenientes, la investigación criminal ha conseguido poner en jaque a los incendiarios, logrando incrementar el número de detenciones y juicios, aunque las pesquisas lleguen a dilatarse en el tiempo. Los agentes utilizan los mismos medios que los equipos de la policía judicial para esclarecer delitos, desde balizamientos en los coches, revisión de repetidores, posicionamiento de los teléfonos móviles, examen de imágenes de cámaras de vigilancia, y, en algunas ocasiones, hasta análisis de ADN.

La Uprona trabaja en constante colaboración con la Unidad de Investigación de Incendios de la Xunta. “Lo primero que hacemos es intentar localizar la zona o punto de inicio para ver dónde comenzó el fuego y comprobar si hay algún vestigio o prueba material que podamos relacionar con la autoría, algún artefacto incendiario o restos de hidrocarburo, si es mecherazo es casi imposible”, señala el responsable. “Una de las primeras dificultades que nos encontramos en la zona donde se comete la acción criminal es que normalmente el escenario ha ardido, ha sido pisoteado y regado por la extinción, por lo que en el 99% de los casos la prueba material queda invalidada, así que tenemos que volcarlo todo en la prueba personal: testigos, cámaras de vigilancia (con complicaciones al ser zonas alejadas)... Hemos conseguido con los años que el primer alertante y los medios de extinción tomen imágenes igual que el helicóptero lo que nos ayuda a localizar el punto de origen y estudiar las marcas que deja el fuego".

“Los fuegos con antecedentes o por imprudencias son más fáciles de resolver”

En los incendios dolosos, la mayor complicación es contar con una pista o un indicio de motivación desde el principio, porque de otro modo “partimos de cero y se corre el riesgo de entrar en un callejón sin salida”. Según explica el capitán Lago el mayor índice de esclarecimientos se da en los incendios por imprudencia y negligencia o en los que hay antecedentes. “En el primer caso, suele haber por ejemplo en primavera, con las quemas autorizadas, que alguna se puede escapar…Ahí suele haber siempre vestigios”. En los provocados, la clave muchas veces está en la reiteración o los antecedentes de fuego en el mismo sitio. “La mayoría suelen ser pirómanos, personas con trastornos mentales o adicción a tóxicos que repiten su comportamiento en el tiempo y en una zona. Esos son relativamente sencillos de encontrar y hemos realizado varias detenciones, algunas ‘in fraganti’”. También hay otro tipo de motivaciones dentro de los sectores vinculados al sector forestal. “En el cambio de estación para regenerar pastos se prende fuego a la hierba seca porque con las primeras lluvias empiezan a salir brotes verdes muy tiernos para el ganado”. Señala que fuegos por botellas de cristal no se han registrado, “es difícil aquí el efecto lupa” y por colillas ha habido, aunque no son habituales.

Es consciente de que “con los incendios nunca te puedes fiar, ni a pesar de que tener patrullas por todo el territorio nos dé la ventaja de conocer el terreno y nos sirva de apoyo”. También incide en que “aunque tengamos un sospechoso después hay que situarlo con pruebas en el lugar del crimen, por lo que a veces policialmente se esclarecen los hechos, pero no judicialmente, si bien hallar una motivación de la quema es importante".

Varias líneas abiertas sobre el fuego en Crecente

El capitán de la Uprona asegura que registros de incendios sigue habiendo aunque de grandes superficies “ya no hay tantos”. El problema es “cuando hay más de uno al mismo tiempo, entonces los efectivos se pueden ver desbordados”. El mayor incendio de este año se produjo recientemente en Crecente, una investigación en curso en la que “hay antecedentes, pero no hay testigos, tenemos varias líneas de investigación abiertas”. Los criterios estadísticos establecen unas zonas de riesgo que “a veces coinciden con zonas calientes y otras veces no, no hay que fiarse”. Sí señala no obstante que la zona situada en el valle del Miño tiene unas características concretas como los vientos “que son únicos en esta parte y que tienen una influencia distinta que en otras partes de la provincia”.

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