Fin a la pesadilla para los tripulantes nepalíes: “Volvemos a casa tras 7 años”

La Audiencia hará firme la sentencia contra ellos que les conmuta lo que les queda de prisión por la expulsión del país, lo que podría suceder en un mes

Abrazos ayer entre los tripulantes y los miembros de la parroquia.

Frente a los que han sido considerados cabecillas del grupo criminal, los tripulantes de Nepal y Bangladesh llevaban tiempo esperando la sentencia. Tras haber permanecido cuatro años en prisión preventiva, fueron puestos en libertad cuando comenzó el juicio quedándose en una situación de total desprotección, en tierra de nadie, al estar irregulares y no poder trabajar. 

El capellán de A Lama y los abogados consiguieron que el primer día estas 14 personas pudieron dormir bajo techo. La situación se alargaba y sin ingresos, aseguraban entonces que su liberación había sido en realidad su condena. Los cinco de Bangladesh no quisieron esperar y hace unos meses el capitán y cuatro marineros se daban a la fuga, algo que también hizo el quinto y último que permanecía en Vigo. Sin embargo, los nueve marineros de Nepal se quedaron y fueron acogidos en una casa de la parroquia del Cristo de la Victoria en un municipio de la provincia. Ayer, la Audiencia les citaba para notificarles uno a uno la sentencia. Solo a ellos, ya que los otros cinco siguen en paradero desconocido. 

El grupo acudió con “nuestra familia viguesa”, una comunidad del Cristo de la Victoria, capitaneada por el párroco, que durante este tiempo, les ha acompañado creando un vínculo “ya para siempre”, explicaban ayer sus miembros.

“Mi hija tenía tres años cuando me fui de casa y ahora ya es mayor”, decía uno de los tripulantes que no podía reprimir las lágrimas al saber que “volemos a casa después de siete años”, ya que salieron de su país antes de ser interceptado el buque. Su compañero reconocía que “dentro de todo lo malo, conocer a estas personas ha sido muy bueno, es como si Dios actuara a través de ellas y ojalá volvamos a vernos”. En el municipio donde residen “nos sentimos unos vecinos más” incluso han llegado a celebrar en cierta forma la Navidad. “Ellos no sabían ni lo que era”, explicaba una de las acompañantes. Al saber que la sentencia les conmuta los dos años por la expulsión, se fundieron en abrazos a las puertas de la Cidade da Xustiza. “Tienen muchas ganas de ver a sus familias”, explicaba el sacerdote. El fallo les impide volver a España en cinco años, “tendremos que ir a visitarles", decía una de las voluntarias.

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