El Pasillo, 65 años de cañas en el Casco Vello

Su actual dueño, Alfredo Márquez, explica que el local abrió en el año 1960 y desde entonces ha ido ganando popularidad

En la imagen, dos de los camareros de El Pasillo sirviendo cañas.
En la imagen, dos de los camareros de El Pasillo sirviendo cañas. | J. Santomé

Tal vez parezca que el tiempo se ha detenido, pero lo cierto es que la cervecería El Pasillo sigue siendo uno de los rincones favoritos de los vigueses para tomarse una caña, incluso después de 65 años. “Yo soy el quinto propietario del establecimiento. El local abrió en el año 1960 y yo lo adquirí por sugerencia de mi padre”, explica el actual dueño, Alfredo Márquez.

Cuando Márquez asumió la gestión de la que seguramente es una de las cervecerías más antiguas de todo Vigo, el establecimiento atravesaba un momento complicado. “Estaba bastante hundido, no venía nadie. Al principio el bar hasta estaba un ‘poco quemado’”, confiesa Márquez con cierta nostalgia. Sin embargo, con trabajo constante, un poco de suerte y coincidiendo con la dinamización del Casco Vello durante los últimos años, la situación cambió notablemente. Hoy en día, El Pasillo registra una alta afluencia de clientes. “La verdad es que mejoró mucho. Hay días donde está a reventar”, asegura su propietario.

Para Márquez, el atractivo del establecimiento radica en su propuesta sencilla pero efectiva: cerveza comercial acompañada de aperitivos clásicos aptos para todos los públicos, como aceitunas y sus apreciados cacahuetes, y un ambiente cercano y acogedor. “El ambiente casero del local, casi familiar, es lo que hace que los clientes sientan cariño por este lugar”, afirma. La clientela habitual de El Pasillo está formada principalmente por personas adultas, a partir de los 30 años, que acuden al establecimiento los fines de semana y vísperas de festivo, aunque la concurrencia varía según la hora y el clima de cada día, ya que la lluvia suele espantar a la gente de su modesta terraza.

Al preguntarle sobre el futuro del local, Márquez confiesa que espera mantenerlo activo durante muchos años más y que, cuando él ya no pueda seguir al frente, alguien continúe con el negocio. “Si todo va bien, seguirá durante bastantes años, y espero que alguien siga con el negocio antes o después, cuando yo me jubile”, señala. Más allá de su oferta gastronómica, El Pasillo se ha convertido en un espacio de encuentro y tradición, un lugar donde los clientes se sienten parte de su historia, y donde cada caña y cada aperitivo mantienen viva la esencia de un establecimiento icónico en el corazón del Casco Vello de Vigo.

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