La noche que Green Day sonó en Churruca por 700 pesetas
Hace treinta y tres años, cuatro desconocidos llamados Green Day tocaron para un puñado de personas en La Iguana Club. Nadie lo sabía aún, pero aquella sala acababa de recibir la visita de la historia
Hay noches que solo adquieren su verdadera dimensión con el paso del tiempo. El 26 de abril de 1993, hace ahora 33 años, Churruca albergó, sin saberlo, un acontecimiento que hoy tiene textura de leyenda. En La Iguana Club, pasadas las once y media de la noche, un grupo de chavales californiano desconocido subió al escenario ante un aforo de apenas doscientas cincuenta personas. Se llamaban Green Day. Nadie, ni ellos mismos, podía imaginar lo que vendría después.
Corrían los años del grunge y el rock alternativo, cuando las guitarras distorsionadas y los versos furiosos encontraban refugio en salas como aquella. Eran lugares pequeños y sudorosos, lejos del resplandor de los grandes recintos. Green Day recorrió ese año varias ciudades españolas en una gira de aprendizaje, una peregrinación por bares que entonces eran la única escuela posible para una banda sin nombre ni fortuna. Iban con lo justo: energía, descaro y una fe ciega en sí mismos.
El precio para verlos no era el de la inmortalidad, aunque a la postre lo fuera. Setecientas pesetas si se compraba con antelación, mil si se esperaba a la taquilla. Tres euros y medio separaban al público vigués de presenciar lo que dos años más tarde se convirtió en una sacudida global. En 1995, 'Dookie', su primer gran álbum, arrasó con un Grammy al mejor disco alternativo y encumbró al trío al olimpo del rock. Pero eso aún no había ocurrido aquella noche. El cartel de aquel día de abril de 1993 sobrevive enmarcado en la pared como una prueba de que Vigo estuvo allí antes que nadie.
Hubo un segundo capítulo que nunca llegó a escribirse. En el verano de 2001, cuando Green Day ya era una banda consolidada, Vigo tenía previsto recibirlos en el recinto de Castrelos, pero el accidente de uno de los integrantes del grupo truncó el regreso. El concierto no se aplazó ni se reprogramó, directamente se canceló. La ciudad se quedó sin su reencuentro.
Quienes estuvieron en La Iguana, por cuyo escenario también pasaron The Offspring, Andrés Calamaro o Los Planetas, aquel 26 de abril vieron a Green Day cuando Green Day no era aún Green Day. Treinta y tres años después, el precio de ese privilegio fue, exactamente, setecientas pesetas.
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