“No odio a los gays, predico para que no vayan al infierno"

Tribunales

El predicador acusado humillar y vejar a un camarero por su orientación sexual negó haberse dirigido en concreto al denunciante y se refugió en que es “la palabra de Dios”

El acusado, ayer, durante el juicio en la sección quinta de la Audiencia
El acusado, ayer, durante el juicio en la sección quinta de la Audiencia | Atlántico

Con la Biblia en la mano, como ya hiciera en su anterior comparecencia en la Audiencia, el predicador de La Caja Roja, una hermandad que promueve la evangelización callejera, negó ayer en sala haber humillado con expresiones despectivas por su orientación sexual a un camarero vigués de forma continuada a lo largo de tres meses en 2025.

Durante el juicio, en el que se enfrenta a un año y medio de cárcel por un delito contra la integridad moral, echó mano en varias ocasiones del libro sagrado del que llegó a leer un versículo para justificar que él solo se dedica a predicar la palabra de Dios.

Según dijo él predicaba cada quince días en la calle Príncipe, pero lo hacía de forma general sin dirigirse a nadie de manera particular, “no quiero que vayan al infierno, sino que se salven, por eso predico el evangelio, pero nunca hablé con esta persona”. Sí relató cómo cuando fue detenido unas chicas se molestaron “porque escucharon que estaba predicando en contra del lesbianismo y homosexualismo y llamaron a la Policía”. Afirmó que otras veces había ido la Policía, “pero al ver que no causo ningún perjuicio se marchan”. También negó que se dirigiera al camarero como ‘maricón’ porque “como cristianos no podemos usar frases que nos condenen”.

En su derecho a la última palabra, pidió sin éxito predicar, y aun así la presidenta tuvo que llamarle la atención y recordarle que ese derecho es solo para añadir algo a lo que ya había declarado. Así, señaló que “no odio a los homosexuales, solo llamo a la gente al arrrepentimiento, no sé dónde está el discurso del odio, porque habrá un infierno y un juicio final, incluso para usted (dirigiéndose al fiscal)”.

Uno de los policías que participó en la detención relató cómo fueron comisionados por un grupo de varias mujeres. “Al acusado ya le conocíamos, estaba increpándolas incluso delante de nosotros, diciéndoles que iban a ir al infierno y con frases ofensivas contras las lesbianas, que eran abominables, que no merecían tener hijos y era imposible tener una conversación razonable porque entró en bucle y seguía con su discurso”.

El acusado además cuenta con varios perfiles en redes sociales donde publica sus predicaciones y que fueron examinadas por otro de los agentes. Este declaró que “eran frecuentes los ataques al colectivo LGTBI en redes” y que a su juicio excedía los límites con una polarización del sentimiento religioso.

Otro compañero de la congregación aseguró que el acusado “no insultó a nadie, ni se encaró con nadie en ningún momento”.

El camarero que lo denunció: “Me decía que me arrodillara y me arrepintiera, era continuo”

El camarero que denunció los hechos relató durante el juicio el calvario que sufrió durante tres meses casi a diario. Según dijo, llegó a dejar el trabajo, “no quería seguir”. Contó cómo el predicador se colocaba frente a la terraza en plena calle Príncipe y mientras él trabajaba, con los clientes en el local, “era continuo, me señalaba, me decía que era una abominación, que me arrodillara y me arrepintiera y me llamó maricón en más de una ocasión”. Añadió que “iba hacia mí, porque tengo bastante pluma y no voy a dejar de ser quien soy ni a esconderlo”.

En una de las ocasiones llegó a sufrir un ataque de ansiedad, que fue corroborado por su compañera. “Me lo decía delante de los clientes, algunos le llegaron a llamar la atención y cuando vi a las chicas con la Policía decidí denunciar, estaba harto”, señaló.

La encargada del turno en la cafetería de Príncipe ratificó los ataques verbales del predicador hacia su compañero hasta el punto de que “le cambié la terraza por interior en una ocasión. Lo pasó mal" y ratificó que “ se dirigía a él, no en general, le señalaba y le llamó maricón”.

El fiscal citó la Biblia para advertir de los falsos apóstoles

En una intervención final brillante, el fiscal echó mano también de la Biblia y los Corintios, como hizo el acusado, pero para leer un pasaje en el que se advierte de los “falsos apóstoles y obreros fraudulentos” y haciendo un símil con la predicación del acusado se dirigió a él para explicar que cuando predicar es vejar y humillar debe ser sancionado.

Mantuvo la petición de condena por un delito contra la integridad moral por razones de odio basándose en los testimonios de la víctima, su compañera y los policías. Recordó que en España hay libertad religiosa pero también de autodeterminación sexual sin que se tenga que soportar las humillaciones de las creencias religiosos de otros y añadió que pasarse tres meses “metiéndose con un camarero por su orientación sexual es sancionable porque es un delito”.

La defensa por su parte pidió la absolución argumentando libertad de expresión religiosa y añadió que hay dudas razonables como para que no sea condenado.n

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