Mariel Larriba: "La supervivencia de la pesca pasa por sumar a los inmigrantes, son bien recibidos"
“Estamos muy centrados en la pesca, pero queremos que las tripulaciones de los cruceros sepan también que tienen una oficina en Vigo a la que acudir”, señala la directora de la organización internacional Stella Maris en Vigo
María Elvira Larriba es la directora de Stella Maris en Vigo, una organización internacional que trata de mejorar la vida de los pescadores y marineros en todo el mundo. Mariel es muy conocida en Vigo por su trabajo con distintas entidades sociales, por su colaboración con la Diócesis (es también subdelegada de Patrimonio y Arte Sacro) y por su trayectoria política (fue concejala y senadora del PP). Está al frente de Stella Maris desde principios de 2021, una tarea que le apasiona. La entidad lleva 28 años en el puerto de Vigo, tiene sede en el edificio de Portocultura, en Cánovas del Castillo 7, y atiende a unas 500 personas al año.
¿De qué nacionalidades son las personas que atienden?
Stella Maris está abierto a todo el mundo. Pero al ser entidad benéfica y con un marcado carácter social quienes recurren a nuestra ayuda son aquellos tripulantes que no pueden acudir a otras instancias que les son más familiares, como el Instituto Social de la Marina, cofradías de pescadores, las parroquias de su entorno. Ese recurso no lo pueden usar porque mayoritariamente no son españoles.
¿De dónde son?
Hay un efecto llamada impresionante, acude cantidad de gente y cada vez vienen más jóvenes. Casi todos proceden de países y de entornos familiares donde se practica la pesca. Son países donde la pesca es casi artesanal en un 100%. Tienen mucha habilidad y mucha experiencia práctica, pero llegan a Europa y se encuentran con una serie de requisitos, de titulaciones y formación que no tienen. Ese es el primer muro con el que se encuentran. Vienen sobre todo de los países del Golfo de Guinea, hay una comunidad importante de pescadores senegaleses, pero también hay muchos suramericanos, fundamentalmente peruanos, pero también hay colombianos, venezolanos y de otros países.
¿Cómo se entienden con los que vienen de África?
Los que proceden de países que fueron colonias francesas y han podido ir al colegio de niños se manejan con el francés. El problema son los que hablan en wolof, nos cuesta un poco más llegar. Pero precisamente esa es una de las cosas que más nos demandan, quieren aprender español.
¿Cuáles son las principales necesidades?
Lo que nos parece más difícil de resolver con los que proceden de países que no tienen aquí familiares o una comunidad que los acoja es el alojamiento. Si ya es un problema importante para los que vivimos aquí, para ellos mucho más.
¿Encuentran soluciones?
No estamos enfocados a esa labor, los derivamos a otras entidades como Provivienda. La nuestra es una tarea de acogida y de información. Somos como una puerta que sale del puerto y entra en la ciudad.
¿Hacen visitas a buques?
Stella Maris se va amoldando a las circunstancias de cada puerto. Aunque los 10 o 12 centros que hay ahora en toda España se sitúan en puertos de interés general, que son mayoritariamente de carga general, de contenedores o de cruceros, pero Vigo tiene una personalidad tan acentuada en la pesca que al final nos damos cuenta de que la mayor parte de los que solicitan nuestra ayuda son de ese sector. Tenemos un grupo de voluntarios que se han formado como visitadores de buques y como estamos al lado de la terminal de trasatlánticos ahora queremos empezar por las tripulaciones de los cruceros, que son enormes y están solo unas horas en la ciudad. Queremos que sepan que tienen una oficina a la que acudir por si necesitan algo.
¿Cuál es el servicio más valorado entre los usuarios?
Yo creo que lo principal es la acogida y desde luego es lo que más agradecen. Llegar a un sitio y decir me pasa esto, ¿cómo puedo hacer?. Esta orientación es lo que más agradecen, aunque a veces los problemas son muy complejos y no podemos hacer todo lo que quisiéramos. Ellos siempre ven nuestra ayuda enorme, nosotros siempre la vemos pequeña. Sentirse acogidos cuando van de puerto en puerto, que su intermediario no sea solo el consignatario con el que hablan por teléfono o el capitán del barco y qe puedan entrar en un sitio donde tienen esa acogida es algo muy valorado en términos de salud mental. Eso se recoge en muchas publicaciones y también la necesidad de tener un punto de espiritualidad.
¿Hay muchos creyentes?
Pues sí. Nosotros tenemos un acceso fácil, en cada barrio hay una iglesia, pero ellos no lo tienen y a veces lo demandan. Stella Maris tiene una trayectoria de cien años, en otros puertos es frecuente cuando hay una tripulación importante de católicos que se celebre alguna misa o un funeral en el propio buque. Si lo piden, estamos dispuestos a organizarlo.
¿Por qué va en aumento el rechazo al inmigrante?
En el fondo lo que no se conoce no se quiere. La respuesta que tenemos nosotros de los inmigrantes es absolutamente agradecida, cordial y noble. Se ve a veces como una amenaza, pero no en el sector marítimo pesquero porque todo el mundo es consciente de que el relevo generacional que se viene demandando desde hace años, la supervivencia de la pesca, pasa por incorporar a todas esas personas que vienen queriendo trabajar en esto. En los puertos grandes no creo que haya esa discriminación, al contrario, son bien recibidos. Es cierto también que si hay una exigencia para los marineros españoles o europeos que se incorporan, tiene que ser igual para todos. Ellos tienen un plus de dificultad por la lengua y por estar lejos de su país. Ese plus lo tenemos que aportar si queremos que funcione.
“Vamos a iniciar una formación prelaboral antes del verano”
¿Imparten cursos de formación?
Hay mucha formación reglada para la pesca en Vigo y de calidad. Podemos presumir del Instituto Politécnico Marítimo-Pesquero, además de lo que organizan la Cooperativa de Armadores o las cofradías. Los requisitos para acceder a esa formación se han abierto un poco más. Lo que ocurre es que muchos solo han tenido educación primaria y les cuesta someterse a un régimen de horas de clase, estudios y exámenes. Es un mundo para ellos. Vimos la necesidad de ofrecer una formación prelaboral para prepararles para los cursos reglados y que puedan obtener el certificado. Los responsables de la Consellería de Pesca lo han recibido muy bien. Queremos empezar con un curso antes del verano.
¿Funcionan los torneos de fútbol?
Muchas tripulaciones salen entre ellos o se quedan en el barco. Nosotros les llevamos dulces por Navidad, pero pensamos que teníamos que hacer algo más. Tenía que ser algo para gente que no se conoce y no habla el mismo idioma, y pensamos que el balón es universal. Vamos por la cuarta pachanga con trabajadores del puerto. Cada año la enriquecemos con algo, llevamos a una banda de acordeones de Mos y desde la Fundación Celta nos dan el balón y los trofeos.
¿Hubo avances con el voto?
Siguen sin poder votar. No se entiende, sobre todo cuando vemos que en otros países ese tema ya está resuelto.
¿Son poco conocidos?
Es una labor muy enfocada a los marineros y pescadores, a la vida en el puerto, creo que de puertas afuera nadie nos conoce y eso que llevamos 28 años en Vigo. Formamos parte del Comité de Bienestar Portuario. Nosotros queremos un mayor compromiso de la comunidad portuaria, son pocos los que entienden que nuestro papel es paliar el impacto de una actividad que es dura, arriesgada y que exige estar tiempo fuera de casa. Nosotros queremos ser esa acogida, esa parte más humana y más próxima a los tripulantes porque si no al final todo se va en kilos de pesca, pero no sabemos nada de estas personas.
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