Margarita, madre de un exdrogadicto: “Hace falta mucha ayuda para sacar a los hijos de la droga”

Salud

Rubén dejó las drogas gracias al Proyecto Hombre y ahora es usuario de Alborada. Vive en la casa de sus padres y cuenta con una familia que peleó toda la vida por él

Una imagen del encuentro con las familias que se celebró hace unos días en el recinto de Verdear que gestiona Alborada.
Una imagen del encuentro con las familias que se celebró hace unos días en el recinto de Verdear que gestiona Alborada.

“A los que venden droga los machacaba”. Conociendo su infinita paciencia, Margarita no dice esto en sentido literal, es solo el reflejo de la rabia. Tiene cinco hijos y el pequeño, Rubén, pasó por el calvario de las drogas. Vive en casa y está siempre pendiente de él para evitar recaídas.

El propio Rubén explica que con 25 años estuvo en Proyecto Hombre, donde consiguió dejar las drogas. “Es difícil porque es una enfermedad crónica, si no es por la ayuda de mi familia no lo hubiera conseguido. Gracias a Dios salí adelante por ver crecer a mis sobrinos y por el deporte”, afirma. Un accidente de coche le dejó la espalda un poco tocada, pero camina y hace flexiones. También acude al programa Verdear que desarrolla Alborada en los montes de Cabral y donde cultiva las plantas, cocina y ayuda en lo que puede.

Fueron sus hermanas quienes se dieron cuenta de que Rubén estaba enganchado a las drogas. “No me lo podía creer, fui a todas partes con él, peleamos mucho y todavía lo hacemos porque si lo dejo solo se puede ir a las máquinas. Hay que ayudarlos, porque ellos solos no salen y porque si no haces nada empeoran”, explica Margarita. Añade también que es fundamental que ellos se impliquen. “Él saber que tiene que luchar, porque si no lo hace no sirve de nada lo que hagamos nosotros”.

“Mi hijo es muy bueno, lo queremos todos en la familia, pero es cabezudo como él solo y tenemos que ponerlo a la línea. A veces me da vergüenza reñir tanto con él pero si lo dejo se fuma tres paquetes de tabaco”, afirma. Lo peor fueron las dos veces que estuvo en coma al borde de la muerte en ambos casos por consumir sustancias

A Rubén lo llevaron al médico de cabecera que “de aquella no sabían nada”, al Pinar y al Proyecto Hombre donde estuvo tres años a tratamiento y ahora acude a Alborada. Su madre considera que hacen falta más psicólogos para personas con adicciones, para que puedan tener más citas.

Margarita es una de las madres que participaron en el tercer encuentro de familias de personas con conductas adictivas que se celebró hace unos días en el programa Verdear que coordina Manuel Rodríguez. “Ya fui muchas veces. Ahora la gente se va abandonando más. No pueden con ellos y los van dejando de lado. Es muy difícil, tienes que luchar todos los días con ellos. Mi hijo está en casa, pero conocí a una chica que duerme debajo de una escalera, eso los mata”, señala.

“Una familia sola no puede con esto, acaba con la salud”

Vicky vive en Marín. Su hijo acude a Alborada, cobra unos 470 euros de la Risga y de esta pequeñísima renta tiene que sacar 350 euros para alquilar una habitación en Vigo. No le llega para vivir y tiene que pedir continuamente ayuda a su familia. Su madre agradece las actividades del programa Verdear en contacto con la naturaleza. “Están entretenidos, si no fuera por eso pasaría el día entre cuatro paredes”. A ella le gustaría que hubiese más opciones de ocio y que les acompañasen a pasear por el monte el fin de semana. Su hijo come en las instalaciones de Verdear. Tanto ella como otras familias querrían que este programa ampliase los barracones para que pudieran dormir los usuarios que no cobran nada ni tienen donde vivir. “En Alborada nos ayudaron mucho, hacen reuniones una vez al mes y vamos siempre”.

Su hijo empezó a consumir con 17 años, ahora tiene 36 y en las analíticas siempre sale negativo en cocaína. “Ahora está con otros chicos y chicas y lo veo muy bien”. A los 17 años le llamaron del instituto y le dijeron que no iba a clase, se iba a fumar porros. Vieron la gravedad del problema cuando empezó a robar en casa, a insultar y a hacer otras cosas. Asegura que es una enfermedad muy difícil de tratar, en la que hay que tener mucha fuerza de voluntad y en la que la familia tiene que dar mucho apoyo. "Una familia sola no puede gestionar un problema así porque te acaba con la salud”. En su caso, su hijo dio el paso de desintoxicarse cuando tocó fondo. “Había muchos problemas en casa y acabó en la calle, fue entonces cuando decidió ir a un centro. Aún así volvió a caer y pasaron un sinfín de cosas hasta llegar hasta aquí”.

Crearán una plataforma para lograr mejoras en la atención

Verdear acogió la semana pasada el tercer Encuentro de Familias de personas con conductas adictivas, una cita a la que también estaban invitadas familias y entidades del Plan Local de Drogas y otras Adicciones de Vigo y de Galicia.

Los participantes lamentaron la falta de medios y recursos adaptados que hace que familias de A Guarda no tengan las mismas oportunidades que otras que residen en Vigo y decidieron crear grupos de trabajo para buscar soluciones que mejoren la atención a este colectivo.

Por otro lado, elaboraron propuestas para reducir el estigma social (con un conocimiento mayor de las causas y el tratamiento); un mayor apoyo para favorecer el tratamiento dentro de las familias; promover entornos seguros donde se tenga acceso a las necesidades básicas de alimentación, vivienda y trabajo adaptado; adaptar las leyes que dificultan el tratamiento de las personas y la vida dentro de las familias; y promover una plataforma de familias para mejorar la respuesta al tratamiento. Participaron 16 personas que representaban a familias de A Guarda, Marín y Vigo.

En la reunión hubo también palabras de agradecimiento para el personal de Alborada y en concreto para Manolo Rodríguez, coordinador de Verdear. "Está haciendo un trabajo excelente, no se cómo tiene tanta paciencia porque a veces se rebotan, lo lleva muy bien”, decía una madre.

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