Los jóvenes reviven un fenómeno vigués desaparecido hace años: las discotecas de tarde como Remache o Cool
Luisa Estévez, gerente de Barrocco Vigo, asegura que algunos padres le contactan para adquirir las entradas de sus hijos
Ciertas personas, sobre todo las que trabajan en el sector de la hostelería lo notan. Algo está cambiando en el ocio de la ciudad de Vigo. Vuelve un fenómeno popular de hace más de una década: las discotecas de tarde, enfocadas mayoritariamente a un público muy joven. Algunos se atreven a calificar esta tendencia como plenamente viguesa. En el año 2010, un sinfín de adolescentes planeaban sus mejores pasos de baile en la sala Embassi, que en horario vespertino recibía otra denominación, más adecuada apropiada para este grupo poblacional: Cool. La sala se mantiene cerrada y las opciones para disfrutar del baile en plena tarde en la urbe hasta hace unos meses se reducían a lo anecdótico, pero poco a poco se vuelven a abrir camino, convirtiéndose así en una salida a los daños del covid en el sector hostelero. Las iniciativas registradas comienzan a arrojar buenos resultados. Hoy, algunas salas como Barrocco Vigo, tradicionalmente frecuentadas por un público más adulto, deciden abrir horizontes para captar al segmento más fiestero de la ciudad: los jóvenes, concretamente menores de edad.
La fiebre por el baile vespertino que un día se esfumó
En la década de los 10's los quinceañeros hacían lo propio de su edad: querer ser mayores. Con la privación de salir de fiesta por la noche, estos disponían de alternativas para hacerlo por la tarde. La calle Venezuela congregaba a decenas y decenas personas con el ánimo de bailar y cantar las canciones que otros colegas, más mayores que ellos, disfrutaban en salas nocturnas. Sin embargo, no todo iban a ser ventajas, la venta de alcohol a menores, tal y como ocurre a día de hoy, estaba completamente prohibida... Y como saltarse las normas es una moda transgeneracional, las chicas y los chicos se las ingeniaban para consumir este tipo de bebidas antes o después de entrar en estos locales. Y ahí es cuando aparecieron ciertos problemas que parte del sector atribuye a su cierre prematuro.
¿Quién controlaba lo que hacían los menores fuera de los locales?
"¿Quién controla lo que hacen los menores fuera de los locales?", se pregunta Carlos Rodríguez, el presidente de la Asociación Provincial de Establecimientos Musicales y Espectáculos Reglados. En sus palabras, ellos solo pueden garantizar que por ley no se ofrezca alcohol en sus establecimientos e, incluso, pueden llegar a prohibir la entrada a personas con evidentes síntomas de embriaguez. Admite que el cierre de este tipo de discotecas hace más de diez años, a pesar de resultar exitosas en cuanto a afluencia, al menos en sus inicios, tuvo que ver con la cuestión del control del consumo de alcohol: "Lo fácil era echarle la culpa a la discoteca". Comparando la situación actual con lo que ocurría aquellos años, Rodríguez identifica un cambio de rumbo en los más jóvenes: "Ahora muchos beben por beber, el objetivo es emborracharse". Al hostelero le preocupan los botellones que tanto afectan al sector. Es una intranquilidad del pasado y del presente.
Entradas y consumiciones gratis
Y es que en aquellos años de Tuenti estas discotecas llegaron a ser más que rentables. Cool conseguía agrupar a cientos de jóvenes que daban rienda suelta a sus mejores movimientos al ritmo de la música. A la sala no le faltaba de nada: ropero, tarimas, DJs, fotógrafos, invitados especiales... La diversión estaba asegurada en estas experiencias vespertinas. Algún que otro primer amor se gestó en la pista de baile. Sin embargo, hubo un punto trascendente. Pocos se lo explican, pero la popularidad decayó con el paso de los meses. La siguiente fórmula, situada en el mismo lugar y con otro nombre, Sweet, no logró la meta de volver a engatusar a su público originario, ni siquiera con promociones que en hoy día funcionarían, sin duda: entrada gratis más consumición en barra. El fracaso empujó a todas estas modalidades de ocio a su despedida indefinida. Y así fue.
María Salgueiro ocupó el cargo de relaciones públicas en una de las salas de baile más punteras de aquel momento y, a pesar de no encontrar una respuesta al cierre de sus puertas, valora una posible explicación a la caída de la demanda: "Llegó un momento en el que a los jóvenes ya se les dejaba entrar a las salas nocturnas, por eso ya no tendría tanto sentido disfrutar de este plan por la tarde". El ocio nocturno podría haberse hecho con este tipo de público, lo que reduciría este fenómeno como una cuestión generacional que se recupera. De todas maneras, admite haber escuchado que se están volviendo a poner en marcha iniciativas similares. Más de 10 años después.
Las discotecas para menores de edad están de vuelta: "Los padres me compran las entradas"
Y efectivamente, Luisa Estévez, gerente de Barroco Vigo, discoteca situada el la calle Areal, se animó a abrir su sala por la tarde para abastecer la demanda de los adolescentes y "darle vida a las nuevas generaciones". Empujada por la pérdida de público adulto tras las restricciones de la pandemia, Estévez identificó esta oportunidad para compensar las pérdidas. "No nos preocupa el alcohol. Si vemos que una persona no viene en condiciones o ya ha bebido, no la dejamos pasar. Nuestros porteros registran los bolsos y las mochilas para comprobar que se cumplen las normas.", asegura la propietaria. Explica que abrir en horario de tarde ha sido una gran decisión porque hay demanda. Empezó en julio y se plantea abrir con más frecuencia: "Abrimos los viernes por la tarde, cerramos, limpiamos y dejamos listas las instalaciones para la sesión de los adultos de la noche", matiza.
Y es que, tras las limitaciones de la crisis sanitaria, la juventud viguesa es la que está impulsando el ocio nocturno vigués. El grupo más adulto todavía no se anima lo suficiente para arrebatarles el puesto. En consecuencia, algunos locales se ven obligados a reconsiderar su oferta y sus rutinas para atraer este consumo. Estévez asegura que los padres de los clientes están muy contentos: "Me contactan ellos directamente para comprar las entradas", explica.
Conviene no descuidar que los jóvenes que ahora salen por primera vez con dieciocho años, en situaciones normales salían con dieciséis. Las restricciones de la pandemia hicieron mella en buena parte de la generación Z. Las discotecas de tarde son una buena opción para adentrarse progresivamente al discotequeo de la noche. Es un fenómeno que vuelve a resurgir gracias al espíritu de los más jóvenes, para los que el baile sigue siendo una atractiva alternativa de ocio y disfrute.
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