La leucemia, un relato contado en primera persona
Rosiña Carpintero, residente en Vigo, escribió “Rosiliencia” basada en sus vivencias ante la dura enfermedad los últimos cuatro años
Sufrir la enfermedad de la leucemia es un proceso largo y doloroso. A veces, una incógnita para aquel que la padece. Por ello, la ourensana de Carballiño pero residente en Vigo, Rosiña Carpintero, quiso documentar su calvario para arrojar luz a personas que vayan a pasar por su misma situación. Sus pensamientos, su rutina y sus cuidados, todo escrito con papel y boli. Cuatro años de lucha con la vista puesta hacia adelante, con altos y bajos, sola y en compañía de sus seres queridos. Todo ello se plasmó en “Rosiliencia”, su debut como escritora y que presentará el próximo viernes, 24 de abril, en el hotel NH Collection.
Diplomada en Ciencias Empresariales por la Universidad de Vigo y madre de tres niños, un viernes de febrero de 2022 se empezó a encontrar mal. Muy cansada y mareada. Acudió a Urgencias, pensando que simplemente era un mareo puntual y que volvería a casa. En la primera exploración médica, le comunicaron que tenía el oído taponado. Error. Al día siguiente, el malestar se acentuó y llegaron los vómitos y las preocupaciones. “Ese mismo momento volví y me hicieron una analítica. Ahí ya empezaron a ver que no estaba bien la cosa, que la sangre no funcionaba correctamente”, aseguró. El martes, tras varias pruebas, le diagnosticaron junto a su familia que padecía leucemia aguda, con solo 38 años. Un tipo de cáncer en la sangre muy agresivo. “No sabía qué era eso, pero necesitaba un trasplante urgente de médula ósea. La médica me dijo que no viese estadísticas de supervivencia”, afirmó.
Empezó a escribir en el hospital, como algo rutinario. Por ordenar los pensamientos y ocupar tiempo muerto. Y con los ánimos de su padre y su familia, que estuvieron a su lado cada día. “Mi padre me decía que lo escribiese todo, como cuando era pequeña. Que igual le podría ayudar a más personas que pasen por mi misma situación”, relató. Después del trasplante, volvió a casa, y continuó escribiendo mientras se recuperaba en la cama y acudía regularmente a duras sesiones de quimio.
A los cuatro meses, recayó. Necesitaba encontrar otro donante, algo no tan sencillo. El primer intento con un paciente, resultó que el donante se echó para atrás al recuperarse de su enfermedad. El segundo intento fue con su padre, pero un problema de próstata lo descartaba. Así, hasta cuatro tentativas fallidas. “No me podía quedar así. fueron momentos durísimos, donde no era consciente de dónde o cómo estaba. De lo que sucedía a mi alrededor”, señaló. Reconoce que, en esos momentos de quimio, pinchazos y pastillas mientras no aparecía un donante, lo peor fue para su familia, sin poder aceptar que una terrible noticia podría llegar tarde o temprano. Y en ese calvario, Rosiña siguió escribiendo sobre la soledad. Sobre la amabilidad de las enfermeras del Cunqueiro, siempre con cariño y acompañándola cuando lloraba porque estaba de bajón. Ahora, la enfermedad remitió, aunque “nunca se va del todo. Al menos no uno tan agresivo como el mío". Rosiña vive el día a día, con ciertas secuelas y sabiendo que no está curada. Que todo puede cambiar.
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