Juan Vilches: “Ver a niños heridos, ancianos alcanzados por los bombardeos o a un soldado joven mutilado es algo que no se digiere”
Médico intensivista y cooperante internacional
Juan Vilches (Cádiz, 1992) es médico intensivista en la UCI de un hospital de Parla y en el Summa 112, pero tiene también una amplia trayectoria como “médico de guerra”. Sus padres y su hermano pequeño viven actualmente en Vigo por motivos de trabajo. El pasado viernes se desplazó a la ciudad para dar una charla en el Centro de Estudios Superiores Aloya organizada por el Club Gamboa.
¿Cómo se hizo médico de guerra?
Me especialicé en Medicina Intensiva en el Hospital Reina Sofía de Córdoba, fue un proceso algo accidentado porque coincidió con la pandemia. Después de eso, decidí que quería dedicarme a emergencias y desastres internacionales, por lo que desde el final de mi especialización comencé a solicitar mi ingreso en distintas ONG.
¿Cuál fue la primera misión?
En noviembre de 2022, la ONG italiana llamada Emergency me ofreció mi primera misión: cinco meses en un centro de Traumatología de Kabul, en Afganistán. Hacía un año que los talibanes habían recuperado el poder e instaurado un emirato tremendamente restrictivo con las mujeres como ya sucedió en los años 90. Como entonces, el poder se lo disputaban entre distintos grupos armados y señores de la guerra. Aunque los talibanes ostentan el poder, para cuando yo estuve distintos grupos armados como Daesh llevaban a cabo ataques terroristas para intentar desestabilizar el gobierno y controlar Afganistán. Mi hospital recibió muchos de esos pacientes heridos en los atentados.
¿Volvió a Afganistán?
Repetí la experiencia en una segunda misión en Kabul desde octubre de 2023 hasta marzo de 2024. En esos diez meses en Kabul nuestro hospital atendió múltiples víctimas de atentados terroristas, heridos de arma de fuego, minas antipersona y explosiones.
¿Qué fue lo más duro?
Lo más duro en estos entornos siempre fueron los niños. Muchos de ellos juegan con las minas antipersona que dejaron los Estados Unidos porque no saben lo que son. Atendí muchos niños con heridas graves por la metralla, además de niños de determinada etnia (los Azahara, que sufren una importante discriminación racial y religiosa) heridos de bala, en ocasiones en la cabeza.
¿Cuáles son las heridas más complicadas?
A nivel médico, el tipo de herida más complejo que existe es la producida por mina antipersona. La razón es que combina dos formas de daño: por un lado, una herida penetrante de un material altamente contaminado y, por otra parte, la lesión de un gran quemado, con pérdida de piel y partes blandas que dificulta el manejo de estos pacientes. Trabajar con los afganos fue una experiencia preciosa. Jamás he conocido a personas con tanta entereza y fortaleza.
¿Estuvo en el Mediterráneo?
Entre la primera y la segunda misión en Kabul, estuve en una misión de un mes rescatando pateras en el mar Mediterráneo con la misma ONG. Sacamos de agua a familias enteras que venían huyendo de la discriminación, el hambre y la guerra. A nivel médico fue sencillo: quemaduras por el combustible de sus lanchas (mezclado con el agua salada es muy corrosivo), deshidratación, mareos, sarna... Además de patologías crónicas de personas mayores que había que controlar. Los llevamos a todos a puerto seguro en Italia.
¿Cómo le fue en Ucrania?
Después de estas tres misiones con Emergency, en enero de 2025, tras haber trabajado en Madrid unos meses, me ofrecieron trabajar en evacuación médica de soldados y civiles de la guerra de Ucrania. En esta ocasión me lo solicitó la ONG alemana llamada Cadus. Trabajamos en Dnipro, Sumy (cerca de Kursk) y Slovyanks (en la zona del Dombás). Trabajé aquí durante un total de tres meses y medio. Nuestra misión consistió en evacuar pacientes desde hospitales del este (muy cerca del frente) hacia el oeste para descargar de trabajo a los hospitales cercanos a la guerra y que pudieran seguir recibiendo heridos. Algunos pacientes estaban estables, otros se encontraban en malas condiciones y debíamos estabilizarlos de camino.
¿No teme por su vida?
La seguridad es un tema recurrente a tener en cuenta en estos sitios. En Afganistán éramos objetivo del Daesh, pues suelen atacar a personal internacional para demostrar a la comunidad internacional que los talibanes no pueden hacer un gobierno serio y seguro. En el Mediterráneo nos rondaba Frontex y en Ucrania no se respeta a las unidades sanitarias como recoge el derecho internacional. Cada organización tiene sus protocolos de seguridad para saber qué hacer en cada situación. Han sido muchas las noches en Ucrania que hemos dormido en el refugio por los ataques de los drones o que nos hemos metido en refugios en la calle al activarse la defensa antiaérea. El riesgo cero nunca existe, pero saber lo que uno deber hacer según qué situación, siendo prudente y no dejándote llevar por el pánico suele salir todo bien.
¿Cómo se digiere a nivel psicológico?
No sé si se llega a digerir, lo cual lo veo como algo positivo. El día que no sienta nada al ver a un niño herido, a un anciano alcanzado por los bombardeos o a un soldado joven mutilado, sabré que debo dejarlo, que en algún momento he perdido la humanidad. Se sufre en estos sitios, pero el sufrimiento es parte de la vida. Va a suceder vaya o no vaya a estos sitios, al menos, al ir, uno sabe que ha hecho todo lo posible y eso te ayuda a levantarse cada día y a aceptar nuevas misiones.
Vio la guerra de cerca, ¿qué mensaje daría?
No hace ni 100 años que España estuvo en guerra, entonces éramos nosotros las víctimas de bombardeos. Entonces también hubo migraciones masivas de españoles que fueron acogidos en otros países. Hubo gente que nos apoyó y que nos dio refugio. Cuando veo a heridos afganos o ucranianos o cuando atiendo a migrantes que buscan un lugar seguro donde vivir y prosperar, pienso que solo estoy en el lado privilegiado por la suerte que me ha tocado vivir. Ese ejercicio de empatía rompe fronteras.
¿Vale la pena ser cooperante?
Implica en muchos casos no tener trabajo estable y se pierden otras comodidades y seguridades del día a día. He pasado navidades fuera, me he perdido eventos con mis amigos y familiares, he dejado trabajos en los que me querían. Y aun así, en mi caso, vale la pena, pero no es algo a lo que todo el mundo esté dispuesto a renunciar.
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