Jesús Devesa: "Me hizo mucha ilusión estar entre los diez investigadores más influyentes en mi campo”

Endocrino, referente mundial en hormona de crecimiento

El médico vigués Jesús Devesa.
El médico vigués Jesús Devesa.

El médico vigués Jesús Devesa Múgica acaba de ser reconocido como uno de los diez investigadores más influyentes del mundo en el campo de la hormona de crecimiento. El reconocimiento se produjo en la plataforma norteamericana Scholargps, cuya base de datos incluye a más de 30 millones de académicos e instituciones en más de 200 países. Es endocrino, catedrático jubilado de Fisiología Humana de la USC y director del centro médico Foltra. A su clínica de Teo llegan pacientes de toda España, pero también de Canadá, USA, México, Costa Rica, Panamá, Colombia, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Suecia, Inglaterra, Italia, Suiza, Bulgaria, Polonia, Rumanía, Portugal, Marruecos, Saharauis de Argelia, Australia y Nueva Zelanda. Le llegan casos de todo tipo pero predominan la parálisis cerebral infantil, el ictus, traumatismo craneoencefálico, Alzheimer, Parkinson, arrancamientos braquiales, fracturas y comas. Adora Vigo ("es un paraíso") y el Celta. Hasta hace poco venía los fines de semana para navegar.

¿Qué supuso este reconocimiento?

Fue una gran sorpresa e ilusión. A lo largo de mi vida he recibido 26 Premios de Investigación, pero sinceramente ninguno me ha hecho tanta ilusión como este reconocimiento.

¿Cómo se interesó por esto?

Mi interés por la hormona de crecimiento se remonta al año 1974 cuando conseguí aislarla de una hipófisis de rata. La idea, en una época en la que no había disponibilidad de esta hormona para el tratamiento de niños con déficit de ella, lo que se traducía en enanismo, era obtenerla a partir de hipófisis de cadáveres para luego administrarla a esos pacientes. De hecho, tras enseñarle a los alumnos cómo se hacía, intenté extraerla en un cementerio a un cadáver, pero el sepulturero me lo impidió. La razón fue que una farmacéutica nórdica tenía comprados a prácticamente todos los sepultureros de España para comercializarla ellos, algo que sí se hizo y que a la larga trajo graves problemas de salud por la contaminación de esas hipófisis con priones (recuerde lo de las vacas locas). Pero a partir de 1985 se consiguió fabricar por ingeniería genética y los problemas desaparecieron. Comencé entonces a estudiar sus acciones, a nivel meramente investigador y fui el primero en el mundo en demostrar que en humanos esa hormona se secretaba siguiendo un ritmo hipotálamo-somatotropo, algo que permitió comprender muchos de los datos tan inexactos que generalmente se obtenían al estudiar si un paciente padecía déficit o no. Tras ello fui también el primero en el mundo en desmontar la idea establecida por un Premio Nobel, años atrás, con relación a cómo se regulaba desde el hipotálamo la secreción fisiológica de esta hormona por las vías adrenérgicas y tras ello establecí, con mi grupo, un nuevo mecanismo de control que aún es vigente. Fui también el primero en tratar a un paciente con muy grave daño cerebral, mi propio hijo mayor, con esta hormona y recuperarle totalmente cuando todos los pronósticos, si vivía, eran fatales. Esto ocurrió en 2002. La idea, en este caso, de utilizarla, me la proporcionó la publicación de un trabajo italiano, en el que se demostraba que la Prolactina, una hormona que procede del mismo gen que la hormona de crecimiento, gen del que ambas divergieron hace diez millones de años, era capaz de aumentar el número de neuronas en el bulbo olfatorio de las ratas lactantes de forma que estas pudiesen diferenciar, y alimentar, a sus crías de las que no lo eran. Ello me llevó a pensar que, si la Prolactina podía aumentar el número de neuronas, la hormona de crecimiento también podría. Por eso no dudé en administrársela a mi hijo y, afortunadamente, acerté.

¿Qué otros hitos logró?

Fui también el primero en el mundo en recuperar, de forma prácticamente total, a cuatro niños, dos españoles, uno polaco y una niña rumana, que padecían un síndrome de regresión caudal y agenesia sacra, lo que los llevaba a que prácticamente desde la cintura hasta los pies no hubiese movilidad, sensibilidad ni control de esfínteres. Eran niños condenados a la amputación a nivel de rodillas (para ejemplo, el joven que presentó con un famoso actor norteamericano el Mundial de Fútbol de Quatar). Y fui también el primero en el mundo en recuperar con la hormona la isquemia crítica de miembro inferior, pacientes condenados a la amputación o a morir. Lo hice en 2009 y posteriormente en 2016 con cirujanos cardiovasculares de Pontevedra, un ensayo clínico del que surgieron 4 importantes publicaciones.

¿Por qué eligió esta línea de investigación?

Pues porque tras las primeras investigaciones, ya en los 70-80, me di cuenta de que estábamos ante algo más que una hormona. De hecho, pienso en ella como una prohormona que dependiendo del tejido en el que actúe lo hace de formas muy diversas. Ello se debe a que en su estructura existen cantidad de zonas sensibles a proteólisis enzimáticas que dan origen a múltiples formas más pequeñas, derivadas de la hormona, con acciones diferentes tejido-específicas. Así lo publicamos varias veces. Por ello, cuando hablamos de la hormona de crecimiento no estamos utilizando un término correcto, en mi opinión, y así lo publiqué, ya que es capaz de: regenerar el hígado cirrótico (no alcohólico), la suprarrenal, los vasos sanguíneos (no venosos), juega un importante papel en el ovario y testículos, regenera el timo convertido en glándula grasa durante el envejecimiento, es una hormona anti-envejecimiento (comprobado biológicamente), y juega un papel clave en la organización y maduración del cerebro fetal; pero es que además es clave a nivel nervioso (central y periférico) induciendo la proliferación de células madre, su diferenciación a neuronas e incluso la migración de estas neuronas a zonas dañadas para sustituir a las perdidas. También esto lo publicamos y fue la tesis doctoral de mi hijo mayor. O sea, una hormona clave, prohormona más bien.

Son casos muy graves, ¿es posible la recuperación?

Lo son por lo general, pero hemos sacado adelante a varios comas, y la mayoría de los casos de parálisis cerebral infantil, ictus y traumas cerebrales. Son más de 15.000 los pacientes tratados ya y creo que con resultados positivos en un 70%. Quizás el caso más difícil que tuvimos fue el de un joven boliviano de 17 años que tuvo un accidente de aviación en el que perdió prácticamente el hemisferio cerebral derecho y un cuarto del izquierdo. Tras 14 meses en coma en su país y con un informe de dos neurocirujanos de la Clínica Mayo norteamericana en el que afirmaban que no había nada que hacer, los padres lo trajeron. Tardamos casi tres años, pero salió del Centro hablando, estudiando de nuevo y andando con la pierna izquierda que por la pérdida del hemisferio derecho no podría mover.

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